Gustavo Gutiérrez C.: Música, poesía y sentimiento

Gustavo Gutiérrez C.: Música, poesía y sentimiento

30 de Septiembre del 2015

Gustavo, con paso elegante se acerca al grupo de músicos que lo acompañan en una de sus presentaciones. Con parsimonia levanta su acordeón piano, o concertina según el pintor Jaime Molina,  y hace algunos comentarios triviales del momento, como estableciendo desde el inicio una comunicación sensorial que le permite impregnar el ambiente de la dulzura de sus composiciones que emanan de lo mas profundo de su ser. Ajusta las correas para sostener el instrumento a su delgado y espigado cuerpo cuyos músculos fortalecidos por el accionar de las teclas y bajos son cubiertos por una camisa de color claro de mangas largas, que parsimoniosamente recoge a la altura de los codos para obtener la flexibilidad que requiere la ejecución.

Posteriormente acomoda un pañuelo blanco impregnado de agua de colonia encima del cuello de su camisa para amortiguar el calor de su piel blanca y delgada, propia de su raza patillalera. Se sienta en un taburete, con el fin de crear un cómodo habitáculo, abre sus largas piernas para obtener todas las condiciones necesarias, que le faciliten trasmitir su inspiración, donde la conjunción de su voz y el acordeón expresan al unísono hermosas melodías que enaltecen el momento y contagian de alegrías y sentimientos a los presentes.

Él es un artista histriónico, que logra siempre interesar a la audiencia con las hermosas letras de sus canciones, su gestualidad y sus movimientos corporales únicos. Sus composiciones se originan de cualquier suceso real o imaginario. En su mayoría románticas, dotadas de incomparable sensibilidad, construidas por versos con meticulosas metáforas y adjetivos, ellas trasmiten afecto a las cosas sencillas que en el deambular por la vida encuentra.

En su inspiración evoca al cerrito de las cabras de Patillal, un amor furtivo al viejo Valledupar, a los amigos, al hijo, narra sus desventuras amorosas, etc. En fin, transmite sus sentimientos profundos y la reflexión de alguna situación y luego la expresa en el lenguaje lírico de su absoluta introspección. Aunque en sus canciones le rinde culto al amor, no se circunscribe únicamente a él, también es frecuente encontrar expresiones ligadas a las penas, al fracaso, el miedo, a su tierra, a la soledad, al campesino, al perdón y a sus añoranzas. Estas emociones y experiencias las expresa a través de esmerados versos que construye técnicamente y los adorna con palabras o frases de profundos contenido sentimental que ennoblecen la melodía, en momentos de melancolía o de retozos parranderos.

Video Carlos Vives

Carlos Vives, Gustavo Gutiérrez y Poncho Zuleta interpretan ‘Confidencia’.

‘Tavo’, como le dicen sus cercanos, nació el 12 de septiembre de 1940 en Valledupar, siempre vivió en su casa paterna, situada al lado de la iglesia de La Inmaculada Concepción, en un costado de la Plaza Alfonso López, en el corazón de la ciudad donde se encuentra Santo Ecce Homo, patrono de Valledupar. Su padre, Don Evaristo Gutiérrez Araujo, era hijo de Don Evaristo Gutiérrez Monsalvo y Genoveva Araujo, él era pariente cercano de las familias más reconocidas de la localidad como son los Molina, Villazón, Araujo, Baute, Monsalvo y de Tobias Pumarejo Gutiérrez, autor de ‘Calláte corazón’, ‘Mírame’, ‘El alazanito’, ‘La víspera de año nuevo’, ‘Ojos penetrantes’, etc. Don Evaristo fue uno de los ganaderos importantes de la región y heredó de él la vena musical. Con su amigo inseparable Don Tirso Maya Brujés salió a estudiar a Bogotá en aquellos tiempos de carencia de vías de comunicación, en un largo y penoso recorrido por el río Magdalena. Precisamente fueron ellos, de los primeros jóvenes que estudiaron en la capital.

Evaristo, igual que su hermana, la Madre Capuchina Olga Gutiérrez Araujo, tocaba el piano y el violín, le encantaba la música clásica, se deleitaba con Mozart, Beethoven y Bach. Años después aprendió a tocar el acordeón de botones y se convirtió en el rey de las fiestas y del pilón vallenato, era obligada su presencia en las reuniones sociales de la ciudad. Escuchar a Evaristo en el piano, acompañado de Don Carlos Vidal quien utilizaba un serrucho como instrumento musical para interpretar ‘Cuando escuches este vals’, del compositor mexicano Angel J. Garrido, era uno de los mejores espectáculos musicales que podía escucharse en la ciudad. El legado musical de Evaristo Gutiérrez Monsalvo, abuelo de Gustavo, es extenso, Arturo Molina, genial compositor y guitarrista, padre del Rey Vallenato Cocha Molina y Freddy Molina, autor de las inmortales composiciones ‘Los novios’, ‘Tiempos de la cometa’, ‘Amor sensible’, son también sus descendientes cercanos.

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Gustavo Gutiérrez con su guitarra. 

Si de su padre Gustavo heredó la música, de su madre asimiló grandes bondades que lo identifican plenamente. Mientras su padre, reconocido anfitrión, parrandeaba, su madre Teotiste Cabello Pimienta, se dedicó al hogar formado con su esposo y sus cuatro hijos: Tobías, Marina, Olguita y Gustavo. De esa mujer llena de virtudes y con quien Gustavo mantenía un apego afectivo, aprendió la humildad que lo caracteriza. Con el transcurrir de los años Gustavo entendió que la vida con todas sus vicisitudes se convierte en una larga lección donde el secreto de la sabiduría, el conocimiento y la satisfacción es la vida tranquila.

Gustavo nació con predilección por la música y su entorno fue su estímulo, por esa razón la mayor parte de su tiempo lo dedica a la guitarra y a la concertina. Escuchaba a su padre interpretar música clásica y se extasiaba con la música andina, la argentina, especialmente con ‘Los ejes de mi carreta’ del músico de Atahualpa Yupanqui, y las canciones de Mercedes Sosa. En sus ratos de bohemia escuchaba también ‘El pájaro Chogüí’ del compositor argentino Guillermo Breer, la música gaucha, leía al poeta Jorge Robledo Ortiz, a Rubén Darío, Federico García Lorca, Gustavo Adolfo Bécquer y al escritor español Antonio Gala. Todo ese acervo cultural lo transportaba emocionalmente llevándolo a componer canciones diferentes a las costumbristas de la región. Él, al cultivar con inmensa fascinación el buen castellano y la poesía, ha podido generar su producción musical extrayendo de su guitarra o de la concertina acordes melódicos que acompaña con versos hermosos que contienen figuras literarias.

Aunque se graduó como Administrador de Empresas en la EAN de Bogotá y fue director de la Ocina de Turismo del Cesar, su verdadera vocación ha sido la música. Ha compuesto más de 100 canciones tales como: ‘La Espina’, ‘Cecilia’, ‘Así fue mi querer’, ‘Sin medir distancias’ ,’Calma mi melancolía’, ‘Corazón martirizado’, ‘Tanto que te canto, ‘Lloraré’, ‘Recuérdame’, ‘El cariño de mi pueblo’. Ellas han sido grabadas por los Hermanos Zuleta Díaz, Jorge Oñate, Diomedes Díaz, el Binomio de Oro, los Betos, Iván Villazón, Silvio Brito, Alfredo Gutiérrez, la Billos Caracas Boys, los Melódicos, la Tremenda de Venezuela, Pacho Galán, entre otros. ‘Sin medir distancias’, ‘Camino Largo’, ‘Confidencias’ y ‘Así fue mi querer’, son sus canciones preferidas.

En 1969 ganó el primer puesto de la Canción Inédita en el Festival de la Leyenda Vallenata, con la canción ‘Rumores de viejas voces”, y en 1982 con la canción “Paisaje de sol”. El 46° Festival de la Leyenda Vallenata (2013) le rindió un justo reconocimiento por su contribución a la música Vallenata.

Su humildad le ha permitido ser feliz, es un hombre cercano a su familia y en especial a su querida e inseparable hermana Olguita. Es un ser humano diferente, sin pretensiones de ninguna clase. En sus canciones prevalece el amor tierno y sincero, algunas de ellas se han inmortalizado. En alguna ocación me comentó : “Yo siempre fuí muy autocrítico, borré mucho material y fui un depurador de versos con la ayuda de mi hermana. Cuando sentía que estaba lista la canción, le metía instrumentación”. Solo lo necesario es suficiente para él, su ejemplar actitud le ha permitido tener muchos amigos, ganarse el respeto de los demás y el amor de su familia conformada por su esposa Jenny Armenta y sus dos hijos.

En su reconocida canción ‘Confidencia’ dice: “Gustavo Gutiérrez canta / en Valledupar cuando sale el sol / para comparar este encanto / sólo tu mirar divino mi amor / Si pudiera volver al pasado / en confidencia disfrutaría / de tus besos con mayor encanto / y en confidencia te pediría… “.

‘Confidencia’ en la voz de Carlos Vives: