José Ordóñez: 30 años haciendo reír

José Ordóñez: 30 años haciendo reír

11 de mayo del 2017

El primer chiste que me aprendí en la vida –y uno de los pocos que recuerdo–, se lo escuché a este hombre: José Ordóñez. Entonces él intentaba batir el récord mundial. Pasé toda una tarde, mientras dibujaba la célula y aprendía sus partes, oyéndolo. Desde mi primaria hasta la universidad he repetido el mismo cuento una y otra vez. Con los años he perdido la gracia. No es lo mismo un chiste contado por un niño de ocho años que por un hombre que llega, como yo, barbado y serio, con una panza mal disimulada, a los 30.

“Estaba Benito en clase de geografía.
–Haber Benito –le pregunta la profesora–, ¿Dónde queda el Chimborazo?
–El Chimborazo –responde Benito–, queda debajo del ombligazo”.

Suenan grillos. Pasa una bola de pasto. Alguien tose. No se ríe nadie. Ya no tengo gracia. Sin embargo, José Ordoñez, que lleva 30 años contando chistes, sí la tiene. No la ha perdido. Quizás eso sea lo más importante a la hora de hacer humor: tener gracia siempre.

Hacer reír es difícil. Es más fácil hacer llorar; pero mejor irse por el camino de la risa que por el de la tristeza. Incluso, a pesar de la tristeza, poder hacer reír. Esa debe ser una virtud única, incomparable. Y él la tiene.

Su vida no ha sido sencilla, como sencilla no ha sido la vida de nadie. Cada quién sortea esas vicisitudes de formas diferentes. José Ordóñez lo hace con humor. Y así, según él, ha sido siempre. Nació con esa capacidad. Desde que estaba en el colegio ya daba sus primeros pasos en el complicado camino de hacer reír a los otros.

Con nostalgia pero sin dolor –aparentemente–, comenta sobre lo difícil que fueron sus primeros años.

Es hijo de un latonero y de una vendedora ambulante que lo criaron con dureza. “Eso marcó mucho mi vida –dice–-. Yo aguanté muchas necesidades. De hecho, abandoné los estudios. Hice hasta tercero bachillerato. Fui vendedor ambulante, vendía gelatinas de pata ahí en el Colsubsidio de la 24 con 64”.

Dedicaba, sin embargo, un momento para su sueño, que desde ya era el humor: Llevaba un “radiecito de pilas” para escuchar Las aventuras de Montecristo, un programa que salía a mediodía. Reconoce que su papá lo inspiró. “Obviamente tuve personas a las cuales emular, como Guillermo Zuluaga Montecristo.

Ahora, más de treinta años después, habla de esa época con la propiedad que le ha dado la experiencia. Dice que el humor es cosa de “tener la capacidad”. Hay muchos que creen tenerla, pero, la verdad no la poseen. Decir tonterías, en realidad, dista mucho de hacer humor. Lograr que le gente se ría es cosa seria.

Foto: Youtube

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Ha hecho humor siempre. Sin embargo, su carrera –la carrera que podríamos llamar “oficial”– empezó en el año 1987 cuando se presentó a Sábados Felices. Quedaba siempre en segundo lugar. Tuvo que intentarlo tres veces, hasta que en 1988 logró el primer puesto. Ganó un Renault 4 último modelo.

Semejante felicidad, porque él no se había ganado nada nunca, se convertiría luego en uno de los episodios más oscuros de la vida de José Ordóñez. Acordaron con su padre vender el carro y comprar un taxi. Sin embargo, fueron estafados por un concesionario fraudulento y perdieron la plata del premio.

“Mi primera intentona de ir a Sábados Felices, y que me ganara el carro, y que me robaran el dinero del producto de vender ese carro: yo decidí que no iba a ser comediante entonces. Gracias a Dios conocí a mi esposa; y mi esposa fue como la artífice de que yo nunca abandonara la comedia. Que nunca dejara de ser eso que hoy en día, 30 años después, soy”.

“Yo siempre fui muy malo para estudiar –confiesa–. Pero no muy malo para aprender. No me podía adaptar al sistema prusiano de estar desde las 6 de la mañana sentado en una escuela hasta las 12.  Estar ahí es complicado para personas como yo. Hubo un momento en que dije si yo no voy a estudiar, si yo no seré bachiller voy a dedicarme a algo que no necesite necesariamente tener un título”.

No significa que para el arte de la comedia no haya que estudiar, que preparase. Pero en José Ordoñez la comedia es innata. “Los comediantes nacen; tienen la capacidad desde niños de serlo”, dijo.

José admite, sin vanidad pero sinceramente, que es un comediante integral. Hace falta repetir que para hacerlo hay que estudiar mucho. “Yo sé editar, sé musicalizar, sé hacer efectos especiales; yo mismo escribo mis libretos: nunca he tenido alguien que me escriba; yo conozco de medios, conozco de redes; estoy estudiando todo el tiempo; me la paso viendo tutoriales, emprendiendo, haciendo, soñando”.

Foto: Youtube

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Durante los primeros años de las década de los 90 hizo parte del elenco de varios programas de televisión: ‘No me lo cambie’, por ejemplo. También trabajó como guionista para La Locotomora, programa radial juvenil emitido por Radioacktiva.

En 1995 se arriesga a hacer su propio programa. Así nació Ordóñese de la Risa. Quizás sea por eso por lo que más lo recuerdan los colombianos. Creó personajes que son, sin exagerara, inolvidables para una generación completa: Benito, el niño curioso y revoltoso de preguntas incisivas; Gallotapao, el ‘gamincito’ que se las arreglaba para sobrevivir; el ‘Búcaro’, sufrido hincha del Atlético Bucaramanga al que maltrataba su mujer; Pablo ‘Remalas’, desafortunado hombre a quien la mala suerte perseguía para todos lados.

Y así fue como José Ordóñez conoció la fama. Su programa, emitido los sábados a las 7:30 de la noche marcaba niveles altísimos de rating. A la gente le gustaba reír. Reírse con José; reírse de José.

Desde 1993 empezó a intentar batir récords mundiales de contar Chistes. La primera aventura fue de 24 horas. Poco y casi que cada año subía la cuota: 26 y 36 horas en 1994; 50 en el 96; 60 en el 97, y así. En 2014 hizo 86 horas. Lleva, en total, algo más de 1500 horas.

Si no fuera humorista sería locutor deportivo, narrador: “algo que tuviera que ver definitivamente con mi voz y con los medios”.

En 1998, quizás agobiado por la fama, y siguiendo el camino de su fe, dejó las cámaras, las tablas, la televisión, y se entregó completamente al cuidado de su familia, que es su motor para hacer todo. Entonces decidió poner una pausa a su carrera profesional. Defender 43 puntos de rating no era una tarea para cualquiera. Todo eso estaba acabando con su vida.

Ahora estará de gira, en la que recordará cómo ha sido su proceso de crecimiento en el humor, desde que estuvo en Sábados felices en 1987. Empieza el 13 de mayo, en el teatro Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá. El show se llama ‘Tan macho como mi mamá’, y también tendrá fechas en Cali, Armenia, Manizales y Medellín.

Como tal no “abandonó” la carrera. Se dedicó, más bien, a darle prioridad a su esposa, a sus hijos. “Gracias a Dios que me pude devolver a ver crecer a mis hijos, a disfrutarme a mis cuatro hijos, a disfrutarme a mi esposa. A disfrutar de una familia, de un hogar”.

Ahora, cuando ya se permitió ese lujo que no se da cualquiera, muestra interés de volver. Aunque puede que no vuelve quien no se ha ido nunca. Y José Ordóñez siempre ha estado. “Ordoñese de la risa nunca se ha ido. Ordóñese de la risa siempre ha estado. Ordoñese de la risa, ahora sigue en YouTube. Y nunca se ha ido porque la misma gente se ha encargado de mantenerme de boca en boca. Si tú tienes un vídeo con más de un millón de reproducciones, hecho hace 25 años, eso es un lenguaje; eso quiere decir que la gente no te ha olvidado. Yo creo que tengo la capacidad, ahora que termine un proceso familiar, y en dos años volver y seguir haciendo Ordóñese de la risa”.