Día del pensamiento scout: salvar al mundo una obra a la vez

Publicado por: erika.diaz el Lun, 22/02/2021 - 14:33
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Creado Por
Erika Mesa Díaz
El movimiento scout fue nominado este año al Premio Nobel de la Paz por sus contribuciones a la paz y el diálogo. Kienyke.com habló con una integrante y uno de los líderes del escultismo en Colombia sobre el estilo de vida scout.
Día del pensamiento scout: salvar al mundo una obra a la vez
Créditos:
Instagram / Scouts Colombia

En el mundo antes de la pandemia, a los scouts se los veía en grupo, uniformados y cantando por las calles. En entornos sociales, cuando estrechar las manos para saludar era la norma, el scout era el que ofrecía la mano izquierda. En los colegios, el niño scout era el que tenía una flor de lis en sus cuadernos o maletas. En las películas aparecen como los niños que ponen puestos de jugos en su antejardín, tocan las puertas para vender cajas de galletas y ayudan a las personas de la tercera edad con tareas como cruzar la calle.

La comunidad scout tiene unos 40 millones de integrantes en 165 países y unos 10 mil en Colombia. De acuerdo con Miguel Ángel Cortés, comisionado nacional rover —así se les llama a los adultos que practican el escultismo— de los Scouts de Colombia, ocho de cada diez scouts en el país son niños de entre seis y 22 años. En esa comunidad aprenderán dos cosas: la importancia de hacer parte de su comunidad de forma activa y habilidades para la vida, la supervivencia y el aprovechamiento del tiempo libre.

En el Día del Pensamiento Scout, Kienyke.com repasa la historia y la experiencia del escultismo, un movimiento que durante la pandemia ha sumado dos millones de horas de servicio comunitario y fue nominado al Premio Nobel de la Paz por su vocación de diálogo y contribución a la paz mundial. Hablamos con Cortés, quien es miembro activo desde 2002, y con Alejandra Ruggio, que perteneció a los scouts desde 2009 hasta 2017.

Dejar el mundo mejor de como lo encontraron

El militar Robert Baden-Powell nació en Londres el 22 de febrero de 1857. Desde 1876 hasta 1910 sirvió en el ejército inglés en sitios como la India y el África. Sin embargo, el hito de su vida fue la escritura de libros sobre entrenamiento y estilo de vida. El más importante de ellos fue Escultismo para muchachos, que ya ha sido traducido a unas 87 lenguas en el mundo. El libro es el manual de los scouts y contiene consejos para armar campamentos, vivir de forma justa, ayudar en caso de emergencias, preservar el honor y otros temas.

Las instrucciones de este libro fueron puestas en práctica por primera vez por el propio Baden-Powell y unos 20 niños más en el Campamento de Brownsea, que tuvo lugar en agosto de 1907. Tiempo después, los grupos de niños y niñas scouts comenzaron a formarse en todo el mundo de forma simultánea. El movimiento llegó a Colombia por primera vez en el año 1913, apenas seis años después de ese primer campamento, y se consolidaron en 1933.

En honor a Baden-Powell, el movimiento scout en todo el mundo eligió el 22 de febrero como el Día del Pensamiento Scout. Antes de la pandemia, el día se celebraba con reuniones de las diferentes tropas para prestar servicios a la comunidad y hacer lo que mejor se les da: dejar el mundo mejor que como lo encontraron. Como no es prudente reunirlos justo ahora, los scouts celebrarán este día desde las redes sociales con publicaciones conmemorativas y desafíos para entrenar la mente de los niños.

Una familia siempre lista

Alejandra Ruggio había encontrado su lugar feliz entre los scouts de Manizales en 2009, pero su familia se mudó a Bogotá en 2010 y ella tuvo que comenzar su vida desde cero. Encontrar una tropa en la capital le ayudó a superar el impacto. “Los scouts fueron los que me ayudaron, los que me recibieron en una ciudad desconocida, los que me mostraron cosas nuevas, los que me llevaron a conocer y los que me tendieron la mano como familia hasta el último momento”, recuerda.

Los scouts emprenden muchas aventuras con sus compañeros de tropa y terminan convertidos en una segunda familia para los jóvenes, que pueden enfrentar todo tipo de situaciones difíciles fuera del movimiento pero encuentran un espacio de empoderamiento y apoyo en esta comunidad. Además, al haber personas de todas las edades y orígenes, amplían mucho sus perspectivas sobre la vida.

“Nosotros decimos que los amigos de tu tropa scout son los amigos de toda tu vida. Entonces, curiosamente, me hablo más con los amigos que hice cuando era niño scout que con mis amigos de la universidad, el colegio, mi barrio u otros espacios, porque se logra generar unos lazos de hermandad bastante fuertes”, dice Miguel Ángel, quien entró a los scouts cuando tenía aproximadamente siete años.

Las lecciones del escultismo

Miguel Ángel define a los scouts como un movimiento de educación no formal que pretende construir buenos ciudadanos. Parte de esa construcción incluye ayudar a los demás. “El movimiento scout me mostró que en el mundo existe mucha desigualdad y me da la oportunidad de servir y ayudar. En situaciones como los desastres naturales que han habido acá en Colombia, nosotros los scouts hemos hecho actividades de servicio bastante importantes”, cuenta.

Según Alejandra, la estampa distintiva de los scouts es el servicio desinteresado. “Un scout está siempre dispuesto a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, con una sonrisa y sin juzgar raza, género, edad, sexo, absolutamente nada”, señala. 

Eso sí, aunque no pidan nada a cambio por ayudar, sí es mucho lo que reciben para sí mismos en su crecimiento personal. Por ejemplo, Alejandra hizo el servicio social obligatorio en la pastoral juvenil de su colegio gracias a las herramientas que adquirió para ejercer el liderazgo, manejar grupos y organizar actividades amenas. También aprendió a sonreír y cantar en voz alta cuando enfrenta una situación difícil en la vida.

El buen uso del tiempo que se pasa fuera del colegio, que los niños y adolescentes tienen a manos llenas, es otra de las lecciones que deja el paso por los scouts. “Es una excelente forma de aprovechar su tiempo libre, de aprender jugando, de que mientras eres feliz y disfrutas tu vida estás creciendo como persona, educándote y ayudando a los demás. Es como un combo completo de todo en uno en donde es muy importante hacer el bien”, dice Miguel.

Volver a ver a los amigos

Los colegios y las actividades extracurriculares son, en muchos casos, los lugares de paz, diversión y seguridad que no se encuentran en casa. Las restricciones de movilidad y las crisis financieras causadas por la pandemia de la covid-19 afectaron el acceso de los niños a estas actividades y, con ello, su salud mental.

Uno de los elementos claves del método scout es la vida social y al aire libre: los líderes preparan actividades de servicio comunitario, caminatas y campamentos. De hecho, Alejandra asegura que uno de los mejores recuerdos que guarda de su vida como scout activa es su participación en campamentos y su interacción con la naturaleza, sus compañeros y su comunidad. 

“Era el momento de más alegría porque podía compartir con la gente que amaba. Me emocionaba estar con ellos por fines de semana enteros o semanas enteras”, recuerda. “Hacíamos este montón de actividades que te retaban en todo sentido y tenías un equipo que te ayudaba simplemente a crecer y ayudar a los demás. Yo estaba feliz de poder ayudar a alguien a superar un miedo, aprender algo nuevo de mí misma, aprender cosas que no sabía —o que sí sabía pero podía mejorar—. Eso es una de las cosas más gratas de ser scout”.

Según Miguel Ángel, las membresías al movimiento scout y a otras asociaciones juveniles bajaron por cuenta de la pandemia porque seguir desde la virtualidad no tiene el mismo impacto en las vidas de los niños. “Los chicos se sienten agobiados por la virtualidad. Ellos están estudiando de lunes a viernes, pegados a un computador, y el sábado, que era el día especial, el día chévere, el día de los scouts, se volvió lo mismo: se volvió una rutina de estar frente a un computador, en una reunión de Meets o algo así”, asegura.

Los scouts colombianos ya están diseñando protocolos para retomar actividades de forma presencial y por equipos, para que los niños puedan seguir beneficiándose con el menor riesgo posible. Además, tienen la esperanza de que la traumática experiencia vivida por esta generación de niños traerá una ola de nuevos scouts

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