Con los tacones puestos, Duina del Mar puede hacer más de 21 toques sin dejar caer el balón. Una de sus pasiones es jugar al futbol en las noches, pero no con equipos femeninos sino en encuentros junto a hombres. Juega de volante de creación, lanza pases certeros y les pone ritmo a los partidos.
Sus pies son pequeños, calza 35. Sus piernas moldeadas son el resultado de nueve años como patinadora profesional. Llegó a integrar la Selección Colombia de este deporte. Mueve sus anchas caderas como olas cuando practica capoeira. Tiene un abdomen definido, con dos líneas que obligan a quien la mira, observar hacia otro lado. Formó unos brazos fuertes y marcados practicando la escalada profesional. Sus manos, en cambio, son delicadas, pero capaces de hacer desaparecer y aparecer monedas. Sí, también estudió en las Escuela de Artes Mágicas. Pero no es ni deportista, ni bailarina, ni escaladora, ni maga. Lo que mejor hace Duina es cantar.
Duina siempre se sienta en posición de meditación, cruzando las piernas. Habla suave. Sus ojos brillan cuando recuerda la primera vez que cantó delante de su papá y de sus amigos del colegio.
—¿Por qué no vienes a cantar esta tarde?, —le dijo un día su padre.
La suya no es la típica familia colombiana. Sus padres se conocieron cuando tenían 16 años. Un día emprendieron un viaje por Sudamérica en el que se apasionaron por el medio ambiente, las culturas indígenas y, sobre todo, por aprender y enseñar. Estando en Bolivia volvieron a bautizarse. Él se puso Jahuira, rio; y ella Pankarita, flor. Sus hijos también heredaron su amor por el universo. El hermano mayor de Duina se llama Sadhu, sol; su otro hermano Suami, caminante. El nombre de la niña de los risos de mil colores, Duina, en lengua guaraní es el momento exacto en que los rayos del sol tocan el agua y la tierra para formar un arcoíris. También significa diosa negra del amor.
La primera vez que la escuchó cantar frente a él, su padre advirtió que ese talento era el que debía impulsar en su hija, pero siempre tuvo presente que ella podía elegir su propio camino. Así la educaron, siguiendo el concepto de IDEAS, el colegio que ellos fundaron en 1970. Un laboratorio artístico donde los niños explotan sus potenciales al máximo.
—Siempre debes sorprenderte y dejarte sorprender por lo que te gusta, —le decía Jahuira.
En el salón de artes de aquel colegio, ubicado al occidente de Cali, Duina se iba apasionando por el mundo musical. Entonces empezó a combinar los entrenamientos de patinaje con clases de piano junto al maestro Juan Pablo Rentería. La vena musical de su padre ya se le había despertado.
Cuentan sus amigos de la Liga de Patinaje del Valle del Cauca que Duina era primera en llegar y la última en salir. Entrenaba de 4.30 a.m. y a 6.00 a.m. Mientras tanto, aprendía a tocar piano con facilidad e interpretaba piezas de jazz que dejaban con la boca abierta a su profesor.
Después del colegio y de las sesiones de piano, ingresó a la Escuela Piazzola para aprender a bailar tango. Gloria Castro, directora de la escuela, la impulsó para que dictara clases de tango contemporáneo, debido a los movimientos nuevos que le imprimía al baile. La chispa de su madre, que fue bailarina profesional, se había despertado en ella.
—Me gusta el baile, el movimiento, la expresión del cuerpo que dibuja historias —dice Duina mientras se recoge el pelo.
A principios del año 2004, con 13 años, ingresó a la Escuela de Bellas Artes y cambió las clases de piano por las de técnica vocal. Una tarde cantó a voz en cuello ‘La Alpargata’, una canción escrita por su padre: gustó tanto que le sugirieron grabar 12 de las más de 300 canciones que ha escrito su padre. No aceptó, no era el momento, pero el proyecto siempre ha estado presente en su vida.
Los ritmos afro se escuchaban en cada rincón de su casa. El Currulao, el Bunde y la Jota se fusionaban con la Cumbia y el Bullerengue. Montaban a ritmo de Calipso una de sus canciones preferidas, ‘Madrugada fiel’, que su padre compuso cuando en sus ojos empezaban a apagarse las imágenes y los colores. Ahora Jahúira sólo ve siluetas.
http://youtu.be/Xi41wa18HEoSu sensibilidad musical la llevó a salir de Colombia. Como en su casa nunca ha recibido un no como respuesta, decidió emprender un viaje sola hacia Nueva Orleans, Estados Unidos. Allí se enamoró del jazz, un género musical que está presente en todas sus composiciones. Su mente se llenó de ritmos de Blues y Gospel. En su iPod no pueden faltar artistas como Sarah Vaughan, Nina Simone, B.B. King, Louis Amstrong, Ray Charles y su preferida, Aretha Franklin.
—Madre, padre, voy a estudiar música con énfasis en Canto Jazz —les dijo Duina mientras se comía las uñas.
Siete semestres en la Universidad Javeriana de Bogotá bastaron para convencerla de que ese era su rumbo. Con su hermano Suami, percusionista, armó su propia banda. Como no se podía quedar quieta, comenzó a practicar capoeira, los movimientos le daban lo que le faltaba a sus pulmones. En pocos meses aprendió a tocar el Birimbau, Atabaque y Pandeiro.
En enero de 2010, un amigo la llamó para hacer un casting en FOX TeleColombia. La eligieron para representar un personaje en la serie ‘Sexo, Mentiras y Video’. En el rodaje conoció a Juan Carlos Vargas, quien la escuchó cantando y le dijo que un amigo suyo estaba buscando a alguien como ella. Vargas se refería a Andrés Recio, productor musical de Paulina Rubio, Nelly Furtado y ex road manager de Juanes.

Recio, entonces la escuchó cantar después de una comida en casa de Vargas. Le auguró un gran futuro y le recomendó que compusiera mucho. Un día de febrero la llamó. Duina lloraba al otro lado del teléfono. Recio preguntó por qué estaba triste, ella le confesó que había conocido el desamor. Después de un largo silencio, Recio le dijo que colgara, tomara su guitarra y compusiera algo. A la semana siguiente, Duina le envio una canción titulada ‘Te vas’. Cuando éste la escucho, tomó su celular y llamó al productor canadiense Chris Smith:
—Chris, tienes que venir a Colombia, encontré algo que te va a fascinar —le dijo el colombiano.
Era una tarde soleada de marzo. Duina y su hermano tomaron un taxi para llegar a Cuatro Cuartos, un lugar de ensayos que alquilan músicos y grupos bogotanos que no cuentan con un espacio para practicar. Aquel jueves, habían pactado una cita a las 5.00 p.m. con Recio y Smith. Los jóvenes llegaron una hora antes para que no fallara ningún detalle. Pero cuando la artista subió al escenario, el disco duro que contenía las pistas falló.
Duina comenzó a improvisar sin miedo. Le dijo a su hermano que le prestara la guitarra. Entonces, se puso de pie frente a los dos managers y cantó tres canciones seguidas. Ellos no pronunciaron palabra. La caleña le dijo a Suami que pusiera algo de música brasileña y comenzó a bailar. En ese momento los dos cazatalentos se miraron, asintieron con sus cabezas y sellaron un pacto tácito: iban a trabajar con esta mujer que andaban buscando desde hace mucho tiempo por todo el mundo.
Un año y medio después de trabajo diario, perseverancia y paciencia, los productores tienen listo el primer álbum de la cantante. Han armado una estrategia de marketing que se lanzará el próximo año. Los pocos que han visto a Duina dicen que tiene el talento de Shakira.
Mientras tanto, la polifacética Duina del Mar rueda un cortometraje junto al director Carlos Varela, acaba de hacer la banda sonora del film ‘Sin retorno’, estudia magia, escribe melodías, edita los videos de sus canciones y va a jugar futbol los lunes en las noches. Y canta.
http://youtu.be/jHFnafaltwA
