El regreso de doña Alicia a Mampuján

Sáb, 12/02/2011 - 07:00
El pasado 5 de febrero, Alicia María Maza se vistió de blanco para celebrar sus ochenta años. Era un día de alegría: tenía en sus manos el título que la hacía propietaria de un lote y un solar

El pasado 5 de febrero, Alicia María Maza se vistió de blanco para celebrar sus ochenta años. Era un día de alegría: tenía en sus manos el título que la hacía propietaria de un lote y un solar donde podría construir una pequeña vivienda en Mapuján, Bolívar, su pueblo, donde nació, creció, formó su familia y sembró la tierra con yuca, ñame, plátano, mango, maíz, aguacate y limón. Allí también cantó bullerengue y bailó fandango y cumbia con sus faldones blancos, como el que vistió para su cumpleaños y para recibir al ministro de agricultura y la comitiva oficial de Bogotá. Doña Alicia estaba en su casa aquel 10 de marzo. Conversaba tranquila con su mamá cuando irrumpieron los paramilitares. Eran las cinco de la tarde. Empezaron los tiros, los gritos, los insultos, las amenazas, las órdenes de los hombres del Bloque Héroes Montes de María bajo el mando de “Juancho Dique” y “Diego Vecino”. La urgencia de tener que salir. Salieron 1.400 personas. Doña Alicia las vio caminar en dos filas, una de mujeres y otra de hombres, humillados, derrotados. Ella se resistía a dejar su tierra, su vida. Tardó una hora contemplando a su gente abandonar los solares, las parcelas, hasta que la atrapó el miedo, el eco de las voces que llegaron de dos veredas separadas por cortas jornadas a pie, que narraban la masacre, esa misma mañana, de once lugareños en Las Brisas, y un mes antes la noche de horror en El Salado, cuando los mismos hombres armados que veía a través de su ventana asesinaron en un día sesenta personas. Los vecinos de Mampuján se abrigaron en el monte a la espera de poder regresar al día siguiente. Esperaron tres días confiados en que la irrupción paramilitar fuera como las hojarascas, que pasan, revuelven y se van. Regresaron, pero el pueblo ya no era de ellos. Diez años después, en junio del año pasado, los dos comandantes paramilitares fueron condenados por el Tribunal de Justicia y paz por desplazamiento forzoso y se le ordenó al Estado a resarcir a las víctimas. La entrega de títulos fue el primer acto de reparación por los daños de la guerra que ha hecho el Estado colombiano. No será el último, sino el primero de muchos que están por venir. Con el derecho de posesión sobre 93 nuevas parcelas llegarán la escuela, el puesto de salud, el lavadero comunal al lado del arroyo, la plaza y la cancha para que los niños vuelvan a jugar. Regresará la vida a Mampuján, para que doña Alicia pueda al fin borrar la tristeza de su rostro.

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