Caballos al ritmo de rancheras

Caballos al ritmo de rancheras

18 de septiembre del 2011

Gabriel Arriaga aprendió de su abuela Conchita a trabajar el campo entre ganado y caballos. Pero es sobre todo un llanero al que disfruta desde la adolescencia la música de Pedrito Fernández. Su pasión empezó con  La de la mochila azul.  Al cumplir los veinte años se trasladó a Ibagué y se matriculó en el conservatorio de música de la ciudad. En las noches trabajaba como cantante de un grupo de mariachis llamado Juvenal Azteca, al mismo tiempo que se convertía en un aficionado de las películas del cantante y actor mexicano Antonio Aguilar, quien montaba siempre caballos en sus películas y videos musicales. La nació entonces la idea de montar un shoe, a lo mexicana, con caballos que bailaran rancheras. Fue su amigo Manuel Hurtado quien le enseñó cómo hacerlo. Hurtado había trabajado desde los quince años en la hacienda Caballo Negro de Rionegro, Antioquia, de propiedad de Oki Botero, el rejoneador que fue pionero en la importación de caballos de alta escuela a Colombia y a quien le aprendió el arte del adiestramiento ecuestre.

El entrenamiento de los caballos se inicia desde que tienen cuatro o cinco meses. La primera etapa se conoce como “descosquilleo”, que no es más que quitarles el miedo al ruido y a las personas, pasándoles una bolsa plástica por la cara y cerca de las orejas todos los días. Después viene la etapa más difícil: amansar el lomo de los caballos. “Los caballos recién tienen el lomo recto en exceso porque aún no están acostumbrados a sentir peso. Entonces desde jovencitos uno los empieza a acostumbrar al cabezal y a ponerles una silla para que el lomo se vaya moldeando y esté listo a la hora de montarlo”, dice Arriaga. Luego los caballos deben aprender a llevar un filete en la boca, y cuando lo logran es una señal de que están listos para empezar el adiestramiento de alta escuela. Esta primera etapa del proceso puede durar hasta un año, antes de que los caballos empiecen a aprender los pasos para bailar.

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Este ejercicio lo hace Arriaga cotidianamene en su finca de Bojacá en Cundinamarca, donde llega a las ocho de mañana, tres días de la semana,  en su Jeep Grand Cherokee negro donde tiene, en una pequeña finca que nos sobrepasa las cuatro hectáreas, sus diez caballos de raza española y andaluces cartujanos que podrían costar más de cinco mil millones de pesos. Su preferida es Condesa.

Condesa es una yegua de trece años, que equivalen a unos cuarenta de un ser humano. Es andaluz, blanca con crin de color gris, la más experta y más adiestrada. Como toda una deportista de alto rendimiento es bañada con agua tibia, se le peina, se le pone un cabezal, se amarra a un tronco e inicia el estiramiento. Por cada extremidad son cinco minutos. Arriaga le levanta pata por pata, y como si tuviera memorizada su rutina, la yegua levanta sus extremidades por sí misma para ayudar a su amo.

Luego un asistente ayuda al cantante a montar una silla sobre el lomo de la yegua. Al principio Arriaga no monta la yegua, sino que la hace trotar, tomándola por el cabezal –una cuerda delgada amarrada a la cabeza de la yegua–, y el animal empieza a prepararse para ofrecer su propio show. Los caballos olvidan a veces algunos de los pasos y no siempre está Arriaga para recordárselos al montarlos. Para eso, el asistente les amarra una cuerda que va de una pata a la otra, pasando por el lomo, para obligar al animal a que cada vez que camine haga sin proponérselo el llamado “paso español”, que es la base de su entrenamiento.

El calentamiento dura cerca de veinte minutos y consiste en que el caballo o la yegua trote en ambas direcciones, empezando despacio y terminando con un galope que acelere el ritmo de su corazón. Luego con una fusta de cerca 60 cm el músico le da pequeños toques a lado y lado del costado a la yegua, porque los pasos son memorizados por contacto. Un toque de la fusta al lado izquierdo de su lomo quiere decir que debe levantar la mano derecha, y viceversa. Así se logra el paso español.

Montado sobre la yegua, Arriaga oprime un costado de su cuerpo con las espuelas de la bota para que Condesa entienda que debe caminar de lado cruzando sus patas. Luego, cuando llega el coro de alguna canción en el show del artista, él hace contactos de la espuelas a lado y lado de las costillas de la yegua para que mueva sus patas con tanta rapidez y ritmo que pareciera que bailara al ritmo de la melodía mexicana hasta un año, antes de que los caballos empiecen a aprender los pasos para bailar.

El entrenamiento total de un caballo de alta escuela dura entre dos y cuatro años. Arriaga asegura que a unos se les facilita hacer ciertas maniobras más que a otros. Por ejemplo, “Condesa” sabe acostarse apenas termina la canción, y “Místico”, otro de sus caballos más completos en entrenamiento, sabe sentarse y esperar al que jinete se siente en su muslo para cantar desde ahí. Además se cruza de manos con sólo ver de reojo el movimiento de la fusta. Son diez los caballos que hacen las veces de bailarines en este show único que tiene el impronta único de Gabriel Arraiga.