Secuestros de niñas que impactaron al mundo

Secuestros de niñas que impactaron al mundo

11 de mayo del 2013

La aterradora historia de las tres mujeres en Cleveland (Estados Unidos) cuyo secuestro duró una década no deja de estremecer al mundo. En el sótano de la casa del puertorriqueño Ariel Castro, que para los vecinos parecía abandonada, fueron aprisionadas Amanda Berry, Gina DeJesús y Michelle Knight desde el año 2002. En ese entonces tenían 17, 14 y 21 años, respectivamente. El sujeto aparentaba ser un trabajador cualquiera de Ohio. Como producto de las violaciones a sus secuestradas, Ariel Castro resultó ser padre de la hija de Amanda Berry. La menor también fue obligada al encierro.

La casa en Cleveland, ya conocida como “la casa de los horrores”, era un antro de la tortura, según se van filtrando detalles del cautiverio. Ariel Castro, el exconductor de servicio público al que se le han levantado cargos por el caso, habría sometido a maltratos a las cuatro prisioneras; las tenía encadenadas, abusaba sexualmente de ellas y solo en algunas ocasiones les permitía ir al baño. Cuando alguna resultaba embarazada, Castro le suspendía los alimentos y pateaba su vientre intentando provocar el aborto. Sólo cuando Berry fue fecundada permitió que la bebé viviera, pero a ella también la sometió a este sufrimiento. Sobre la suerte de ellas, sus familiares creían que habían muerto y las autoridades descartaban su búsqueda por la ausencia de pistas. Una llamada a emergencias, lograda por una de las prisioneras, les devolvió la libertad y la vida. Aunque el hecho genere consternación, en los años recientes casos como este se han visto en varias partes del mundo.

Josef Fritzl, Kienyke

El monstruo de Amstetten

El mundo conoció con conmoción que un hombre en Austria encerró en un sótano durante 24 años a su hija, y abusó sexualmente de ella todo el tiempo que la tuvo en cautiverio. El responsable fue Joseph Fritzl, actualmente de 76 años, quien tuvo secuestrada sin levantar sospechas a Elizabeth hasta 2008. Producto de las violaciones nacieron siete hijos. El hombre construyó un calabozo en el sótano de su casa, al que se accedía mediante una puerta de hormigón de 300 kilos de peso. Joseph tenía prohibido al resto de su familia acercarse al lugar. La cárcel subterránea, de unos 60 metros cuadrados, sólo tenía contacto con el mundo exterior a través de un tubo de ventilación. Varios de los hijos que surgieron del abuso fueron a vivir al exterior en la casa de Joseph, quien para no levantar sospechas decía que “habían sido dejados frente a la puerta en una canasta” y él los adoptaba. El secuestro quedó al descubierto porque una de las hijas de Elizabeth fue llevada al médico, y tenía oculta una nota en la que su madre pedía ayuda para la joven. La policía conoce la denuncia de los médicos y destapa el escándalo.

Wolfgang Priklopil, Kienyke

Tres mil días en la mazmorra

El 23 de agosto de 2006 las noticias globales se fijaron en Austria. Natascha Kampusch, raptada ocho años antes cuando se dirigía a la escuela, recobró su libertad y conmocionó con su historia. La joven tenía 10 años cuando fue secuestrada por Wolfgang Priklopil, un técnico de comunicaciones de 44 años. Estuvo 3.069 días en una mazmorra construida en un subterráneo. Luego de lograr la libertad, reveló que su captor era un obsesivo por la higiene. La golpeaba si soltaba alguna lágrima cuando la dejaba subir a su casa, donde ocasionalmente la invitaba encadenada. No la dejaba tocar los objetos de la casa para evitar que quedaran sus huellas dactilares y le cortó todo el cabello para impedir que alguno lo dejara al descubierto. Cuándo ella escapó y contó lo sucedido, Priklopil se suicidó arrojándose a un tren.

Luzaida Cuevas, Kienyke

Salvada por el instinto maternal

Luzaida Cuevas, una puertorriqueña que vivía en Filadelfía, Estados Unidos, estaba convencida que su recién nacida hija, Delimar, había muerto luego de un incendio en su casa. La bebé tendría unos diez días y se presumió que su cuerpo había sido calcinado por las llamas. Esto fue en diciembre de 1997. Sin embargo, siete años más tarde, en una fiesta de cumpleaños en la que había muchos niños, se encontró con una pequeña que, al verla, le hizo palpitar su corazón como nunca antes. Sintió que era la hija de la que se creía había muerto. Con total disimulo, Luzaida le dijo a la niña que un trozo de goma de mascar se había pegado en su cabeza. Entonces aprovechó para cortarle algunos cabellos que llevó a una prueba de ADN. Era su hija, y había sido raptada por siete años. La policía la recuperó y acusó a Carolyn Correa, pariente lejana del padre de Delimar, de haber secuestrado a la recién nacida, e incluso haber provocado el incendió para simular el plagio.

Jaycee Dugard, Kienyke

El caso Jaycee Dugard

En 1991 Jaycee Dugard, en ese momento con 11 años de edad, fue secuestrada cerca a su casa en San Francisco (California, Estados Unidos). Según relató a la cadena Univisión, mientras caminaba junto a un lago, un carro comenzó a perseguirla. De repente “las manos de un hombre aparecieron y enseguida me sentí aletagrada”. Sus captores, Phillip y Nancy Garrido, la atacaron con un Taser (un arma de electrochoques). Permaneció encerrada durante 18 años y fue objeto de violación sexual por su secuestrador. De esos accesos tuvo dos hijas, con quienes Dugard fue encerrada en un pequeño búnker construido en el jardín de la casa del captor. Lo polémico del caso también fue que Phillip ya había sido acusado de violación sexual y estuvo un tiempo en prisión. En libertad era visitado por trabajadores sociales y monitoreado por las autoridades. Hubo unas 60 visitas de equipos sociales a la casa donde este hombre tuvo cautiva a Jaycee Dugard. En una de esas visitas, la secuestrada tuvo oportunidad de alertar sobre su caso, pero la denuncia nunca surtió efecto. Fue rescatada en 2009, cuando logró llegar a una comisaría y denunciar los hechos. El secuestrador y violador fue condenado a cadena perpetua.

Fusako Sano, Kienyke

Fusako Sano: nueve años oculta

Cuando una ambulancia visitó la casa de Nobuyuki Sato, un joven de 28 años japonés, hallaron por casualidad a una mujer en cautiverio. Se trataba de Fusako Sano, una menor que había desaparecido en 1990 a los nueve años, cuando iba camino a casa luego de ver un partido de béisbol. Su secuestrador la obligó a subir a su coche y la recluyó en el segundo piso de su apartamento en la prefectura de Niigata, al oeste del país. La tuvo seis años encerrada hasta 1996, cuando la madre del joven pidió al servicio médico que llegara a la casa de su hijo, quien presentaba comportamientos extraños. Al ingresar a la vivienda se percataron de la presencia de la joven. La policía, al desaparecer la menor, pensó que había sido secuestrada por una red de inteligencia de Corea del Norte.