¡Hay que prohibir la libertad de prensa!

¡Hay que prohibir la libertad de prensa!

14 de Junio del 2012

Mi primera frase de esta columna es muy pensada, digerida, rumiada, taxativa y rotunda: ¡se debe prohibir por ley, el periodismo en general!

Numerosos episodios de la vida nacional nos confirman que, si hay alguna vaina inconveniente para el presente y futuro de este país, es la cacareada y libertina libertad de prensa e información y los tales periodistas independientes, que son su expresión más relajada, atrabiliaria y funesta para el desarrollo armónico de una sociedad donde siempre debe haber un arriba y un abajo, una ley para los de ruana y unos beneficios para los de frac.

Si la justicia se aplicara a quienes de manera inteligente y generosa dirigen al Estado, las empresas y la política, serían los de ruana los que mandarían y eso es nada más ni nada menos que un suicidio institucional. En modo alguno se puede juzgar con la misma vara a un zarrapastroso carterista que a un empingorotado ex ministro, poseedor de la verdad a una hora y a toda hora.

Por esa mezcla de justicia dizque para todo el mundo (una cosa que en este país nunca se ha visto y que no debe ser) con la prostitución sicarial del periodismo, nos están pasando cosas gravísimas. Por mangui anchos y por no tener los calzones bien puestos para ejercer el divino arte de prohibir, máxima expresión del pensamiento y puesta en escena fulgurante del sagrado poder.

Claro, me refiero –entre otros actos impuros de amancebamiento mediático– al caso reciente de la divulgación sucia de la noticia de una supuesta sobrina del manso Presidente Uribe implicada en un supuesto narcotráfico. Por definición todo lo que medio unte o roce a nuestro Supremo Conductor con cosas ilegales ¡es mentira! Que nadie se llame a engaño: un ser procedente del Olimpo, una entelequia cuasi divina como él, nada de lo terrenal lo toca. Un hijo de Zeus encarnado en huesitos y carnitas posee los dones y las dotes eternos de la infalibilidad. ¡Más que el propio Benedicto XVI, que también es uribista pura sangre!

Hace bien su eminencia en responder a los aleves ataques del judaísmo a través de sus trinos en el tal güiter. Y de señalar con su dedo erecto las flacideces morales de esos que él a bien llamado “sicarios” del periodismo. El tal Gonzalo Guillén, una especie de insecto rastrero que hurga en los basureros para encontrar sus denuncias. Y el otro, el tal Daniel Coronell, que basta decirlo, hace parte de la raza esa que negó a Nuestro Señor y lo mandó a ejecutar hace 2.000 años. ¿Si eso no es sicariato, entonces qué?

Lo que el gran paisa ha llamado en su güiter “el Cartel de los Sicarios” se queda corto. En esa organización criminal de extrema izquierda que debe ser un brazo informativo de la FAR, no solo militan especímenes como Guillén y Coronell, sino una multitud agazapada de terroristas del verbo. Están infiltrados en todos los medios y han hecho de las inmundas “redes sociales” covachas y guaridas desde donde, a mansalva, lanzan sus ponzoñas ilegales contra nosotros, medrando en el miasma de su envidia, flotando en el lago pútrido de sus mentes malignas.

Por eso es que propongo que empecemos ya la campaña de ilegalizar a la prensa en general, a la opinión y las expresiones públicas, porque, de no hacerlo, ese ejercicio irrestricto de permitir decir de todo, va finalmente a hacer mella en la pensadera de la gente, que se va a creer tales despropósitos y se nos van a salir del redil y de la olla de teflón en la que andan. Ningún Coronell nos va a quitar la sartén, cuyo mango altivo empuñamos cual gracioso AK 47.

Somos nosotros quienes hábilmente vivimos de la ignorancia y el engaño, claro está, para el bien supremo de la patria. Y no aceptamos competencia alguna. Tenemos y tendremos el emporio de la verdad.

¡Se llenó la copa! Ha llegado el momento de mover todas nuestras fuerzas y capacidad de convocatoria para prohibir la libertad de prensa en aras de la salvación nacional. Cada vez es más necesario dar un golpe para ordenar este lupanar ebrio. Con Congreso o sin él, con o sin Cortes, tendremos que crear el marco para acabar con la pachanga informativa. Y ello implica diversas acciones, algunas de las cuales me permito mencionar.

Encarcelamiento y aislamiento total pre pago y preventivo de todos los periodistas sospechosos de oponerse a la idea única, al único sentir. Son varios centenares de sediciosos que deben ser encalabozados

Cierre inmediato de medios que albergan a dichas serpientes anti uribistas. A mano alzada, veo la necesidad de echarle candado a El Espectador, Semana, Canal Capital, la mitad de El Tiempo, Caracol Radio, El Heraldo, Soho (con Daniel Samper Pizano el peligroso capo del Cartel de las Tetas) , las paginitas terroristas en internet como Razón Pública, Nuevo Arcoíris, La Silla Vacía, Verdad Abierta e incluida esta vaina de KyK (inmolo mi columna en aras del deber supremo) mucha prensa regional y, desde luego, Noticias Uno, que es la ametralladora punto 50 del sicariato periodístico.

Dejar a otros medios bajo observación y censura a las órdenes de un comité de vigilancia y celaduría integrado por José Obdulio Gaviria, Francisco Santos (auto censor) Monseñor Ordóñez, Fernando Londoño y mi persona. Gran trabajo nos espera, pero le haremos honor a los liberadores instrumentos de la tijera y la cuchilla.

Potenciar otros medios como recipientes de la verdad y conductores del sentir popular, tales como RCN Radio, El Colombiano, Fox Noticias, Primero Colombia, Condorito, Cable Noticias, La Noche de RCN…

Multarle la mano que escribe a personajillos que le echan leña al fuego como León Valencia, quien cometiera el mayor pecado, ese de revolverle catolicismo a la guerrilla, teología de la liberación al evangelio, y que ahora, campante, nos investiga a nosotros los líderes y a nuestro exquisitos actores armados que nos auto defienden de nativos y aborígenes.

¡Qué lindo escenario donde la libertad de prensa sea la nuestra y solo la nuestra! Y les aseguro que lo vamos a lograr. Censura es la palabra de estos tiempos. Control el vocablo deseado. Machete implacable a los textos de los sicarios mediáticos.

Uribe no tiene por qué responder a nada. Está más blindado que un tanque Cascabel. ¿Qué culpa tiene de que Jaime Alberto Uribe Vélez, su difunto hermano, se reprodujera y que uno de sus vástagos también reprodujera el tradicional negocio que ha sacado a Colombia de la pobreza y del anonimato? ¡Envidiosos, cascareros, lavaperros!

¿Que Ana María Uribe Cifuentes, y su madre que era la sucursal del finado, están señaladas de pertenecer al Cartel de Sinaloa? ¿Que lavaron? Y entonces, ¿tenían que quedarse en la mugre calle?

Uribe no tiene la culpa de nada. Ni de eso, ni de helicópteros, ni de licencias en Aerocivil, ni de Aros, ni de convivires, ni siquiera de sí mismo. De nada ¡carajo, de nada! ¿Entendieron sicaritos?

Dice nuestro Supremo: “La relación sentimental diferente que hubiera tenido mi hermano sería de su fuero íntimo y me es ajena”. Eso y todo lo demás ¡Le es ajeno! Las zonas francas, los doce apóstoles, la para política, etc., son palabras o frases que jamás podrán volver a pronunciarse públicamente.

Los periodistas que no obedecen son hijos del diablo. ¡Que regresen todos al infierno del silencio!