Niño divino, perfecto y sublime. Muchacho atávico y legítimo descendiente de encomenderos, alabarderos, corchetes, inquisidores y alguaciles hispánicos. Juan Lozano, tótem apasionante de nuestra nacionalidad, cuneiforme escritor de nuestro destino, sapiente babilla reptante, elocuente reiterador de la palabra, repetidor de las planas escolares, contestador automático de nuestras inquietudes…
¡Sí! Papi santo y bendito. Has dado en el clavo. Exámenes para todos y para todo. Limpieza social, salud comunitaria, asepsia nacional. Tu proyecto de ley es, ni más ni menos, que un clorox genital, un vermífugo de clase, un antibiótico corpóreo y espiritual.
Nos encanta a nosotros los instituidores del control aquello del examen para presidentes y candidatos al inmenso cargo, pero te digo –oh Lozano– que poco es solamente examinar “in córpore” la terminalidad del mandatario. Asumimos y desarrollamos tu corporativistas teorías, hasta el punto de pedir, en coro de copetones, exámenes generalizados para todos y para todo, auscultaciones y diagnósticos que determinen el necesario control, no solo de los gobernantes, en eso te equivocas, sino sobre todo, de los gobernados.
Empecemos con los más necesarios que instituiremos lo más pronto posible. El examen obligatorio de sangre para toda la población nos permitirá diversas cosas e implementaciones, gracias al avance de la ciencia. Con él de una vez descartaremos de un tajo y en todas las edades a los enfermos de Sida y de este modo lograremos excluirlos del empleo, la educación y la salud misma, para que dejen de contaminar a sus sanos congéneres. No habrá Sida en los colegios ni universidades, ni en las empresas y no los trataremos porque son un caso perdido física y sicológicamente. Se ahorrará platica y la sociedad logrará alejar de su saludable seno a toda esa caterva de homosexuales, promiscuos y dañados.
El test sanguíneo igualmente nos permitirá detectar de inmediato y en la fuente a todos los homosexuales y lesbianas y demás decadente caterva de Lgbetis, visto que, como bien lo dicen altos científicos como el dirigente futbolero Álvaro González (justamente condecorado por la Asociación Colombiana de Redactores Deportivos (Acord), capítulo Caldas), esa vaina es una enfermedad de ilimitado contagio que prostituye la sanidad colectiva y contamina a granel. Que Monseñor Ordóñez nombre a González procurador delegado contra el homosexualismo, para que se excluya a toda esa ralea desviada de los empleos públicos y ojalá del marco entero del mundo laboral.
La prueba de plasma permitirá, además, identificar a los portadores de sangre azul para de una vez carnetizarlos desde niños e irlos infiltrando en todas las áreas de la economía y la política, como naturales herederos del mando, la dirección, la moral y el gobierno.
Igualmente hay que traer de Panamá para la máxima prueba a María del Pitar Hurtado y a todos los ex jefes del Das paras que con un simple pinchazo y para estar acorde con el aire de los tiempos, con una facilísima “chuzada” institucional y legal aprobada por el Congreso en cabeza de Juanito el examinador, el examen de sangre podrá detectar todo tipo de enfermedades infecto contagiosas y de carácter mental y, me dicen personas de la talla moral de Fernando Londoño y José Obdulio Gaviria, que, bien hecho, logra poner en evidencia las ideas de izquierda, el sindicalismo y las intenciones de protesta de todas las personas. Podremos así, tener una estadística de inteligencia y contra inteligencia para tener a buen recaudo y con el ojo encima, a todos los rojillos y liberales de avanzada que pretenden, por vainas de sangre picha, atentar contra las instituciones y el preclaro orden la República.
Propongo en esta hora de imaginación y buena osadía del Estado de Opinión y de la inefable Doctrina de la extrema derecha reinante, toda una serie de exámenes y pruebas.
La de laboratorio de heces y orinas, para detectar diversos males como el exceso de lecturas y de cultura, el culto a las peligrosísimas artes en general que deriva casi siempre en militancia zurda, el exceso de información, la capacidad crítica, la ambición de insumisión. Esto, además, permitirá el desarrollo contemporáneo de la coprología y la orinología sociales, ciencias hasta ahora en ciernes en este país de ignorantes. Con ello detectaremos todo el “doping” de los mamertos e inclusive nos permitirá excluir de una vez y por la base a los drogadictos de toda contaminante relación social.
Toda la tendencia nacional al examenismo, además redundará en un necesario y bienvenido crecimiento de EPS y ARS, que ganan tan poco platica haciendo enormes esfuerzos para prestar los dignísimos y adelantadísimos servicios a la enferma gleba.
¡Exámenes, exámenes, exámenes! Que linda palabra esdrújula que por fin encauzará el país en el camino definitivo de la escogencia, la limpieza, el pundonor.
Y ni hablar de los problemas de raza. Con los exámenes se logrará precisar en términos científicos los porcentajes de sangre india o negra, para tener a raya a aborígenes, mestizos, mulatos y cuarterones que han sido, son y serán los más protervos y proclives a la guachafita, la huelga, la minga y demás actividades subversivas que van en contra de la ley y el orden y que ensucian nuestra imagen internacional.
Del mismo modo y acabada la cena, se logrará con el análisis del pipí, la sangre y la caca, precisar los contenidos religiosos de la población. Sacaremos de la agenda nacional a ateos, animistas, musulmanes, judíos, jesuitas, protestantes, evangélicos y católicos de medio pelo. Solo tendrán derecho a la libertad de culto los católicos fundamentales, encabezados por los legionarios del Opus Dei, reserva moral de la patria.
Los exámenes radiológicos nos permitirán ubicar a toda esa gente que tiene el corazón a la izquierda, para ser debidamente empadronados, de tal modo que no se nos infiltren en nada, ni siquiera en las busetas.
¡Exámenes, exámenes, exámenes!
Tras la práctica consuetudinaria y generaliza del examen, no menos de 48 millones de impuros serán relegados y postergados. No importa que quedemos pocos hábiles para la magna tarea del trabajo y la conducción del país. Será, eso sí, la inmensa minoría pura, prístina y límpida, que podrá sacar al país del desarrollo, pretensión que lo único que produce es el negativo avance de esta democracia, que así, a medias, funciona tan bien y con tas buenos dividendos.
