La inflación anual con la que Colombia cerró 2025 fue de 5,10%, según el DANE. El registro quedó 0,10 puntos porcentuales por debajo del cierre de 2024 (5,20%). En diciembre, la variación mensual del IPC fue de 0,27%.
El dato general y lo que explica el año
El DANE atribuyó buena parte del comportamiento anual a dos divisiones con peso alto en el gasto de los hogares: Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles y Alimentos y bebidas no alcohólicas.
Por divisiones, la mayor variación anual la registró Restaurantes y hoteles con 7,91%, seguida por Educación con 7,36%. En el otro extremo, Información y comunicación fue la menor, con 1,22%.
En el detalle por subclases, las mayores contribuciones al resultado anual vinieron de rubros ligados a vivienda y consumo fuera del hogar: arriendo imputado (0,65 puntos porcentuales), comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio (0,60) y arriendo efectivo (0,49). Entre las menores contribuciones aparecieron papas (-0,11), electricidad (-0,09) y arroz (-0,07).
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Diciembre: qué subió, qué bajó
En la lectura mensual, el DANE señaló que el 0,27% de diciembre se explicó principalmente por Restaurantes y hoteles y Transporte. Las mayores variaciones por división fueron Restaurantes y hoteles (1,24%) y Recreación y cultura (1,04%).
El contraste lo puso Alimentos y bebidas no alcohólicas, que tuvo una variación mensual de -0,11%. Allí se registraron caídas marcadas en zanahoria (-14,47%), cebolla (-6,99%) y frutas frescas (-4,36%), aunque también hubo alzas como tomate (13,88%), papas (4,69%) y plátanos (3,52%).
Qué mirar hacia 2026
Con la inflación anual en 5,10%, el dato deja una pista práctica para el arranque de 2026: la presión no viene solo de productos puntuales, sino de rubros con alta presencia en el gasto mensual. En el cierre de 2025, las mayores contribuciones al resultado anual estuvieron asociadas a arriendos (tanto arriendo imputado como arriendo efectivo) y al gasto en comidas fuera del hogar. Eso importa porque esos precios suelen moverse con ajustes periódicos y tienden a bajar más lento cuando el resto de la canasta se modera.
La implicación más directa es la indexación. Muchos contratos y cobros se actualizan tomando como referencia el IPC de cierre, total o parcialmente. No significa que todo suba 5,10% de inmediato, pero sí que el número funciona como “piso” para varios reajustes que se ven desde enero y se sienten en pagos recurrentes: vivienda, servicios asociados al hogar y, en general, parte del gasto de servicios. Si la inflación se concentra en componentes que son difíciles de “desinflar” rápido, la percepción de costo de vida puede quedar por encima de lo que sugiere la cifra anual.
El segundo punto es el pulso entre servicios, alimentos y regulados. Diciembre cerró con una caída en alimentos (-0,11% mensual), pero con aumentos fuertes en restaurantes y hoteles (1,24%) y movimientos relevantes en transporte. Ese contraste es clave para 2026: si alimentos siguen ayudando pero los servicios mantienen inercia, la desaceleración puede avanzar, aunque a un ritmo más lento y menos visible en el bolsillo.
Por último, está la lectura de expectativas. Un 5,10% es una mejora frente a 2024, pero todavía queda por encima del rango meta del Banco de la República. En términos de política económica, el detalle por divisiones y subclases ayuda a responder una pregunta concreta: si la inflación que queda es la más “pegajosa” (arriendos y servicios), el ajuste hacia niveles más bajos puede tomar más tiempo y condicionar decisiones sobre tasas y costos financieros durante 2026.
