La historia tras ‘Usme, los rastros de la guerra’, ganador del PNPD

Publicado por: juan.sacristan el Mar, 08/12/2020 - 14:16
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Carlos Alberto Mayorga, director del especial multimedia ‘Usme, los rastros de la guerra’, ganador del PNPD, cuenta cómo fue realizar la investigación.
Carlos Alberto Mayorga PNPD

Poco recuerdan los colombianos lo cerca que estuvo el conflicto armado con la guerrilla de las FARC-EP de Bogotá. Por poco más de una década, las localidades capitalinas de Sumapaz y Usme fueron el escenario de al menos dos masacres y un proceso político de los insurgentes que dejó en los habitantes del sur de la ciudad el recuerdo de la guerra.

Para apoyar a la memoria de ese episodio y reivindicar a las víctimas del conflicto en esa zona del país, un grupo de estudiantes y periodistas de la Unidad Investigativa del Politécnico Gran Colombiano investigó los hechos por casi medio año, para poder aportar a la reconstrucción de la historia.

De ese trabajo surgió el reportaje ‘Usme, tras los rastros de la guerra’, que fue galardonado con el Xilópalo del Premio Nacional de Periodismo Digital KienyKe.com el pasado 2 de diciembre como el ganador de la categoría especial multimedia.

USTA

La historia detrás de la historia

“La idea surge a partir de no tratar de minimizar el conflicto armado. Normalmente se fija el conflicto armado en zonas rurales, en zonas agrarias, que si bien fue en donde tuvo grandes estruendos, no se puede desconocer que en las grandes capitales hubo conflicto armado”, contó el periodista y director de la investigación Carlos Alberto Mayorga.

El primer punto fue Sumapaz, donde actualmente se desarrolla un Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) por parte de la Alcaldía. Sin embargo, esa zona no respondía a la intención de la investigación que buscaban los periodistas por ser netamente rural. Entonces se fijaron en la localidad vecina, Usme, el territorio de la ciudad que se debate entre lo rural y lo urbano.

El grupo de periodistas inició en mayo de 2019 a plantear la idea y desarrollar la investigación. La primera tarea fue una exhaustiva revisión de prensa, a través de la cual lograron establecer que se había evidenciado la presencia guerrillera en la zona y su posterior repliegue en el periodo entre 1990 y 2003. El trabajo concluyó seis meses después, exactamente el 20 de noviembre, cuando lo publicaron.

Con las notas de prensa de la época identificaron el nombre del alcalde y el militar a cargo en el momento. También encontraron las dos masacres contra la población, otra contra los miembros del CTI y, con ayuda de las organizaciones de víctimas, hallaron a una sobreviviente y familiares de las víctimas.

Con esa información iniciaron las visitas a Usme, donde se encontraron con varias dificultades que lograron sortear para reconstruir la historia. La primera de ellas fue la dificultad para recopilar los testimonios, pues la gente, como en la mayoría del territorio, teme hablar de guerra y violencia.

“Yo creo que no se ha podido subsanar. Eso que hemos visto a lo largo del territorio nacional se ve reflejado en la centralidad: no hay que ir muy lejos para ver que la gente no tiene confianza, todavía no se ha podido construir plenamente todo el dolor, no se ha podido sanar. Entonces la gente todavía desconfía porque no ve las garantías con las cuales, con plenitud, cualquier persona podría decir: ‘ya no hay conflicto, ya no va a haber actores armados’, porque ni siquiera con la desmovilización de las FARC se cumple la paz”, explica Mayorga.

Como lo exponen en el reportaje, los periodistas se percataron en la reportería que las personas sentían temor porque varios de ellos se habían visto involucrados de diferentes formas con la guerrilla en esa época. La insurgencia se instaló en la zona con el fin de construir un brazo social que fuera receptor, posteriormente, del grupo armado, para tener un apoyo desde la base social cuando se cumpliera el objetivo de una insurrección popular, pero nunca lograron esa meta.

“Entonces ellos temen por eso, porque decían 'uno no sabe plenamente qué persona podría estar relacionada con las FARC en su momento y nada impide que, en este panorama tan incierto en el cual están asesinando muchos miembros de las FARC, vuelva a haber un rearme'. Cuando estábamos haciendo esta investigación se dio el rearme de las FARC, entonces la gente decía 'no conviene, no conviene lo que te diga, no me cites'. La poca gente que sale en cámara es la que tiene alguna representación dentro de la comunidad, a quienes las FARC respetó en su momento”, señaló Mayorga.

Los reporteros, en el afán de la exactitud de los datos y una promesa hecha a una de las víctimas que entrevistaron, intentaron llegar a los lugares exactos donde ocurrieron las masacres con base en la información que les daba la comunidad, pero se encontraron con una advertencia común en los territorios golpeados por la violencia: “tengan cuidado en los lugares a donde van, porque aquí a la gente no le gusta mucho que estén haciendo preguntas”

En una de esas visitas a los lugares más alejados de lo urbano en Usme, se encontraron con un cambuche de hombres con fusiles. No lograron identificar si se trataba de militares, pues los vieron tan informales y desaliñados que dudaron que fueran miembros del Ejército. Vestían camisetas informales y parecía como si hace mucho tiempo no los visitara el comandante. Los periodistas les hicieron una señal de saludo cordial y continuaron su camino.

Otro de los puntos más complejos de la investigación fue el contacto con las sobrevivientes de las masacres y los hechos más graves de la violencia, porque “tratar con víctimas siempre es un tema muy doloroso”, dice Mayorga. Por eso en el reportaje buscaron una forma de contar los hechos reivindicando a las víctimas y tratando de devolverles tanto como ellas les habían dado con su testimonio.

“Hablar con la sobreviviente de la masacre del 26 de noviembre le daba muy duro a ella. Para nosotros es muy difícil llegar y coger a una víctima y usarla, porque de alguna manera muchos trabajos periodísticos las toman y las dejan. Intentamos romper esa lógica para construir algo más allá de lo que es la relación entrevistador-entrevistado, pero no solamente usándola sino sabiéndose afectar, volver a preguntar y saber cómo está, haciendo un seguimiento, en el que uno termina atravesándose a sí mismo por el dolor”, cuenta Mayorga.

También participa en el especial multimedia el exjefe guerrillero y firmante del Acuerdo de Paz Julián Cubillos, conocido como Carlos Antonio Lozada. Con él la entrevista fue compleja desde poder lograr el contacto hasta la conversación, porque se protegió debido a que considera que quien debe conocer los datos exactos es la Jurisdicción Especial para la Paz, ante la cual comparece actualmente. Sin embargo, su testimonio les permitió contrastar algunos datos que habían recaudado en la investigación.

“En estos trabajos de memoria del conflicto es muy osado decir que uno va a encontrar la verdad plena. Son los mismos ejercicios que hace la Comisión de la Verdad: intentar poner varias partes en conjunto, pero que finalmente sea el lector quien termine entendiendo el papel del conflicto y que sea un insumo. No pretendemos que sea plenamente la verdad, hay demasiados matices, pero es contarlo y contrastarlo con otras fuentes”, explica Mayorga.

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Los reconocimientos y aportes

Para el equipo de periodistas que construyó el especial multimedia —Carlos Antonio Mayorga Alejo, Juliana Castellanos, Jefferson Ramírez, Natalia Lancheros, Julieth Casas, Daniela Moscoso, Daniel Morales, Manuel Matamoros y Vanessa Martínez—, más que los reconocimientos a su trabajo, lo que los llena de orgullo sobre su investigación es el aporte a la verdad, a la reconstrucción del conflicto y la reivindicación de las víctimas.

Tras la publicación, la directora de la Unidad Investigativa del Politécnico Grancolombiano recibió la llamada de una funcionaria de la Comisión de la Verdad que le expresó que el organismo estaba interesado en recibir esa información como insumo para su loable labor. Tenían toda la disposición de entregar los archivos de la investigación, pero la directora olvidó guardar el número y fue imposible volver a encontrar a la persona por los cambios de personal en la comisión.

Fue después de un tiempo que Mayorga, por sus contactos adquiridos en el trabajo recurrente sobre conflicto y víctimas, le propuso al coordinador de la seccional Suacha, Ciudad Bolívar y Sumapaz entregar el proyecto a la Comisión de la Verdad. La pandemia retrasó las reuniones, pero finalmente lograron aportar a ese extenso propósito de contar la guerra nacional de las últimas décadas.

El evento dejó para Mayorga y el equipo un hecho memorable. Un miembro del brazo político de las FARC que les pidió no mostrar el rostro ni el nombre y les dio muchos datos verídicos que pudieron contrastar con otras fuentes, decidió participar sin la protección de incógnito. Fue Carlos quien lo convenció de aportar su rostro mientras aporta verdad y responsabilidad y allí, en la entrega del informe a la Comisión de la Verdad, decidió revelar su identidad.

El Premio Nacional de Periodismo Digital

Las buenas y malas noticias llegan sin esperarlo. Mayorga creía que no había ganado porque no había recibido ninguna información del Premio Nacional de Periodismo Digital KienyKe.com desde la postulación.

Estaba trabajando en un texto para el portal Verdad Abierta, que apoyó la difusión de Usme, los rastros de la guerra, cuando se activó un pop up del correo en la que alcanzó a leer la dirección del Festival de los Sentidos y la palabra “felicitaciones”. Entró emocionado a leer el mail que le anunciaba como uno de los finalistas y lo invitaba a la ceremonia de premiación, donde finalmente conoció que el trabajo de su equipo había sido merecedor del Xilópalo.

“Lo más satisfactorio es que se visibilice el trabajo. Las mismas víctimas van a ser más visibles y podrán aportar en los ejercicios de reconocimiento y reparación. El hecho del conflicto, la verdad, y que se está reconociendo el trabajo a los jóvenes periodistas y centros académicos en el Premio Nacional de Periodismo Digital KienyKe.com es una gran labor”, afirma Mayorga.

Él, que es un convencido de que todo se puede narrar de maneras mucho más ricas, con nuevas narrativas que permitan democratizar la información y la memoria, quedó encantado en la ceremonia con el ganador en la categoría de reportaje “Tras el oro turbio”, de la periodista Olga Patricia Rendón Marulanda y la contactó para hablar de nuevos proyectos.

“Estos ejercicios visibilizan problemas y permiten que la gente pueda conectar con otros, agradezco que le den el espacio a las víctimas y al periodismo joven. Muchas gracias”, concluye el periodista.

La Casa de Contenidos K y KienyKe.com reitera sus felicitaciones a los periodistas Carlos Antonio Mayorga Alejo, Juliana Castellanos, Jefferson Ramírez, Natalia Lancheros, Julieth Casas, Daniela Moscoso, Daniel Morales, Manuel Matamoros y Vanessa Martínez, y a la Unidad Investigativa del Politécnico Grancolombiano.

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