¿Cómo se vive en el pueblo más seguro de Colombia?

¿Cómo se vive en el pueblo más seguro de Colombia?

19 de diciembre del 2012

Nadie recuerda el nombre de la última persona que mataron. Unos dicen que ocurrió hace más de veinte años, pero el alcalde del pueblo asegura que fue hace unos 26. Sobre la historia tampoco se sabe mucho. Dicen que la última muerte violenta fue la de una mujer apuñalada por su esposo. Lo cierto es que desde entonces en Toca no han vuelto a matar a nadie.

Cuando la gente habla de la vez que dejaron de matar en Toca, un pueblo del centro de Boyacá situado a unos 20 kilómetros de Tunja, parece que relataran una vieja e imprecisa leyenda. El sacerdote del pueblo, José del Carmen Rodríguez, tiene otra versión de la historia. Aunque lleva diez años en su parroquia, cuenta que le han dicho que hace unos 25 años hubo una pelea entre dos familias. “Estaban en ese entonces en el juego del tejo y las cervezas y algunos negocios en el medio. Unos hermanos de una familia entraron a pelear con los hermanos de la otra familia, y en un momento de acaloramiento, resultaron dos muertos con arma blanca, en la vereda de Raiba”.

Aunque no hay acuerdo absoluto sobre la fecha o el suceso, se sabe que desde hace más de dos décadas en Toca la gente solo muere de vejez o enfermedad.

El pueblo es de clima frío. Está cercado por montañas de color verde oscuro y tiene una plaza principal limpia y grande. Frente al parque se alza una iglesia imponente; un templo de estilo gótico con una torre cuya punta se ve desde cualquier parte del pequeño casco urbano.

Toca
Campoelías, el sepulturero de Toca. Comenta que en el cementerio reposan, desde hace muchos años, sólo “viejitos y quienes murieron por enfermedad”.
Foto: Linda Sarmiento.

Las 14 mil personas que habitan el pueblo más seguro de Colombia se vanaglorian de su récord. “Desde que llegué a esta parroquia me he dado cuenta de que Toca es una comunidad pacífica, trabajadora. Los otros padres que ha tenido la comunidad siempre los han llevado con valores de trabajo, de honestidad, y por eso no se presenta ningún tipo de violencia”, confirma el sacerdote.

“Tierra bendita”

Don Justo Rafael Monroy, de 90 años de edad, y don Luis Emilio Ochoa, de 85, son dos de los más antiguos inquilinos de Toca. Hacia las diez de la mañana, de lunes a viernes, pasean por la plaza principal y se sientan en las sillas que miran hacia la iglesia. “Somos nacidos, bautizados, criados y casados en Toca”, bromea Luis Emilio, para otorgarse la autoridad de hablar de la historia de su pueblo. Entre los dos, Justo y Luís Emilio, recuerdan anécdotas que atestiguan que la raza tocana es pacífica por tradición.

“Toca no se salvó hace unos 50 años de la época de la violencia –relata Justo Rafael–. Acá éramos más liberales. Me acuerdo que una vez en 1947 se pusieron a tomar cerveza en una esquina un señor de una granja y el que era alcalde. Pues el señor de la granja le pegó su par de tiros al alcalde y lo mató. Por Tunja se dijo que los liberales habían matado al alcalde y desde allá se vino un grupo como de 60 ‘godos’ a quemar el pueblo. Pues al enterarse de eso, nuestro sacerdote, el padre Millán, salió y se atravesó en la carretera para no dejar pasar a ese gentío y les dijo: ‘En Toca no hubo pelea de conservadores ni liberales. Eso fueron dos tipos que se pelearon. Los tocanos somos gente de bien y de paz’. Y bendito sea Dios, no pasó nada”.

El alcalde de Toca, Crisanto Ochoa, también respalda el relato. Confiesa que su pueblo, según le cuentan sus papás y abuelos, no escapó de la violencia política. “Pero fíjese que esa fue nuestra única época dura. Y juzgando los datos históricos, la época de la violencia en Toca no tuvo grandes consecuencias, a comparación del resto de pueblos. En esos años sólo se habla de tres personas muertas, incluyendo un alcalde. ¡Esta es tierra bendita!”.

Toca
El cementerio de Toca es grande y en casi todas las lápidas hay registros de personas que murieron con más de 80 años de edad. Baldomero Malaver es uno de los más recientes ejemplos: falleció cuando tenía 100 años con 15 días.
Foto: Linda Sarmiento.

El mandatario local y los dos hombres en la plaza principal reconocen que desde el comienzo Toca no fue tierra regada por sangre. Además, al ser un pueblo de arraigadas tradiciones, en especial religiosas, también atribuyen su suerte a la protección divina.

En este caso es don Luis Emilio quien toma la palabra. “Nuestro patrón, el Santo Cristo, es el que nos cuida. El 8 de enero es su fiesta. Se celebra ese día porque hace muchos años un hombre vino al pueblo y se robó la estatua del Cristo crucificado, y se lo llevó en un costal. El Santo Cristo, que sabía que tenía que cuidar a los tocanos, se escapó solito y resultó en una vereda de nuestro pueblo. Tiene unos 400 años nuestro papá lindo”.

Mientras don Luis Emilio continúa su relato, se acerca a su silla Marco Antonio Pardo, de 73 años, quien lo interrumpe con tono amigable y agrega una anécdota del porqué a Toca le dicen el pueblo de los ‘matacristos’: “Alguna vez un cura de Tuta vino y despedazó a machete al Santo Cristo. En la capilla había dos mujeres asustadas e hicieron sonar las campanas para que el pueblo viniera a proteger a papá lindo. Pero el cura lo despedazó. Desde entonces nos dicen los ‘matacristos’, pero nosotros no fuimos, fue el cura de Tuta. Nosotros somos tan pacíficos que nunca maltrataríamos a un santo”.

Don Justo Monroy dice que no se fijan en la fama injusta de los ‘matacristos’, y que en cambio protegen con orgullo lo que los hace diferentes del resto de comunidades: su envidiable seguridad. “Es raro que haya así sea una pelea a puños. Usted puede dormir si quiere en el parque y no le pasa nada. Definitivamente es un pueblo muy sano”.

La ‘buena racha’ en riesgo

Algunos en el pueblo rumoran sobre el que pudo haber sido el gran lunar en el imbatible récord de 26 años sin muertes violentas en Toca. La gente se refiere al hecho con vergüenza, como si fuera un incómodo suceso que no vale la pena mencionar; todos dicen que fue aislado, pero existen contradicciones sobre si pasó lo fatal: si hubo muerto o no. Don Luis Emilio Ochoa cuenta que fue un sábado de mercado, hace unos cuatro o cinco meses. “Había una pelea entre dos muchachos por una novia, que llevaban rivalizando desde hace unos cuatro años cuando todavía estaban en el colegio. Pues ese sábado salieron como que peleando y uno de los jóvenes se fue con cuchillo a lastimar al otro, pero terminó dándole al papá. No se sabe si hubo muerto; como que no”, recuerda. Una versión similar tiene el párroco José del Carmen Rodríguez: “Fue una cuestión familiar, fueron dos muchachos peleando por una novia”. Tampoco da información suficiente sobre si hubo muerto. Solo sabe que las familias involucradas ya no viven en el pueblo.

En la plaza principal, Eliodoro López, un hombre que toma una gaseosa en una de las tiendas del centro, también habla del suceso. Dice que posiblemente sí hubo muerto. “Como que sí, a ese señor como que sí lo mataron. Pero eso fue algo aislado”. Insiste en eso, en pedir que se considere un hecho aislado, que no tiene por qué significar el fin de la buena racha de armonía de su pueblo.

Finalmente el alcalde, la máxima autoridad del municipio que tiene la versión oficial, confirma que no hubo muerto. “Esto afortunadamente no llevó a nada extremo. Es un caso que está investigado por la fiscalía, pero yo pregunté a las autoridades y me confirmaron que el señor fue herido, pero no murió. Una de las familias se fue a Tunja y la otra a Sogamoso. El muchacho agresor presentó disculpas, y afortunadamente nuestro record no se rompió”, dijo Ochoa.

Un modelo envidiable

Toca es un pueblo que sobrevive de la agricultura. Antes la riqueza la daban los cultivos de trigo y cebada. Se sembraban en grandes cantidades, decenas y decenas de hectáreas como alfombras doradas. Tras años de bonanza la actividad cesó porque una de las empresas que compraba los cereales canceló el contrato. “Nos perjudicó un poco por el tema económico, pero nos benefició porque se bajó el consumo de cerveza, en protesta contra la fábrica de cerveza que ya no compraba la cebada”, cuenta el alcalde. Este es otro factor que, reconocen en el pueblo, les ayuda a estar tranquilos. El bajo consumo de alcohol y los mínimos episodios de ebrios en las calles evitan riñas y reducen el número de posibles lesionados.

Toca
Crisanto Ochoa, alcalde de Toca (Boyacá).
Foto: Linda Sarmiento.

Solo para las ferias, cuando a Toca la visitan muchos turistas, es necesario pedir refuerzos de policía. La estación tiene cinco uniformados y dos celdas en una prisión que casi nunca utilizan. “Desde hace como tres meses no hemos tenido a nadie en la cárcel, y esa vez fue por una pelea simple”, dijo un patrullero en el comando municipal.

Es casi un policía por cada tres mil habitantes. El alcalde dice que no necesitan más. Que en Toca no roban, no secuestran, no extorsionan, no amenazan, no agreden, y lo mejor: no matan. “Acá la gente puede dormir hasta con las puertas abiertas de su casa”, dijo Crisanto Ochoa.

Las personas mueren por causas naturales; la peor desgracia es sufrir una enfermedad. El sacerdote informa que oficia por semana unos dos, tres o cuatro entierros, y dio detalles sobre las últimas exequias. “El lunes fue un señor que murió de 95 años. Otro día, creo que el martes, uno de 83 años. El otro caso fue, lamentablemente, de uno muy joven: 56 años, que murió por cáncer”.

El cementerio es grande, pero sus tumbas tienen una particularidad. Casi todas son de personas que murieron cuando tenían más de 90 años. Campo Elías es el sepulturero y dice que casi no hay trabajo a la semana, más allá de quienes mueren de viejos. “Hay mucha tumba de viejitos. Vea esa. El difunto Valdomero Malaver murió de cien años y quince días”. Él también dice que su pueblo es el más tranquilo. “Ya ni me acuerdo cuando enterramos al último que murió asesinado”.

En el municipio no hay pobreza. Es más, están escasos de mano de obra. El alcalde Ochoa reseña que además de cultivos de papa, fresa, cebolla y flores, en Toca mucha gente vive de la ganadería. Sin embargo no hay casi trabajadores, por lo cual reciben a jornaleros de municipios vecinos.

Toca
Toca tiene 14 mil habitantes. La mayoría de la población es adulta mayor. Su principal motor económico es la agricultura y la ganadería.
Foto: Linda Sarmiento.

“Pero tenemos cuidado con campesinos de otros lados que vienen a formar problema. Un ejemplo: usted acá no verá a un campesino con un cuchillo en su cinturón, o un machete dando vueltas por estas calles. Ellos se acostumbraron a dejar sus herramientas en la finca, y nunca traerlas al casco urbano. Nosotros vamos a las fincas y enseñamos que no deben andar armados entre la comunidad. Además hacemos un censo de los trabajadores para saber quiénes llegan nuevos, y cuando alguien nuevo forma problema y nos dan quejas, nosotros les decimos: o se va, o se va. Nos ha tocado así: muchos se van del pueblo y otros se comprometen a convivir en paz”.

Es un modelo de convivencia sólido. En Toca hay una cultura de respeto por la vida que se enseña desde casa, se refuerza en la iglesia, y se comparte como política gubernamental. “Como puede ver acá -dice el alcalde- yo ando sin escoltas. Mis antecesores tampoco tuvieron escoltas. Somos un pueblo muy tranquilo. Tenemos un dicho sobre lo que pasaba hace años, en la época de la violencia: más vale que digan que de acá salió corriendo un cobarde, a que acá murió un valiente”.

Desde esa época, cuando evitaron que la sangre manchara sus tierras, los tocanos han preservado un ambiente de paz, como un regalo que entregan a las generaciones venideras. En el pueblo la gente es amable, humilde y tímida. Es un territorio conservador que teme que sus jóvenes resulten permeados por la Internet o los videojuegos, y por eso intentan alejarlos de los computadores y la televisión, que sustituyen por programas deportivos y actividades culturales. Una construcción histórica, de convivencia y riqueza humana, distante de realidad colombiana.