Varias generaciones han sido educadas “a punta de rejo”, pero hoy en día es una forma muy mal vista de corregir a los niños pequeños, incluso a los adolescentes.
Criado en un orfanato, lo trataban como animal, pero siempre quiso volver.
En la actualidad, la mejor solución que no es efectiva en todos los casos, es la de hablar y solucionar los problemas con un tono de voz bajo y calmado. Los golpes y gritos pueden causar varios traumas durante el crecimiento de los niños.
Usualmente los menores que han sido golpeados a lo largo de su infancia presentan problemas de salud mental, dificultades de aprendizaje, comportamiento antisocial, y pueden llegar a ser personas desafiantes, no solo con quien los rodea en el colegio, sino con sus padres también.
Estas conclusiones las arrojó una investigación publicada por la revista Psicología Familiar, en las que estudiaron a más de 160.000 niños.
Dicho estudio demostró que los golpes tienen el mismo efecto que los gritos, ambos afectan de manera severa, aunque algunos padres no ven la represión verbal como algo grave.
El reprender a los niños con violencia es una práctica usual en las familias. Varios reportes de la Unicef afirman que cerca del 80% de los padres en el mundo han castigado a sus hijos con violencia física o verbal.
Normalmente los padres que castigan a sus hijos con violencia, son los mismos que en su infancia los educaron con tratos fuertes como gritos o violencia física.
Son varios psicólogos los que recomiendan a los padres guardar la calma en primera instancia y meditar sobre un castigo adecuado para los niños. Nunca tomar el camino de la violencia para educar y demostrarle a los hijos qué está bien o qué está mal.
