Los batazos de Rentería

Los batazos de Rentería

2 de noviembre del 2010

Edgar Rentería es héroe aquí y allá. Acaba de ser nombrado jugador más valioso de la Serie Mundial y es adorado por los hinchas de los Gigantes, pero cada vez que termina la temporada, pisa Barranquilla para ser el Edgar de siempre. Pese a ganarse unos diez millones de dólares al año, a Rentería la fama no lo ha hecho perder el norte. Va al gimnasio así esté en vacaciones, no protagoniza escándalos y hace obras benéficas como regalar juguetes a niños enfermos, pero no espera reconocimiento por ello. Sus días de vacaciones en la capital del Atlántico se le van jugando parqués y dominó con sus amigos en Tercera base, un lugar muy cerca al Tomás Arrieta, el estadio de béisbol de Barranquilla, a pocas cuadras de Montecristo, el barrio donde nació.

No deja de ser curioso que su mejor año haya sido también el más difícil: constantes lesiones le hicieron perder más de la mitad de la temporada que acaba de terminar, por lo que el siete de agosto pasado, fecha de su cumpleaños, le dijo a los más cercanos que este sería su último año como profesional, que estaba cansado y que su cuerpo no daba más. Hoy, apenas tres meses después, es el hombre del momento y está a punto de firmar con San Francisco un contrato por once millones de dólares anuales.

Rentería ha hecho una carrera constante, sólida y exitosa lejos de la prensa y de los escándalos. Poco se sabe de él afuera de los diamantes de béisbol. Se conoce, por ejemplo, que tuvo un romance con la también barranquillera Sofía Vergara, de quién compró un brassiere por cuatro mil dólares en una subasta en Miami. Se sabe también que le gustan los carros, que le regaló un Hummer a su hermano Edison, y que el propio Edgar llevó alguna vez a Barranquilla un Ferrari amarillo que causó sensación, aunque por el color no faltaron los despistados que lo confundían con un taxi.

Pero el verdadero Edgar no es el de los carros de cientos de miles de dólares ni el de la ropa íntima de las divas de televisión. Lo suyo es seguir jugando bola de trapo con los amigos y pasear por las calles de Montecristo, donde todas las tiendas le dejan cuenta abierta para que consuma lo que quiera. En Barranquilla, y en Estados Unidos también, saben que Rentería siempre ajusta cuentas. Si no lo cree, pregúntele a los Rangers de Texas.

El hombre que acaba de definir la Serie Mundial de Béisbol con un homerun de tres carreras pasó su infancia cerca de los guayos y lejos de los bates. Edgar era un pequeño que se la pasaba jugando bola de trapo en las calles de Montecristo, y era tan hábil que un día unos ojeadores del Junior, equipo profesional de la ciudad, lo invitaron a que se probara en las divisiones inferiores.

El padre de Edgar había muerto cuando él tenía un año, por lo que su figura paterna era su hermano Edison, que alcanzó a jugar en la Triple A, el último peldaño antes de llegar a las Grandes Ligas. Edison siempre trató de que jugara béisbol, pero Edgar seguía usando los pies en vez de las manos. Así, en contra de la voluntad de su hermano, el menor de los nueve hijos de Visitación Herazo salió una mañana rumbo a la cancha que tenía Junior cerca a la fábrica de Conservas California, dispuesto a convertirse en un futbolista de éxito.

Lo que no pudo hacer Edison lo logró el destino, porque Edgar se perdió en el camino, nunca encontró la cancha y se devolvió a su casa lleno de rabia a jugar bola de trapo con sus amigos en la mitad de la calle. Ese día murió Edgar Rentería futbolista y nació quizá el mejor deportista que ha dado Colombia.

Nacido en 1975, Edgar juega en Estados Unidos desde los quince años y debutó con 21 en las Grandes Ligas con los Marlins de la Florida, un equipo de expansión, nombre que la da la MLB (que regenta el béisbol de Estados Unidos) a las nuevas franquicias.

Rentería es un hombre serio, tímido, profesional, lo que le ha permitido mantenerse por quince años en la élite del béisbol. A los 22 años definió con un batazo la Serie Mundial entre los Marlins y los Indios de Cleveland, y ahora, trece años después, acaba de repetir la hazaña con un homerun de tres carreras que le dio a los Gigantes de San Francisco un título luego de 56 años de espera.

Haber dado el batazo ganador en dos Series Mundiales es algo que en 107 años de béisbol profesional solo habían conseguido tres hombres: LouGehrig, Joe Dimaggio y Yogi Berra. Los tres jugaron para los Yankees de Nueva York, y los tres están en el Salón de la Fama. Quizá Rentería no juegue nunca para los Yankees, pero un lugar en el Salón de la Fama del béisbol, a donde solo llegan los mejores, no es descabellado.