‘La gigante del cibersexo’ se despide del porno

‘La gigante del cibersexo’ se despide del porno

10 de Abril del 2012

Anita Toro, la gigante del cibersexo, famosa en el mundo del porno por tener un kilo de silicona en los senos y con tan solo 21 años, ha decidido retirarse de los medios después de tres años de reinado. Cerró su website debido a que sus fans no estaban accediendo a los servicios que allí se ofrecían. De alguna forma estaban siendo estafados sin que ella pudiera hacer nada al respecto. Esta es la excusa que justifica su retiro.

De inmediato, Anita creyó que sus 110,868 seguidores dejarían de seguirla en Twitter, pero este no ha sido el caso. Anita Toro ha logrado que el interés de la gente vaya más allá de lo que a simple vista ofrece de sí misma. No cree que vaya a extrañar sus días de exhibición en internet, puesto que solo viajaba a Cali un fin de semana, de vez en cuando, a grabar. Tampoco lo hacía por obtener atención, su vida no va a cambiar. Quienes la seguimos en Twitter hemos notado que desde hace unos meses twittea menos, y sus trinos son cada vez menos explícitos y agresivos. Algo está pasando con Anita, empieza a convertirse en una mujer con intereses diferentes.

De momento quiere dedicarse por completo a su carrera, a la que tiene muy descuidada. Estudia Comunicación y Lenguas Audiovisuales en la Universidad de Medellín, donde cursa su segundo semestre. Hoy ésta es su única meta, aunque sueña con una familia, hijos y sus perros. Actualmente, su marido y ella están haciendo los trámites para sacarle a Anita la residencia norteamericana, y a veces coquetean con la idea de irse a vivir a Estados Unidos.

Para su cumpleaños, Anita organizó una fiesta con una temática inspirada en el álbum Circus de Britney Spears, a quien considera una guerrera, y es su artista favorita, aún más que Madonna. Cuando le pregunto si ella misma no es también una guerrera, se queda callada y me dice que la he corchado. Anita Toro no sabe que es una guerrera, o quizá su pasado es tan doloroso que lo ha borrado de su mente, y ha olvidado que toda su historia es prueba de que es una guerrera como pocas. Cree que todos lo somos, de algún modo. La verdad es que entre muchos, la guerrera es ella.

Anita Toro llegó al mundo a un hogar triste, en Bello, Antioquia. En una entrevista realizada por la revista Don Juan en junio de 2011, le contó a Mauricio Silva parte de su pasado. Su papá era adicto al bazuco y su mamá una esquizofrénica que debió ser internada cuando ella tenía solo dos años. Tiempo después, cuando perdió primero de primaria, su papá la entregó a un hogar infantil de donde Anita comenzó a escaparse a los once años hasta que la echaron definitivamente, y su padre la mandó a ocuparse de sí misma. A sus catorce años, con tanta libertad y sin límite alguno, no fue difícil que cayera en las manos de un hombre que se aprovechó de ella, la drogó y la violó. Después se fue con una de sus primas para Cartagena, y allí estuvieron acompañando a dos italianos que les pagaron dos millones de pesos, a cada una, más hotel y comida. Cuando los hombres se fueron, ambas mujeres terminaron trabajando en un burdel, hasta que un día llegó el CTI y sacó a Anita de debajo de una cama para hacerle exámenes y determinar si era virgen o había contraído alguna enfermedad sexual. Vivió dos semanas en un centro de abuso infantil, y cuando salió, volvió a trabajar pero esta vez exclusivamente a domicilio, entre Medellín, Bogotá y Cartagena, ganándose entre 800 mil y dos millones de pesos.

‘La gigante del cibersexo’ cerró su website debido a que sus fans no estaban accediendo a los servicios que allí se ofrecían.

El dinero que se ganaba no era suficiente, Anita soñaba con enamorarse y tener un marido que la sacara del mundo en el que vivía desde hacía tanto tiempo. Así conoció a un joven norteamericano que le presentó a su papá, Alan Menkes, un cardiólogo californiano muy exitoso de 63 años. Fue amor a primera vista y, a los 17 años, la joven se convirtió en Anita Menkes. Junto a este hombre, que la apoya en todas sus decisiones y muere por ella, a Anita le cambió la vida para siempre.

Cuando tenía 18 años, una amiga le pidió que la dejara filmar unas escenas sexuales en su apartamento. Ella aceptó y además se animó a participar. El video se volvió muy popular en pocas semanas, y a Anita le dieron ganas de agrandarse los senos, así que se hizo una cirugía –pagada por su marido- que terminó llamando la atención de otro director. Muy pronto Anita tendría su propio website y un pequeño imperio del ‘porno vainilla’.

Se declara feliz, porque su vida es muy tranquila y para ella la tranquilidad es felicidad. Sus mascotas le dan felicidad, dice que la entristece la injusticia y la pone brava un trancón.

Después de que la hubieran obligado a rezar el Rosario durante toda su niñez, hoy en día no cree en Dios. Cuando tuvo la oportunidad de ir a Jerusalén a conocer “La tierra santa”, en un viaje de tantos que ha hecho alrededor del mundo con su marido, se llevó una gran decepción con la “gran mafia, la más grande del mundo”, como ella la llama. Anita se refiere al hecho de que para ir a conocer el lugar donde resucitó Jesucristo hay que pagar, y hay que pagar mucho. Es un gran negocio, y fue lo que ella necesitó para perder la fe.

No considera que le haya cambiado la vida desde que se volvió famosa, su vida sigue siendo la misma. La gente no la reconoce en un centro comercial, pero quizá sí en una discoteca. Por ahora no le interesa hacer un reality de su vida, después quién sabe.

Así como cuando después de probar marihuana alguien comienza a consumir drogas más pesadas, y después no se vuelve a sentir nada con la marihuana, me pregunto si teniendo tantas experiencias en la industria del porno, aún puede disfrutar de una relación sexual sencilla. Anita considera que nada de lo que ha hecho es hardcore, por lo que no tiene ese problema.

No se arrepiente de nada, y no sabe cómo reaccionaría si en un futuro una hija suya le dice que quiere seguir sus pasos. Pero sí tiene un consejo para las jovencitas que quieren hacer porno en internet: “Lo más importante no es con quién trabajen o cuánto ganen, lo más importante es querer hacerlo y poder hacerlo. Lean bien todo lo que firmen. Y no se crean el cuento de que no las van a ver porque en internet todo está al alcance de un click”.

Nada queda de la niña huérfana del hogar infantil, Anita Toro tiene las riendas de su vida y hace con ella exactamente lo que quiere hacer. La vamos a extrañar.