Una historia de amor de 61 años que superó las travesías en el mar

Una historia de amor de 61 años que superó las travesías en el mar

12 de Mayo del 2014

“Besos fugaces me dan los puertos, locos vaivenes el vendaval, más la que adora mi pensamiento cómo una estrella rumbos me da”, dice una estrofa del Himno de la Armada Nacional, compuesto por el cartagenero Daniel Lemaitre Tono. El amor de los marineros ha sido inmortalizado en poesía y en canciones, el chileno Pablo Neruda habla de esos encuentros fugaces que tienen como escenario el mar: “Amo el amor de los marineros que besan y se van, dejan una promesa, no vuelven nunca más. En cada puerto una mujer espera”, pero a veces una mujer de cualquier puerto se convierte en el anclaje de los aventureros navegantes.

Este es el caso del Almirante Manuel Fernando Avendaño Galvis, hoy de 81 años de edad, recientemente viudo, un bogotano de nacimiento que encontró el amor en María Teresa Lemaitre, cartagenera, cuando él se desempeñaba como cadete de tercer año en la Escuela Naval y que hoy evoca a través de imágenes y cartas. Teresa murió el 9 de septiembre del 2013.

Amor naval

Matrimonio. 21 de diciembre de 1957

—Conocí a María Teresa un sábado a mediados del año de 1953, cuando nuestros corazones sostuvieron su primer encuentro un día de mar hace 61 años mientras observábamos desde el moto velero la “Atrevida”, que pertenecía a la Escuela Naval de Cadetes, una regata de balleneras por la Bahía del Corralito de Piedra. Nos enamoramos desde ese mismo momento, superamos las barreras geográficas cuando los destinos nos separaban, como también las restrictivas normas institucionales del momento. Hace 56 años nos juramos amor.

Avendaño llega a la Armada por su pasión por los barcos de la Segunda Guerra Mundial y su colección con reportajes de esta guerra de la Revista LIFE. A los trece años ingresa a la Escuela Militar de Cadetes de Bogotá y en 1949 se incorpora a la Marina de guerra colombiana. Estuvo navegando durante 44 años.

¿Pero cómo se mantiene un amor con un marinero? Los cambios de residencia, los cruceros y las misiones especiales de la Armada a bordo de fragatas en Colombia y el extranjero hacen que la distancia sea un tema más difícil de manejar:

—Durante los cinco años de cadete naval realizábamos cada año dos cruceros, como se le llaman a los viajes de instrucción y entrenamiento; uno corto por aguas del mar colombiano, y otro por aguas internacionales visitando como embajadores de buena voluntad, puertos de otras naciones. De todos, uno solo, el de mayor duración fue cuando, siendo Guardiamarina, tripulé las Fragatas “Almirante Padilla” en su segundo viaje al Japón durante el conflicto de Corea y posteriormente, la “Capitán Tono” en su retorno a Colombia después de cumplir su misión en el señalado conflicto. Fueron cinco largos meses alejados de Cartagena.

Tras cuarenta años de servicio, Manuel Avendaño obtiene el más alto grado, el de Almirante de la República y el cargo de Comandante de la Armada Nacional. La historia de su paso por la armada está impregnada de ella, la nieta del compositor Daniel Lemaitre, el mismo que en el himno de la Armada celebraba en una estrofa los amores del mar:  “Más la que adora mi pensamiento cómo una estrella rumbos me da”

Amor naval

Ceremonia de ascenso a Almirante. 9 diciembre 1988

 “Te he querido inmensamente y te amaré por siempre, mi inmortal Ángel de la Guarda”

El mar está lleno de historias y los navegantes y los seres que los rodean hacen parte de esa aventura aún misteriosa para el hombre.

—Los marinos debemos tener una visión amplia, un temperamento a prueba de espantos para poder capotear tanto los fenómenos atmosféricos que se presentan en el mar, como sortear las situaciones de emergencia cuando el personal y el material sufren alteraciones. Se dice ” El que no ha navegado, no conoce a Dios”. Al mar no hay que tenerle miedo, hay que respetarlo. El mar pone a prueba el carácter y la reciedumbre del hombre. Es por eso que ser esposa de un marinero es un trabajo de 24 horas todos los días. Primero la atención a las necesidades del cónyuge, el cuidado de los uniformes, la administración de la A a la Z de las labores del hogar con o sin el esposo presente.

Amor naval

Hay algunas imágenes del matrimonio en la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Cartagena, el 21 de diciembre de 1957. Una sonrisa de orgullo en la ceremonia de ascenso a almirante en 1988 y una con sus nietos. En todas aparece Teresa, incluso hoy en sus palabras persiste el amor. En una carta titulada “Hasta un nuevo encuentro”, Avendaño agradece su compañía durante 61 años:

Hasta un nuevo encuentro

Dejaste estela en mi carrera. Tu generosidad, comprensión y consagración incondicional a las exigencias del hogar y superando las contingencias propias de la esposa de un marino, me permitiste el tiempo y el espacio para salir adelante en la profesión. Ese es, otro precioso e invaluable legado que dejas, porque con ello facilitaste el logro de un anhelo mutuo. Me quedo corto al exaltar tus virtudes, y la inspiración frente al manejo del hogar. La gracia, el donaire y el amor de “Mateté”, como cariñosamente te dicen los hijos y nietos, anidan eternamente en el corazón de la familia.

Anda…amor de mi vida y descansa en paz en ese inmenso mar de la felicidad sin fronteras. Acá, junto con los hijos y los nietos, mantendremos viva tu memoria hasta que nuestras almas vuelvan a reunirse contigo en el reino de los cielos, donde el buen Jesús misericordioso y bondadoso ya te tiene un espacio que esperamos compartir.

Te he querido inmensamente y te amaré por siempre, mi inmortal Ángel de la Guarda. Disfruta vida mía de la mansión celestial; los bondadosos brazos de Jesús y María Santísima te darán la bienvenida al reino de los cielos.

Besos y cariños por siempre tuyo

Manuelefe.

Por  @Lauquiceno