Selección Colombia: la gente del común se pone la 10

Publicado por: erika.diaz el Vie, 13/11/2020 - 19:11
Sharekyk
Creado Por
Erika Mesa Díaz
¿Cómo se ve un partido de la selección Colombia en tiempos de pandemia? Algunos aficionados compartieron sus impresiones antes de la dolorosa derrota de Colombia ante la selección de Uruguay.
¿Cómo se ve un partido de la selección Colombia en tiempos de pandemia?

Es la mañana del viernes 13 de noviembre en Bogotá. La selección Colombia disputaría un partido contra Uruguay en la tarde, por las eliminatorias del Mundial de Fútbol de Catar 2022. Cuando no había covid, un viernes de partido antes de un puente festivo sería una excusa perfecta para ponerse la camiseta amarilla, salir un poco más temprano del trabajo y encontrarse con los amigos. Los buses de TransMilenio pasarían llenos de personas que se dirigían a sus destinos vestidas de amarillo, azul y rojo. A pesar de que la gente en Bogotá está siempre apurada, se sentía un aire diferente, un ambiente festivo.

Sin embargo, este viernes frío no se prestó para celebraciones. La necesidad de distanciamiento social impuesta por la pandemia mantuvo a varios trabajando desde sus casas. Algunas personas que salían a la calle hacían breves diligencias y desaparecían del paisaje. Los dueños de la mayoría de los locales abrieron como si se tratara de un día normal: a diferencia de los días antes de la covid, no valía la pena decorar el lugar o poner ofertas porque producirían una aglomeración innecesaria. “No vale la pena e igual no pueden venir a verlo aquí”, dijo Tatiana, encargada de un pequeño local de empanadas cuya fachada tiene el letrero “aforo: 0 personas”.
De todas maneras, algunos entusiastas se presentaron a sus puestos de trabajo vestidos con sus camisetas y contaron a Kienyke.com cómo planeaban vivir el partido ahora que no pueden reunirse. Por supuesto, ninguno de ellos acertó el marcador final.

Lea también: Los memes que deja el partido entre Colombia vs. Uruguay

Le puede interesar: La promesa de James Rodríguez a su hija para el partido de la Selección

El sueño frustrado

“Yo había comprado boletas para ir a Barranquilla en marzo, pero no se pudo por el tema de la pandemia”. Quien habla es Juan, el dueño de una ferretería. Cuando lo encontramos, estaba desinfectando el piso de su negocio y tenía puesta la camiseta original que había comprado para lucir en el Estadio Roberto Meléndez.

“Apenas me llegó la prima navideña y un sueldo que tenía acumulado, pagué todo. Me salió barato porque lo compré con anticipación: las boletas las compré cuando salieron y los tiquetes los compré mucho antes. Entonces, ya tenía todo listo”, recuerda con nostalgia, porque sería la primera vez que vería jugar a la selección. Este “hincha satisfecho” del Independiente Santa Fe, admirador de Sambueza, decidió cerrar el negocio temprano para ver el partido en casa. “Colombia ganará 2-0, con goles de James y Duván”, añadió.

El micrófono con el que grabamos la entrevista llamó la atención de Rafael, un vecino pensionado, quien contó que es abonado de Santa Fe “de toda la vida y por gusto mío”. Contó que él asistía al estadio a ver a su equipo cuando existían las tribunas de gorriones: aquellas exclusivas para niños que, además, era de ingreso gratuito. Una raya en la pared, que él dibujaba en el aire en medio de su recuerdo, distinguía a los niños de los hombres: “si usted era más alto que la raya, no podía entrar”.

Como aficionado del fútbol, ha asistido a los estadios varias veces para ver jugar a la selección. “Ir a los estadios me hace mucha falta por la alegría de la gente, pero uno no arriesga la salud a estas alturas”, concluye con nostalgia. Rafael esperaba ver goles de James, Cuadrado o Zapata.

El Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, cuando podía recibir público. Hoy Colombia jugó a puerta cerrada
Créditos:
Creative Commons

El estruendo de siempre

La pandemia no le robó la alegría a Pedro, dueño de un negocio de repuestos electrónicos. Por muchos años ha sido vecino del barrio San Cipriano, en el norte de Bogotá, y atrae la atención a su negocio con música a todo volumen. La selección musical de hoy era colombiana.

“Siempre lo hago cuando juega Colombia. Saco el sonido para la calle y a los vecinos les gusta. Entonces, eso me acompaña”, cuenta con emoción. Su rostro se puso melancólico cuando tocamos el tema de su equipo favorito de la liga: “al que echaron de la liga: el Cúcuta Deportivo”. Dice con resignación que entiende que se trata de fallas de la dirigencia. “Pero bueno, tocará alentar a otro equipo durante esta liga. Me voy por Millonarios”.

Su jugador favorito de todas las selecciones es el Pibe Valderrama, al que describe como “el más sencillo y humilde”. De esta generación destaca a James, Cuadrado y Falcao. Cuando le preguntamos cómo verá el partido, ya que no podrá reunir a los vecinos para verlo, como era la costumbre, sentenció: “lo voy a escuchar y todos los vecinos lo escucharán conmigo”.

Falcao: presente aunque esté ausente

Por cuenta de una lesión en su pierna derecha, el goleador colombiano Falcao García vio el cuestionable desempeño de sus coequiperos desde la comodidad de su casa en Estambul, Turquía. Sin embargo, dos personas nos contaron con toda seguridad que esperaban ver goles suyos el día de hoy. 

Una de ellas fue Amparo, vendedora de artículos decorativos para el hogar. Tenía la camiseta puesta y dice que la ha cambiado conforme va saliendo un modelo nuevo. “No soy tan aficionada al fútbol, pero sí me gusta. El día que juega Colombia trato de ponerme la camiseta. Me anima cuando veo que juegan en Colombia, cuando llega la selección a Barranquilla, entonces eso llena de entusiasmo”, cuenta con alegría. 

Su jugador favorito es, precisamente, Falcao. Principalmente, su elección tiene como base el carácter del Tigre: “es un buen jugador y no me parece que sea creído; no se le han subido los humos como a James”. Ella vería el partido sola, porque no puede reunir a su familia, y esperaba un marcador de 2-1 a favor de Colombia, con goles del jugador ausente. Le sorprendió mucho saber que no jugaría hoy.

Otro que esperaba goles del Tigre era Sebastián, conductor de bicitaxi. Él dice ser futbolero e hincha embajador desde siempre: “desde pequeño soy fiel al fútbol y me gustó el azul desde pequeñito”. Tenía puesta la camiseta que lucieron los jugadores de Colombia en el Mundial de Brasil 2014. Admitió que vería el partido solo porque convocar a sus amigos fue imposible esta vez y esperaba que Colombia ganara 1-0, “con goles de Falcao o James”.

Trabajar, porque no hay más remedio

Stefan Rodríguez es instructor de conducción y heredó de su padre el gusto por Millonarios. Sus jugadores favoritos de la selección son el Pibe y James. Sin embargo, admite que no podrá ver el partido porque un estudiante agendó una sesión justo a la misma hora. “No creo que pueda escuchar el partido por radio. Realmente, creo que a él no le gusta el fútbol. Si no, no habría programado la clase justo en ese momento”, comentó entre risas. Esperaba que el partido terminara 3-0, sí, pero a favor de Colombia: “Duván hace dos y James hace uno”.

Santiago, un vendedor de camisillas blancas, saca réplicas de las queridas camisetas amarillas cuando se acerca el día de un partido. Aunque dice que las ventas dependen mucho del estilo de las camisetas, “los últimos diseños se han vendido bien: a simple vista se ve bonita y presentable, y han subido obviamente las ventas”. Dijo que no podría moverse de ese lugar en todo el día, así que no tendría forma de ver el partido: “tengo que escucharlo por radio o encontrar una transmisión de esas de Face”. 

Él esperaba un empate a dos goles, “porque Uruguay es Uruguay. No hay que subestimarlos de ninguna manera. Tiene delanteros impresionantes, un arquero que estaba en buen nivel y una defensa bárbara, como lo son Godín y Giménez”. Algo de razón tenía.

Epílogo

Minutos antes de que iniciara el partido, el cielo se oscureció de repente y un aguacero torrencial cayó sobre las calles. Santiago guardó su mercancía tan rápido como pudo y se marchó. Las personas que seguían en la calle no tuvieron más remedio que apiñarse en las aceras y mirar, a través de los cristales de los negocios que no podían dejarlos pasar, cómo la selección era derrotada de forma aplastante en su propio estadio.