La movilidad diaria de Bogotá depende en gran medida de desplazamientos largos, repetidos y encadenados entre localidades como Bosa, Kennedy, Suba y Engativá y corredores troncales estratégicos como Caracas, NQS y El Dorado. Así lo evidencia un estudio que analizó millones de validaciones de la tarjeta Tullave, permitiendo observar los flujos reales del sistema con un nivel de detalle que hasta ahora no había sido posible.
El análisis, desarrollado por Juan Felipe Alayón Martínez, magíster en Física de la Universidad Nacional de Colombia, utilizó miles de millones de registros de validación realizados entre julio de 2023 y junio de 2025. Cada validación registra la hora y el lugar exactos del ingreso al sistema, lo que permitió reconstruir cadenas completas de viaje y entender cómo se repiten los recorridos en el tiempo.
Viajes largos y transbordos frecuentes sostienen el sistema
Uno de los hallazgos centrales es que los viajes largos no son casos aislados ni situaciones ocasionales. Según el investigador, estos recorridos “se repiten con una estabilidad notable en el tiempo, incluso cuando hay cambios en rutas, ajustes tarifarios u obras en los principales corredores”. Esto explicaría por qué ciertas troncales soportan una presión constante que va más allá de problemas operativos puntuales.
El estudio también identificó trayectos diarios compuestos por hasta seis segmentos distintos, reflejando que la movilidad cotidiana no se limita a ir de la casa al trabajo. Al menos el 20 % de las validaciones corresponden a transbordos, concentrados en nodos clave como la avenida Caracas, la NQS, la troncal de Las Américas y portales que conectan zonas periféricas.
Este patrón muestra una alta dependencia de pocos corredores. Aunque el sistema combina rutas zonales, alimentadoras y troncales, gran parte de los desplazamientos termina concentrándose en los mismos ejes, lo que explica por qué una interrupción puntual puede afectar la movilidad de amplias zonas de la ciudad.
Datos reales abren nuevas posibilidades para planear el transporte
El estudio aplicó modelos de física estadística y teoría de redes para analizar los flujos colectivos de millones de trayectos y generar mapas de calor que evidencian concentraciones, nodos de transbordo y dependencias entre corredores. Este enfoque permite superar las limitaciones de las encuestas tradicionales de origen y destino, que se aplican cada varios años y dependen de lo que los usuarios recuerdan de sus recorridos.
El análisis también reveló vacíos en la información disponible. Muchos buses alimentadores no registran validaciones y en varios portales no se cobra el pasaje, lo que implica que miles de viajes diarios no quedan reflejados en las bases oficiales y podría llevar a subestimar la demanda real en sectores periféricos.
Para entidades como la Secretaría Distrital de Movilidad, TransMilenio y la Empresa Metro de Bogotá, trabajar con datos continuos permitiría distinguir entre flujos estructurales y coyunturales, un factor clave para definir en qué zonas tendría mayor impacto una nueva troncal o una línea férrea.
Ciudades como Londres o Singapur ya utilizan sistemáticamente datos de tarjetas inteligentes para planear y evaluar sus sistemas de transporte. En Bogotá, pese a contar con millones de registros diarios, este tipo de análisis apenas empieza a consolidarse.
El investigador concluye que comprender cómo se mueven realmente los bogotanos implica dejar de observar solo la congestión visible y analizar los flujos largos y repetidos que sostienen el sistema. Los datos ya existen, el desafío ahora es convertir esa evidencia en una herramienta central para planear el transporte de una ciudad cuya movilidad cotidiana es más compleja y extensa de lo que se creía.
