Después de seis décadas de incertidumbre, el Instituto Nacional de Medicina Legal confirmó este martes 24 de febrero que los restos analizados corresponden a Camilo Torres Restrepo. La verificación cerró un proceso forense que incluyó pruebas internacionales y varios cotejos genéticos para alcanzar certeza plena.
La identificación de Camilo Torres avanzó inicialmente cuando la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (UBPD) envió muestras a laboratorios en Estados Unidos, tomando como referencia el perfil biológico del padre del sacerdote. Sin embargo, las autoridades advirtieron desde el comienzo que los resultados preliminares no eran suficientes para una confirmación definitiva.
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Muestras deterioradas y estudios complementarios
El director de Medicina Legal, Ariel Emilio Cortés Martínez, explicó en un video institucional que el proceso se vio afectado por el estado de los restos.
“Siguiendo los protocolos establecidos, el equipo interdisciplinario forense continúa con los estudios periciales sobre las muestras entregadas por la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas en la investigación asociada a la identificación del cuerpo de Camilo Torres Restrepo”, señaló.
El funcionario reconoció “limitaciones relevantes por el estado y las condiciones de las muestras óseas”, aunque precisó que existía “una muestra biológica que ofrece información orientadora”. Esa evidencia obligó a realizar estudios complementarios para evitar conclusiones con apenas un 50 % de probabilidad.
El cotejo clave con la madre del sacerdote
Uno de los puntos pendientes era la comparación genética entre los restos óseos y las muestras que reposaban en Medicina Legal correspondientes a la madre de Camilo Torres. Ese análisis tomó varios días adicionales y resultó determinante para confirmar la identidad sin margen de duda.
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Fuentes forenses señalaron que, sin ese cruce final, existía incluso la posibilidad de descartar la coincidencia. El contexto del hallazgo también complicó el proceso. Los restos fueron encontrados en un espacio donde había huesos de otras personas que, hasta ahora, no han sido identificadas, lo que exigió un trabajo minucioso de individualización.
Con el anuncio oficial de este 24 de febrero, el Estado da por concluida una búsqueda que se extendió durante 60 años, marcando uno de los procesos de identificación forense más prolongados del país.
