Anne Sinclair, la esposa traicionada

Anne Sinclair, la esposa traicionada

7 de junio del 2011

Según estadísticas, una de las razones principales para que una mujer abandone a su esposo es la infidelidad. Anne Sinclair se enfrenta a las cifras y demuestra que está dispuesta a luchar y apoyar a su esposo, Dominique Strauss-Kahn, sin importar las graves implicaciones que lo acusan, no sólo de haber tenido relaciones sexuales con una mucama de un hotel neoyorquino, sino incluso de haberla violado. Sinclair usa con tranquilidad las herramientas con las que sólo ella cuenta para poder sacar a su marido del lío en el que se metió.

Dominique Strauss-Kahn debería tener claro que si resulta exonerado tras el juicio que lo acusa como violador, el crédito no lo llevarán sus abogados sino su mujer. Al mejor estilo de Hillary Clinton, la ex periodista acudió en días pasados a la Corte de la ciudad de Nueva York para ver a su esposo por primera vez desde las acusaciones. Sinclair es una heredera millonaria de sesenta y dos años, icono de la televisión y las entrevistas en Francia, y desde que dejó su carrera por su marido en 1997, siempre ha tenido la consigna de permanecer a su lado sin importar cuales sean las circunstancias.

“No creo ni por un segundo ninguna de las acusaciones hechas en contra de mi esposo. No tengo duda alguna de que su inocencia será justificada”, declaró Sinclair a los medios. Su reacción no sorprende, ella es conocida por ser amable y muy diplomática en general, pero se convierte en un pitbull cuando tocan a “Domi”, como ella misma lo dice. Una mujer traicionada estaría de acuerdo con darle una cachetada al ahora ex cabeza del Fondo Monetario Internacional, su mujer, encontrándose bajo la mirada del mundo entero, en plena sesión de la corte, se lanza besos a larga distancia con él.

Les Chandelles, el bar swinger donde Doninique Strauss-Kahn se divertía sin Anne Sinclair.

Anne Sinclair era la estrella de la televisión francesa en 1991, año en el que se casó con Dominique Strauss-Kahn. El programa  7/7 era el número uno en rating y ella entrevistaba a personajes como Francois Miterrand, Madonna, Mikhail Gorbachev y Bill Clinton, y aseguraba doce millones de televidentes cada domingo. En 1989 Dominique Strauss-Kahn también pasó por el programa, y predecible como suena, se enamoraron. Según Michel Taubaumm, quien escribió una reciente biografía de Strauss- Kahn, ella quedó subyugada bajo su inteligencia y carisma.

Strauss-Kahn iba por su tercer matrimonio y tenía cuatro hijos, mientras que Sinclair tenía dos hijos y era la segunda vez que se casaba. Anne es hija de un matrimonio francés que huyó a Nueva York por los Nazis, su apellido, Sinclair, era el código con el que reconocían a su papá cuando hacía parte de la Resistencia Francesa durante la guerra. Esto la motivó a tener una ceremonia judía tradicional una vez intercambiaron votos por lo civil.

En 1997 renunció al programa de televisión porque su esposo se posesionaba como ministro de economía, y prefería evitar cualquier tipo de conflicto que esto pudiera generar. Fue nombrada directora diputada del canal TF1 y luego de la parte de internet. Su salida del programa la justificó con el argumento de haberse aburrido del poder y sus protagonistas, después de trece años entrevistándolos y conociéndolos a fondo.

Sinclair era la fuerza detrás de los intereses políticos de Strauss-Kahn, que apuntaban a la presidencia, y que se sostenían muy bien con la herencia de Sinclair, proveniente de su abuelo, el merchan d’art (comerciante de arte) Paul Rosemberg, quien dejó suficiente dinero en las arcas de Sinclair como para que ella y su esposo vivieran en dos grandes apartamentos en París, una casa de cuatro millones de dólares en Washington y una casa tradicional en Marrakesh. La familia del abuelo Rosemberg heredó colecciones de pinturas valoradas en millones de dólares. Sólo un cuadro, L’Odalisque Harmoine Bleu, de Matisse, fue vendido por casi treinta y cuatro millones de dólares en una subasta de Christie’s.

Sinclair ayudó a financiar un gran equipo de consejeros políticos que preparaban varios medios para un gran retorno de Dominique Strauss-Kahn como candidato a la presidencia de Francia, hecho al que muchos le auguraban triunfo. Su intención era demostrar que después de León Blum, los franceses podían volver a elegir un presidente judío. Era su revancha frente a la historia universal.

L’Odalisque Harmoine Bleu, el cuadro de Matisse que Sinclair vendió en una subasta de Christie’s, por el precio de treinta y cuatro millones de dólares.

Anne-Élise Scwartz tiene sesenta y dos años, igual que su esposo. Su papá, Joseph Robet Scwartz, tomó de manera legal el apellido Schwartz en 1949, y su mamá, Micheline Nanette Rosemberg, fue pintada por Picasso, que de cariño la llamaba “Michou”. Anne hace parte de la junta del Museo Picasso, en este momento escribe un libro sobre la vida de su abuelo y, según grandes conocedores del periodismo en Europa, dicen que ella vendría a ser como una combinación entre Barbara Walters y Charlie Rose, muy preparada, muy leída, muy inteligente, muy sagaz, muy entendida.

Pero ninguna preparación es suficiente para enfrentar un conflicto como el que tiene ahora con su esposo, acusado de violación. La revista Paris Match cuenta que el miércoles 18, alrededor de las once de la noche de París, mientras Sinclair visitaba a su hija que pronto será mamá, recibió la llamada de Strauss-Kahn justo después de ser sacado de un vuelo de Air France por la policía de los Estados Unidos. “Tengo un problema serio”, le dijo, y Sinclair empalideció.

Sinclair voló a Manhattan el domingo siguiente, pagó el millón de dólares de fianza y los gastos adicionales del asunto Strauss-Kahn, como un apartamento, el brazalete electrónico y los guardias personales que les autorizó la Corte. Por el momento, Strauss-Kahn se aloja en un lugar proporcionado por la firma de seguridad que lo protege, nada parecido al par de apartamentos de arriendo de catorce mil dólares mensuales que Sinclair pretendía alquilar, donde le advirtieron que su esposo no era bienvenido.

Hay estudios que demuestran que la mujer francesa es más tolerante y perdona con más facilidad. Aunque el episodio de la mucama del hotel es bochornoso en extremo, a Dominique Strauss-Kahn se le conoce como mujeriego de trayectoria. Anne Sinclair lo tiene claro, e incluso la prensa le ha pedido su opinión al respecto. En 2006, ella dijo que un político debe ser un seductor por naturaleza. Dos años más tarde, Strauss-Kahn reconocía ante los medios su relación extra marital con una compañera del partido político, y al día siguiente Sinclair publicaba en su blog: “Nos amamos como si fuera el primer día”.

La prensa internacional le ha dado muchas vueltas al asunto de por qué Sinclair defiende a su esposo. Muchos medios han hablado de la disonancia cognitiva, que explicaría cómo Sinclair, a pesar de las circunstancias y la vergüenza, se aferra con más fuerza a su esposo, porque si se vuelve en su contra quedaría implícito el hecho de que ella tomó una mala decisión al casarse con él, y que debe reevaluar su vida entera. Para una persona como Anne Sinclair o Hillary Rhodam Clinton, eso es algo que no hace parte de sus planes.
¿Y si Sinclair no sufre de disonancia cognitiva sino que, más bien, es una romántica sin remedio? Una vez celebrada la reciente Boda Real, Sinclair escribió al respecto en su blog: “entiendo perfectamente a las personas que no se quisieron perder ni un segundo de la Boda Real. Es como si fuéramos niños que necesitan un cuento de hadas antes de dormir, una historia con un príncipe y una princesa, porque pronto la vida nos despierta y nos muestra la realidad”.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO