Ana Páez: una madre víctima de falsos positivos que sigue buscando verdad

Mar, 18/07/2023 - 12:14
Ana Páez es una de las madres de los jóvenes que desaparecieron en el municipio de Soacha en el 2008, en los denominados falsos positivos. Esta es la historia de su hijo.
Créditos:
'Hijos de la Guerra' - Kienyke.com

Lograr conseguir la historia de una las madres víctimas de los falsos positivos no era tarea sencilla, su historia se ha instrumentalizado en diferentes escenarios y la revictimización no ha sido ajena a ellas. 

Por otro lado, teníamos conocimiento que la seguridad de las señoras en los últimos años, se había visto afectada por amenazas, por lo que todo dificultaba aún más la solicitud de una entrevista; no obstante nos comunicamos con una de ellas:

- Kienyke: “¿Aló? Buenas tardes ¿Hablo con la señora Ana Páez?”

- Aná Páez: ¿Aló? ¿Quién habla? No, no señor está equivocado.

Kienyke: “Señora Ana Páez, la llamamos de Kienyke.com, no nos cuelgue por favor, queremos solicitar una entrevista para que nos cuente la historia de su hijo”.

Del otro lado de la llamada hubo un silencio. Después de explicarle todo lo que trata este programa llamado ‘Hijos de la Guerra’ y de haberle asegurado más de cinco veces que podía tener la libertad de decir lo que quisiera, accedió:

“Vea hijo, yo normalmente me cambio de nombre y no respondo llamadas de desconocidos por temas de seguridad. Usted sabe. Nosotras no acostumbramos a dar entrevistas porque la prensa quiere escuchar lo que quiere y nos cambia lo que decimos, pero si usted me asegura que puedo hablar sin censura, yo le cuento la historia de mi hijo”, nos dijo Ana Páez aún por llamada.

La cita era en el cementerio de Bosa Piamonte, lugar en el que reposa el cuerpo de su hijo. Nos vimos a las afueras del mausoleo y nos presentamos, ella es una señora de aproximadamente 65 años de edad. 

“Un gusto, Ana Páez”, fue su saludo un poco escueto y con la mirada hacia el piso. Ella llevaba en sus brazos un adorno de flores para llevárselo a la tumba de su hijo.

“Los cité aquí porque me parece importante que la historia empiece por donde para mí, terminó la búsqueda de mi hijo. Aquí descansa Eduardo”, nos explicó la señora Ana.

Después de arreglar la tumba de su hijo, limpiarla, ponerle agua y servir las flores, la señora Ana empieza a contarnos cómo fue el traslado del cuerpo de hijo desde Cimitarra, Santander, a Bogotá.

Conozca la historia de Eduardo Garzón Páez, uno de los jóvenes presentados como falso positivo:

Las botas al revés y el camuflado sin sangre: la repatriación del cuerpo su hijo

“Yo llego a Cimitarra a Santander sin entender nada, no sabía por qué mi hijo se encontraba en este lugar, sabiendo que vivíamos en Bogotá. Me ponen al frente de un computador para hacer el reconocimiento del cuerpo y efectivamente era él. Me dicen que murió en medio de un combate con el Ejército Nacional ya que era guerrillero. Apenas escucho eso yo me desmayé”, es el inicio del relato de Ana Páez, madre de Eduardo Garzón Páez, desaparecido en Soacha el 4 de marzo de 2008 y encontrado por ella misma el 28 de agosto.

Y es que el caso de Ana Páez es el de los 19 jóvenes que desaparecieron ese mismo año 2008 sin dejar rastro. Solo meses después estalló la bomba mediática en la que había un modus operandi desde el Ejército Nacional para asesinar civiles y hacerlos pasar como miembros pertenecientes a grupos guerrilleros.

“Yo me volví loca en ese pueblo, me decían que no me iban a entregar el cuerpo de mi hijo porque llevaba mucho tiempo enterrado y por los olores, inmediatamente les dije que no me iba a devolver sin llevármelo a él. Así fue como el sepulturero me lo entregó a las 10 de la noche, tuve que pagar 300 mil pesos. Cuando me sacaron a mi niño del cajón, debajo de su cabeza tenía el camuflado que le habían puesto, que por cierto no tenía ni sangre y tenía puestas las dichosas botas al revés. Vi sus entradas, su barbita tipo candado. Era mi hijo, si era mi hijo".

La señora Ana se trajo en un carro fúnebre el cuerpo de su hijo, durante seis horas acompañada de su yerno condujo por 280 kilómetros a Bogotá. Tras llegar a la capital y darle santo descanso, un periodista la contactó y le mencionó que su historia estaba siendo repetida con uno jóvenes que habían desaparecido extrañamente en Soacha.

"Finalmente dejé de buscar el cuerpo de mi hijo pero inicié mi mayor lucha: la de la justicia y demostrar que no era guerrillero".

Salimos del cementerio rumbo a su casa, vive en Soacha aunque ha cambiado durante estos 15 años varias veces de residencia por todo Bogotá. Ella dice: "No sé porque termino volviendo donde empezó mi martirio". 

A la salida la esperan dos personas de civil que hacen parte de Unidad Nacional de Protección (UNP) en una camioneta blindada. continuamos nuestra entrevista desde su apartamento.

Ana Páez: una madre víctima de falsos positivos que sigue buscando verdad
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'Hijos de la Guerra' - Kienyke.com

La hora cero: la desaparición y la última charla

La historia de la señora Ana Páez, es la historia de miles de mujeres madres cabeza de hogar, desde muy joven quedó viuda teniendo en sus hombros la responsabilidad de cuatro hijos: tres hombres y una mujer, pues su esposo falleció a causa de una enfermedad terminal.

"Yo apenas quedé embarazada de Eduardo, rogaba que fuera un varón, quería y soñaba con que más adelante, poder meterlo en un colegio militar. Vea usted lo irónico de la vida. Y así fue, toda su educación la hizo en el Colegio militar Sucre, después de salir de bachillerato, él me dijo que tenía las intenciones de hacerse oficial, yo le dije que lo apoyaba; pero con el tiempo, me aseguró que quería cambiarse de profesión, ya que no se sentía cómodo y le parecía sucio lo que pasaba al interior de la institución. Fue así como empezó a estudiar derecho".

Eduardo y su madre lograron conseguir hacerse con un casino al interior de la Escuela de Seguridad Vial de la Policía, en el que ofrecían servicio de restaurante y supermercado.

"Él era el que estaba encargado de la tienda y de pagarle a los empleados. Nosotros teníamos una buena estabilidad económica y conocíamos muy bien a todos los altos mandos. Por allí pasaba constantemente el general Naranjo, el general Páez y hasta a Uribe le llegamos a dar almuerzo", agrega Ana Páez.

El 3 de marzo de 2008, la señora Ana Páez llama a su hijo como de costumbre para recordarle que debían verse temprano en la escuela:

"Yo lo llamo en horas de la noche para confirmarle que no debía ir a Abastos, que por el contrario lo necesitaba temprano en el casino. Él me respondió: "Tranquila mami que tu sabes que siempre llego puntual". Las corazonadas de las madres no mienten, había tenido durante la madrugada un sueño feo, algo que no recuerdo, me levanté como angustiada pero sin saber porqué. Llegué a la escuela a las 6 de la mañana como siempre y Eduardo no había llegado, pasaron las horas y me preocupé, pregunté por todo el personal, lo llamé, incluso me comuniqué con sus antiguas parejas y nadie me daba razón", explica la señora Ana todavía con angustia como si fuera ayer lo sucedido.

Aquella llamada de media noche, ambos no sabían que iban a ser las últimas palabras que iban a cruzar madre e hijo. La señora Ana ese mismo día se va inmediatamente al apartamento en el que vivía su hijo y no encontró sino una veladora prendida, ya que era devoto de las almas. Preguntó en la cabinas telefónicas del barrio y la mujer que atendía, le aseguró haberlo visto, incluso saludarlo, pero también verlo haberse montado a una camioneta.

"Me tocó esperar que pasaran los días para poner el denuncio de su desaparición. Fueron  noches de llanto, de ir a hospitales, cárceles y hasta la morgue, le pedía a Dios que me diera respuestas de mi hijo, de dónde se encontraba, de porqué se había ido así sin mencionar nada".

Una llamada que tardó cinco meses en llegar

Los días y las noches se hicieron largos para Ana, el insomnio se apoderó de su cuerpo y otro mal como el cigarrillo, se acostumbró a ser el acompañante de sus tardes.

"Un día cualquiera, yo llegaba a mi casa de seguir haciendo la búsqueda de mi hijo. Yo había determinado dejar de trabajar en el Casino. Cuando llegué escuché el teléfono, y al contestar una voz me dice que si era la madre de Eduardo Garzón, que había aparecido y que lo fuera a reconocer a la morgue".

La señora Ana Páez se comunicó con toda su familia para informar de la aparición del cuerpo de su hijo, se trasladó para la morgue pensando siempre en que lo habían matado ese mismo día ya sea porque lo iban a robar o alguna riña, jamás pasó por su mente la historia que continuaría.

"Yo llegué y me mostraron dos personas, me dijeron cuál de las dos es Eduardo Garzón, lo identifiqué y les señalé. Me dijeron debe trasladarse a Cimitarra, Santander. Allá está su hijo. No entendía nada y tampoco en ese momento me daban mucha información, después de insistir, me dieron el número de un comandante de allá, lo llamé y ese señor lo primero que me dijo fue: "Si usted sabía que su hijo iba a delinquir acá y era guerrillero, debía haberlo buscado aquí".

Ana Páez: una madre víctima de falsos positivos que sigue buscando verdad
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Un perdón no sincero, la JEP y una vida solitaria a causa de su peligro

Ana Páez llegó a Mafapo (Madres de los falsos positivos de Bogotá y Soacha) debido a un periodista que la contactó y le dijo que el asesinato de su hijo era sistemático y lo había hecho el Ejército Nacional. Así fue como llegó a Soacha y se reunió con un grupo de señoras que reclamaban la verdad de una historia calcada a la suya.

"Recuerdo mucho que el personero de Soacha nos ayudó a reunirnos. Hablé con las demás señoras y vimos lo idéntico de nuestras historias, solo cambiaba el lugar en el que habían sido encontrados, pues mi hijo apareció en Cimitarra, las de otras lo encontraron en Ocaña. Desde allí empezamos nuestra lucha de madres de Soacha", dice Ana.

Es válido mencionar que Eduardo Garzón no vivía en Soacha, él vivía en Santa Isabel, pero la señora Ana puedo establecer años después por intermedio de la JEP (Justicia Especial para la Paz), que su hijo fue trasladado desde el barrio en el que residía hasta Soacha.

"Había unos informantes o mejor llamados reclutadores. Delante de la JEP me aseguraron que Eduardo lo trasladaron a Soacha. Allí se encontró con otro muchacho y a los dos los montaron en un camión rumbo al terminal. Cuando estuve en Cimitarra, el mismo sepulturero me confirmó ver a dos jóvenes tomándose una gaseosa en el centro del pueblo, luego subirse a una camioneta sin presión alguna. Al día siguiente los tuvo que enterrar. De manera que ellos por un lado conocían a los reclutadores y estaban engañados hasta el día en que los asesinaron", argumenta la señora Páez.

El perdón lo considera la señora Ana un acto "valiente y sincero" que ella no ha podido dar. Han sido años de audiencias y de ver a los responsables frente a frente, sin embargo, aunque tras su caso han sido capturados seis miembros del Ejército y luego puestos en libertad tras colaborar con la JEP, ella aún reclama la conocida frase de "¿Quién dio la orden?".

Hoy Ana Páez ha logrado viajar a varias partes del mundo contando su historia, ha estudiado en la universidad y todos los viernes en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación realiza tejidos para curarse por dentro. Vive sola porque no quiere ser un problema para sus hijos y nietos, ha tenido episodios de amenazas y un atentado. A veces considera que se enterró en vida con Eduardo, pero hay otras que cree que su único proyecto de vida es seguir reclamando justicia y verdad

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