El cuarto de las amenazas por cubrirse el cabello

Publicado por: erika.diaz el Vie, 26/02/2021 - 08:35
Share
Creado Por
Anadolu
Después del golpe de Estado en Turquía, la junta militar impuso restricciones y prohibiciones que, sobre todo, afectaron a las mujeres con velo.
El cuarto de las amenazas por cubrirse el cabello
Créditos:
Anadolu

Los “cuartos de persuasión” permanecen en la memoria de las víctimas del golpe de Estado militar “posmoderno” del 28 de febrero de 1997 en Turquía, el cual concluyó con la dimisión del Gobierno de turno.

Los secuaces de la junta militar utilizaban cuartos en las universidades para interrogar y persuadir a las alumnas musulmanas practicantes para que dejaran de llevar el velo.

La junta militar había prohibido el velo en las áreas públicas y los rectores de las universidades impedían el acceso de las alumnas con velo a los recintos universitarios. Algunas de las alumnas sucumbieron a las presiones, mientras que otras decidieron continuar sus estudios en el extranjero.

Gulsen Demirkol Ozer, autora del libro Cuartos de persuasión, relata que se encontraba en el último año de sociología en la Universidad de Estambul (IU) cuando la junta militar impuso las restricciones.

En un principio pensaron que sería imposible implementar estas restricciones en todas las áreas públicas, pero pronto se dieron cuenta de lo contrario: las restricciones y prohibiciones se aplicaron a raja tabla en todos los niveles.

Ozer cuenta que las manifestaciones y protestas en su facultad fueron muy fuertes e intensas y que por eso la prohibición se suavizó un poco, lo suficiente para permitirle licenciarse y empezar su carrera profesional como maestra. Sin embargo, el mismo año fue expulsada del colegio en el que trabajaba por llevar velo.

La escritora dice que escribió su libro después de haberse entrevistado con los nuevos alumnos que empezaron su carrera universitaria el mismo año que ella se licenció. Esta promoción de alumnos fue la primera en pasar por los cuartos de persuasión como única posibilidad de ser aceptados en las universidades.

“Excepto 3-4 estudiantes, todos aceptaron pasar por los cuartos y así ser registrados en la universidad. Entraban al recinto universitario con pelucas, gorros o sombreros. Esto funcionó durante un periodo, pero luego las universidades empezaron a inspeccionar también si las estudiantes llevaban pelucas o era su pelo. Estaban muy tristes, psicológicamente destrozadas. Algunas de ellas dijeron haber tenido pesadillas”, relata la escritora.

“La alumna entraba al cuarto sola. En él había un psicólogo, un funcionario del registro y una cámara. Intentaban persuadirla para que se quitara el velo, ofreciéndole becas por ejemplo. Si no aceptaba por las buenas entonces empezaban a amenazarla, a ella y a su familia”, explica la escritora.

Ozer dice que el dolor y sufrimiento vividos durante ese periodo sigue latente en la mente de las víctimas. “Aquellas funcionarias que fueron expulsadas de sus puestos siguen teniendo problemas hoy. Esto demuestra la profundidad del golpe. Es una herida abierta que no hemos podido borrar sus huellas”, apostilla Ozer.

Zehra Ergul Kaya era estudiante de tercero de historia del arte cuando ocurrió el golpe y empezaron las prohibiciones.

Kaya cuenta que las presiones empezaron antes de imponerse las restricciones y prohibiciones. Recuerda que la universidad en la que estudiaba rehusó llevarla a ella y a una amiga suya a unas excavaciones arqueológicas por llevar ambas velo. Kaya dice que reunieron firmas en protesta de esta marginación, pero indica que no sirvió para nada.

Recuerda que las prohibiciones llegaron primero a la Facultad de Medicina. “Las alumnas fueron expulsadas de las aulas a la fuerza. Meses después del golpe, la prohibición llegó a nuestra facultad. Un día, la Policía antidisturbios, con perros, nos prohibió la entrada a la universidad. En 1998 fui expulsada de la universidad por ausencia”.

“Me golpearon y me arrastraron por los suelos en numerosas ocasiones. Me atacaron con perros. Fui detenida y pernocté en una comisaría, incluso ingresé en prisión preventiva durante un mes a pesar de haber sido absuelta de los cargos”, relata Kaya.

Señala que durante el proceso de registro en las universidades, la dirección exigía fotografías de las alumnas sin velo. Kaya tacha los cuartos de persuasión de “abusivos”.

Solo pudo regresar a la universidad 16 años después, cuando ya era madre de cuatro hijos. “El profesor que aceptó mi solicitud era un compañero mío de la universidad. (El golpe) retrasó la vida de las víctimas 16 años, es algo irreparable. Miles de personas perdieron sus carreras. Las afectadas son más de las que uno se pueda imaginar y todavía siguen afectadas”, sentencia Kaya.

Por: Zeynep Rakipoğlu / Anadolu