Cuando estás ansioso o estresado y te piden que respires profundo, lo hacen porque no estás respirando y lo necesitas para autorregularte.
Por ello la respiración es tan importante, considerando que todo empieza y termina con un aliento.
Por ejemplo, tu primera experiencia empezó con un primer aliento al salir del vientre. Al nacer, lo primero que hicieron fue darte una palmadita para saber si respirabas y eras consciente del entorno.
La conciencia también es importante porque permite darte cuenta de aspectos vitales como la respiración. La pregunta es: ¿Eres consciente de cómo respiras?
Tómate unos minutos, coloca tus manos en tu estómago y cuenta en cuántos segundos estás tomando el aire, y en cuántos segundos lo estás expulsando de tu cuerpo.
Si no eres muy consciente de esta función vital, te sorprenderá notar que casi ni respiras. Seguramente puedes estar tomando tu aire entre dos a tres segundos, y tu exhalación puede estar en este mismo nivel o menor, casi imperceptible.
Para evitarlo, emplea en cada momento la técnica de respiración básica del yoga: respirar profundo por la nariz mientras el abdomen se expande y exhalar profundo por la nariz mientras el abdomen se contrae al máximo.
Empieza desde ya con tres respiraciones para tomar conciencia del aire que entra y sale por tu nariz, así como el efecto que genera en tu abdomen.
Regálate unos instantes más para seguir regulando los efectos de la ansiedad y el estrés:
- Busca una postura cómoda; relaja tus hombros y tu espalda.
- Junta tus palmas de las manos y colócalas a la altura del pecho. Prepárate a sincronizar el ritmo de tu respiración con el movimiento de los brazos, para que empieces a regular la cantidad de aire que entra y sale de tu cuerpo, así como la forma en que lo manejas.
- Toma aire pausadamente mientras vas subiendo tus brazos, de manera que al llegar arriba y juntar tus palmas de las manos, ya hayas tomado todo el aire que necesitas.
- Empieza a bajar tus manos mientras vas sacando el aire muy pausadamente por la nariz, de manera que cuando llegues nuevamente a tu pecho y juntes tus manos, hayas expulsado o exhalado todo el aire.
- Vuelve a inhalar y continúa respirando con el movimiento de los brazos, que al ser armonioso y lento te obliga a tomar mucho aire, y así mismo a expulsarlo despacio.
- Termina con tres respiraciones adicionales sintiéndote más relajado.
