No se muera sin verlos

No se muera sin verlos

27 de diciembre del 2010

A María Cristina Lamus siempre le ha gustado viajar. Hace más de treinta años, durante un recorrido por la antigua Unión Soviética, en la ciudad de Samarkanda, un hombre que leía la mano le dijo que iba a conocer el mundo entero.

De Colombia ya conoce todo, gracias a la propuesta que le hizo el Grupo Planeta para ser la autora de unas de sus guías de “cierto número de cosas sobre algo”. Ya existen en el mercado 365 días para ser más culto, 99 preguntas claves sobre sexo y amor y Los 1.000 lugares que ver antes de morir.

María Cristina recorrió durante seis meses el país de punta a punta para elegir los 333 destinos que saldrían en el libro. Cuenta que una de las cosas más difíciles fue hacer esa selección y luego escribir sin caer en el lugar común obvio de la guía turística donde todo es “espectacular” y “maravilloso”.

El destino que da inicio al libro –organizado por orden alfabético- es el Amazonas. ¿El plan? Navegar por el río, conocer el parque Amacayacu, ver nadar a los delfines rosados y no dejar de visitar Puerto Nariño, un pueblito con un modelo de sostenibilidad ambiental donde las calles empinadas son sólo para caminar, porque está prohibida la circulación de vehículos.


Hotel en Amacayacu

El último es el Festival del Mono Nuñez en Ginebra, Valle del Cauca, un evento creado hace veintiséis años que en 2003 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación. Un concurso recomendado para los amantes de la música en donde se escucha la identidad cultural andina.


Delfines rosados del Amazonas

Entre la A y la V están los otros 331. Uno de los más surreales, según María Cristina, fue Caño Cristales, en el Meta. Un río en la Serranía de la Macarena “de la más rara belleza que se pueda descubrir”. Tiene aguas cristalinas con visos rojos, verdes y amarillos. Un espectáculo de la naturaleza que ella califica como “impresionante y único”.

Otro de esos lugares que le causaron una grata sorpresa fue El Carmen de Ocaña, en Norte de Santander, un pueblo colonial a seis horas de Cúcuta que queda entre las vertientes de río Catatumbo y el Magdalena. Sus casas blancas contrastan con la reserva forestal que la rodea. Una visita infaltable es la iglesia con reminiscencias moriscas, en uno de los lados de la plaza principal.


Caño Cristales en el  Meta

María Cristina es consciente de que en Colombia hay más de mil lugares para conocer. Elegir los 333 fue una tarea difícil que le llevó mucho tiempo. La razón del número es sencilla: el Grupo Planeta quería un número llamativo para añadir al listado de sus otras publicaciones.

Además de reseñar lugares, en las 240 páginas del libro hay festivales, hoteles y restaurantes que ella escogió no por lujoso o extravagantes, sino por la buena experiencia que tuvo en ellos. Tal es el caso de Peñaflor en San Gil, Santander, un restaurante de carretera que, dice María Cristina, debe ser parada obligada de cualquiera que quiera probar los mejores platos de la comida santandereana.

La lista es larga y el tiempo es poco. Este libro es un buen plan para los que quieren conocer Colombia este fin de año.