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“Yo estudié con Hugo Chávez”

Rafael Simón Jiménez fue compañero de colegio del presidente de Venezuela. Así recuerda cómo era el ...

Hugo Chávez

Sus compañeros de colegio le decían ‘Tribilín’ porque era flaco, alto y de pies grandes. Un “llanero clásico” de Barinas, así lo recuerda Rafael Simón Jiménez, compañero suyo en el liceo Daniel Florencio O’Leary, y autor del libro Lo nunca antes contado sobre Chávez y el Chavismo.

“En realidad yo era un año mayor y conocí primero a Adán, el hermano de Hugo. Aunque todos éramos de Sabaneta y todo el mundo se conocía ahí. Mi madre había sido maestra del padre de Hugo”, dice Rafael.

Fue en 1965 cuando Rafael conoció a Hugo Chávez. En ese momento el único liceo en Barinas era el Daniel Florencio O’Leary y por eso los estudiantes que quisieran terminar el bachillerato tenían que trasladarse de todas ciudades del estado hasta allí. El papá de Chávez había enviado a su madre, la abuela de Hugo, para que cuidara a sus dos hijos en la capital de Barinas.

Rafael se hizo más cercano a Hugo que a Adán: “era un tipo fundamentalmente sociable, alegre, dicharachero, que como todo buen llanero creció escuchando mitos y leyendas, y que en algún punto no distinguía ya el mito de la realidad. Por otro lado, Adán, quien ahora es el gobernador de Barinas, es ensimismado y mediocre”, cuenta Jiménez.

Adán y Hugo Chávez
Hugo y Adán Chávez, según Rafael Simón, son el agua y el aceite: el primero es “sociable, dicharachero y emotivo”, mientras que su hermano es “ensimismado y mediocre”. 

Es ese estilo llanero el que, según Jiménez, representa Chávez, con sus cuentos y exageraciones que nacieron en medio de las noches en Sabaneta cuando cortaban la luz en la noche y lo único que quedaba era contar historias. “Él es un realista mágico porque no sabe dónde empieza el embuste y con los años esa característica suya tomó otro camino”, afirma su amigo de la infancia que no escatima en hablar ni de las cualidades ni de los defectos de este líder que sus conocidos nunca pensaron ver por 14 años en el poder.

Chávez nunca fue un buen alumno y solo se destacaba en el grupo de teatro. Su profesor de química afirma que nunca aprobó esa materia y que a duras penas se graduó. Tampoco pertenecía a los efervescentes movimientos estudiantiles de los años sesenta. Rafael Simón, por el contrario, era uno de los líderes del movimiento comunista en el liceo al cual jamás vio a Chávez acercarse.

“Su sueño era ser pitcher. Amaba el béisbol y su mayor ídolo en la vida era Néstor Isaías ‘Látigo’ Chávez, un lanzador zurdo, como Hugo, que murió joven en un accidente de avión. Él visitaba su tumba constantemente para prometerle que sería su reemplazo”.

Sin embargo, esta apatía política cambió de manera radical, como dice Jiménez, cuando Chávez entró a la academia militar y algunos de sus superiores le impartieron la visión de Bolívar “más como un Dios que como un libertador de carne y hueso”.

“Cuando se decidió por la política fue a despedirse de “Látigo” para decirle que su sueño ahora sería la conquista de la patria y ya no del béisbol”.

Hugo Chávez y sus padres
Hugo Chavéz con su madre, Elena Frías, y su padre, Hugo de los Reyes Chávez, cuando se encontraba en la academia militar.

A los pocos años Rafael estaba caminando por un andén de Sabaneta. Un auto se detuvo a su lado y era Hugo Chávez, quien al reconocer a Rafael le dijo “quiubo, mi hermano”, y le dio un fuerte abrazo. Chávez le contó que era teniente y añadió: “Antes del 2000 seré general y tú verás el vaivén que haré después en este país”.

“Eso ocurrió en el 75. Ya Chávez andaba contándoles sus planes a muchos conocidos, pero en realidad todos pensábamos que era una locura y no le creíamos. Desde su cargo como subteniente comenzó a proponerle a alguno de sus compañeros que hicieran un golpe de estado”.

Unos años después, cuando Rafael pertenecía al MAS (Movimiento al Socialismo), se volvería a encontrar a Chávez en Barinas. “Estaba pegando propaganda de José Vicente Rangel y Hugo pasaba por ahí con otro subteniente. Se detuvieron a ayudarme a pegar los posters aunque pertenecieran al Ejército. Después, cuando él estaba en la cárcel, fui a visitarlo y allá el contaba como un gran momento del gloria el día en el que pegamos esa propaganda”.

Al Chávez sociable y amiguero del liceo le gustaba beber licor, bailar y tocar el cuatro y las maracas. Por eso además de un simple cambio físico con su aumento de peso, para Jiménez, Chávez es otra persona que comenzó a “creerse no solo el salvador de su país, sino del mundo” y por eso escondía su adicción al cigarrillo y se opuso al consumo de alcohol, aunque él mismo lo tomaba socialmente antes de su último mandato.

En el momento en el que Chávez asumió el poder, Rafael fue viceministro del Interior y Justicia de su gobierno, sin embargo rompió su amistad y alianza política desde el período del 2002, en donde dice que Chávez estaba totalmente obnubilado por el poder.

Rafael Simón Jiménez
Rafael Simón conoció a Chávez en el año 65 y fue su amigo hasta el 2002, cuando rompió sus lazos políticos y de amistad porque según él “Hugo ya no era el mismo y estaba obnubilado por el poder por encima de los derechos civiles”. 

“Ellos creen que estás con ellos o en contra de ellos, así que supongo que por eso ya no somos amigos. Sin embargo, nunca podría decir que él ha despotricado de mí y me respeta, algo raro porque sí le ha hecho la guerra a muchos de sus ex conocidos”.

Para Rafael, el Chávez de hoy dista mucho del conoció en su juventud. En su libro anota lo siguiente: “hoy cuando soy opositor consecuente e irreconciliable de su desastroso gobierno, que nadie podía objetivamente prever que aquel militar, que había irrumpido por vías ilegales pretendiendo tomar el poder mediante un golpe de mano, pero que luego hizo reiteradas promesas de fe democráticas y levanto un programa de cambios y reformas que preservaban los derechos y libertades de los venezolanos, pudiera terminar degradando las instituciones y derechos ciudadanos, y pretendiendo eternizarse en el poder”.

Ahora a sus 60 años, después de una extensa carrera política, y de años de conocer a Chávez, Rafael está seguro de entender bien las intenciones del mandatario antes de su último viaje a la Habana. Asegura que Chávez pensaba imponer a Maduro como su sucesor, pero jamás pensó que no iba a salir bien de la operación: “lo que pretendía era seguir en el poder dejando a Maduro como su ‘títere’, imitando lo que hizo su gran amigo Fidel Castro con su hermano Raúl.”

Con respecto a la posesión del mandatario, Rafael dice que la falta de respeto por la situación del país le demuestra que ya no conoce al Chávez de ahora, al ‘Tribilín’ que veía como un tipo sencillo, alegre, gracioso cuya máxima ambición era ser el mejor pitcher zurdo de su país.

 

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