A los adictos hay que fumigarlos

Jue, 20/09/2012 - 06:49
Acudo nuevamente al maestro Charles Darwin y a su “selección natural” para apoyar mi crítica-diatriba contra la última bestialidad cometida por el alcalde de Bogotá, el encachuchado Gustavo Pe
Acudo nuevamente al maestro Charles Darwin y a su “selección natural” para apoyar mi crítica-diatriba contra la última bestialidad cometida por el alcalde de Bogotá, el encachuchado Gustavo Petro, quien se ha sacado de la gorra la creación de los tales Camad, Centros de Atención Médica para Adictos, que no son nada distinto a una olla móvil distrital, a un fumadero de “susto”. Y recurro a las tesis de la selección natural, porque ellas indican que los individuos frágiles, menos hábiles y sin duda inferiores, deben desaparecer para que la gente decente, fuerte, bien nutrida y de inteligencia y físico superior, perdure y crezca como estandarte de la especie y la raza. Todos esos mariguaneros, embalados y empericados que invaden nuestras calles con sus vergüenzas e inmoralidades, no son otra cosa que el detritus de la sociedad, la caca en la base de la pirámide, las clases inferiores. La organización social debe coadyuvar a la desaparición física y natural de tales lastres. No estoy pidiendo que los eliminen (como debería ser, si este fuera un país serio y sin pendejadas sensibleras y manguianchas) sino que los dejen morir en su hábitat, en la calle que han escogido para robarnos y para ejercer su decadencia, que no puede ser la nuestra. ¿Qué de malo tiene que seres postergados y que escogieron ese camino, se les dé la libertad de adquirir pulmonías y demás infecciones, o bien que se contagien de enfermedades sexuales? Y mucho menos grave es que como resultado de sus pecaminosas andanzas les pase lo que les pasa; es decir, que se apaguen en la calle. Lo que si se debería tener es un sistema apropiado para recoger esos restos, esos despojos y meterlos de una vez por todas debajo del tapete. Dicho esto, la naturaleza en su sabiduría los ha escogido para ser desechables y en consecuencia desaparecer pronto. ¿Quién es Petro, un truhán, un ex bandido de esa banda de colinos que era el M19, para cortar los ciclos naturales, para oponerse a los designios divinos del paso al infierno sin escalas de dichos ñeros? Una vez más viola las leyes del Altísimo. ¡Que el procurador reloaded lo investigue y lo eche a baculazos del cargo que nos asaltó! ¿Cómo se les ocurre decir que esa gentuza está enferma? Las enfermedades son cosas importantes, que le dan a la gente de alcurnia. El pueblo no se enferma: decae naturalmente. La drogadicción, por Dios, no es una enfermedad sino un vicio. Ellos no son víctimas. Las víctimas somos mostros quienes debemos no solo soportar el verlos vivir, sino su mal olor. Qué les van a dar droga: ¿más? ¿De su propia medicina? ¿El Estado narco facilitador del vicio? Ni más faltaba. Eso además de inmoral, es como gastar Pólvora en samuros. Y si se trata de pólvora, ¡pues bala señores! La única solución a todo en este país es la represión, el bolillazo, el maltrato. ¡A ver si aprenden! Que la policía les dé en la jeta cada vez que los sorprenda soplando. Ese si es un tratamiento eficaz, y no los pañitos de agua tibia revuelta con narcóticos. Además, lo de los Camad es por demás lesivo del negocio tan interesante de la salud. Es puro asistencialismo y populismo, como todo lo del Petro, que debe ser pariente del burro mocho, el Noel. Se está atentado contra el derecho a la inversión y a los beneficios de las EPS, de las Ars y hasta del Sisbén. Todos esos “tratamientos” regalados, por lo menos deberían estar sujetos a las limpias normas de la ley 100. Toda esa plata se le debería dar a los privados que podrían tener hasta el control de las ollas y ganar porcentajes de esa atractiva inversión, donde finalmente se vende droga. Las ollas mismas, que le garantizan el sustento a tantos ciudadanos en la loable marginalidad del rebusque, se van a ver afectadas también. ¡Más desempleo! Y seguro tienen razón quienes dicen que detrás de esa vaina están laboratorios que le van a vender al Petro placebos para embaucar heroinómanos. Por donde se les coja, los Camad son inconvenientes, inviables comercial y moralmente inaceptables. Los adictos son pecadores y como tales deben purgar aun en vida sus excesos. Propongo que en lugar de Camades, en los sitios de acumulación de ñeros y de ventas de drogas, se instalen muchos confesionarios, donde amables curas y padres de la iglesia, logren si es necesario a la brava, las confesiones de estos cernícalos, que es la única forma de sacarlos, aunque sea por raticos de la culpa y del pecado. Que construyan una catedral en el Bronx. Ya Pablo Escobar lo hizo… Los Camad deberían ser Centros arzobispales y misioneros para la penitencia. Dizque solo el pueblo salva al pueblo. Ni siquiera a Dios, que es más o menos justo –depende de cómo uno lo interprete– le interesan esos descarriados. La platica que nos han costado esas busetas llenas de oenegeros y caguaneros, debería usarse en darle un subsidio a Fenalco, atropellados sus miembros por la peatonalización de la Séptima, que es de ellos, carajo, y de nadie más. A mí eso de la “vía pública” siempre me ha parecido un avance del comunismo. Todo lo público y popular es en últimas terrorista. Máxime cuando la calle, que es la extensión de lo privado, ha sido invadida justamente por esa gleba narcómana. Lo que hay que hacer con los adictos es lo siguiente: dedicar a la Fuerza Pública (otra estupidez por que de algún modo es y debería ser privada) a que instale retenes en toda la ciudad, los agarre y recoja volquetadas de desechables (lindo nombre acuñado a mucho tiempo precisamente por la Policía). Y que una vez congregados por ejemplo en El Campín, se les dé una buena y terapéutica lavada a manguera. Una vez hecha esta benigna limpieza social (porque a la otra tampoco hay que descartarla, con lo eficiente y positiva que ha sido) hay que organizar a los 30 o 40.000 viciosos en brigadas de trabajo forzado, para que colaboren voluntariamente con el saneamiento, recogiendo desperdicios. Nos evitaríamos, de paso, que el Petro, como lo ha previsto, nos vuelva a estatizar a las empresas de basura y nos quite el negocio. Además se van a auto recoger, como basura que son. Y si por ejemplo, desempeñando esta ciudadana labor caen en crisis de abstinencia y se ponen mal, pues que les den chirrinchi o chicha que eso los quita las ganas de bazuco y las de joder. Sanar guayabos es más fácil que tratar adictos. Queda, por supuesto, la sensata posibilidad de fumigarlos. Experiencias defoliantes el país ha tenido muchas y muy buenas. Petro es un alcahueta. Seguro hasta les da cédula para que voten por él. Bien sabemos, como dijo el santo Ecce Homo Alejandro Ordóñez, que se la fumó verde. Esa indiada es incurable. Razón tiene también el concejal Juan Carlos Flórez cuando dice que “no es razonable ni justo que teniendo Bogotá grandes necesidades y carencias despilfarremos los impuestos en comprarle drogas a los adictos". Si el problema es la gente de la calle, pues que les echen asfalto y concreto, a lo Peñalosa. Flórez está llamado a grandes posiciones dentro del sagrado mundo de la derecha sin culpas ni complejos. Doña Matilde de Caspa , mi legítima consorte, quien supo educar bien en la senda católica a nuestras hijas Laureana y Obdulia, me ha dicho: “mijito Godis, escriba que para no tener hijos adictos lo mejor es el fuete con ortiga, el cinturón de castidad y el agua con granizo”. Amén. PS: Monseñor Ordóñez: retractarse es equivalente de apostasía. No juegue con el fuego del infierno.
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