La vida de Andrea Alvarado fue, en esencia, un legado vivo de gratitud, liderazgo y enseñanza. Experta en planeación estratégica con más de 35 años de experiencia, líder en Grows y defensora apasionada del desarrollo del país desde la educación y espacios como Diálogos de Futuro, Andrea siempre combinó la visión profesional con una inmensa calidez humana
Tras su partida, la sala de redacción de KienyKe.com, junto a sus seres queridos y amigos, nos unimos en este sentido tributo para honrar su memoria y dar gracias por la luz de una líder extraordinaria.
Mami
Qué honor haber sido tu hija y que tú fueras mi mamá. Me enseñaste todo lo que sé y me hiciste la persona que soy. Fuiste la primera en creer siempre en mí, en mis ideas, sin importar cuán locas fueran, dándome la fuerza para perseguir mis sueños y creer en mí misma.
Siempre me quedaré con tu fuerza, tu resiliencia y el amor tan grande que tenías para dar. Con tu actitud de servicio, siempre pensando en cómo ayudar a los demás y en cómo dar más para que el mundo fuera un lugar mejor.
Ya llegó tu tiempo de volar y de no mirar atrás. De disfrutar todo lo que aprendiste en esta vida y despertar de este sueño, en el que seguimos nosotros dormidos. Te extrañaremos por siempre: verte, sentirte y abrazarte. Espero hacerte sentir orgullosa desde acá y llegar a ser, ojalá, aunque sea un poco parecida a lo grande que fuiste tú.
Te amo por siempre, mi angelito en el cielo.
Por: Juli
Mi Andre
Gracias por todos estos años que me permitiste vivir a tu lado, gracias por permitirme ser parte de tu familia, por enseñarme tanto y por siempre estar ahí cuando lo necesité. Si bien hoy tengo un vacío inmenso en mi corazón, te honraré por el resto de mi vida.
Prometo que mientras la vida me lo permita amaré respetaré y cuidaré a Juli.
Por: Ricky
Su legado entre quienes la conocieron
Andrea, creíste mas en mí de lo que yo creía. Ese fue tu mayor virtud, elevar a otros y volverte ese lugar seguro que ayudó a que muchos creciéramos en tus hombros. Fuiste admirable por como resolvías todo en la vida, con altura, con empatía y con ética. Solo admiración por todo el impacto que tuviste en tantas personas. Dejas legado, y ese legado lo dejaste en el corazón de cientos de personas que tocaste y que tuvimos el privilegio de conocerte. Gracias infinitas y descansa en paz.
Te quiero.
Por: Camilo Clavijo
En la memoria
Hay personas cuya presencia cambia el rumbo de una familia, de una amistad o de una comunidad. Mi mamá fue una de ellas. Tenía un don extraordinario para cuidar, para servir y para hacer sentir importantes a quienes la rodeaban. Era de esas personas que unían, que tendían puentes donde otros encontraban diferencias, que reunía familias, amigos y generaciones alrededor de una mesa, de una conversación o de un abrazo.
Su fortaleza fue tan inmensa como su ternura, y ambas convivían con una naturalidad que inspiraba a quienes tuvimos la fortuna de caminar a su lado. Hoy entendemos la profundidad de la huella que deja al ver a tantas personas recordándola con un amor sincero, agradecidas porque, de una u otra manera, hicieron parte de su vida y fueron transformadas por ella. Haberla tenido como mamá fue el mayor privilegio de mi vida y también mi mayor escuela.
Si ella fue capaz de hacer sentir tan profundamente amado/a a quien apenas compartió un capítulo de su historia, imaginen lo que significó crecer siendo hija de un amor así. Su legado no está únicamente en nuestros recuerdos; vive en la forma en que nos enseñó a cuidar, a servir, a construir familia y a acercar corazones.
Mami, prometo seguir encontrándote en el aquí y en el ahora: en cada acto de amor, en cada reunión familiar, en cada risa que compartamos y también en cada lágrima que hoy nos recuerde cuánto te amamos. Te veré cuando me mire al espejo, cuando descubra tus gestos en mi hermana y en todo aquello que sembraste en nosotros. Tu mayor herencia es el amor que dejaste habitando en mi corazón. Un amor tan inmenso que me recuerda, a cada instante, que sigues aquí.
Tu Juanetin.
Por siempre la Tia Andre
Para honrar la memoria de Mariana Andrea Alvarado se necesita un verdadero compromiso, esa era una de las palabras que guiaban su vida junto a la lealtad, el agradecimiento y la disciplina. Una mujer de convicciones claras, impecable, organizada, fuerte, elegante y profundamente humana, poseedora de una dignidad y unos valores que hoy escasean.
Aunque su cuerpo trascendió, su espíritu permanece vivo en cada acción que ejecutamos desde el respeto y la solidaridad recordándonos la importancia de valorar a las personas y elegir siempre a quien suma en nuestro camino.
Más que mi tía por elección, fue mi maestra, una segunda madre y la confidente que conoció mis más grandes secretos, acompañándome en mis mayores alegrías y tristezas. Con su sabiduría y consejos iluminó la vida de muchos y moldeó mi propia formación con su presencia. Hoy su partida no es un final, sino el tránsito a un espacio donde el amor es el único canal de conexión, el refugio de su esencia que nos sigue guiando. Una mujer que me enseñó a tener carácter y a mantener una firme convicción de vida.
A Juanita, Juliana y Evan les entrego mi amor genuino y gratitud eterna por haberme permitido sostener su mano en los momentos más trascendentales. Tía Andre, tu ausencia marca profundamente cada mañana, pero me comprometo a honrar tu legado por siempre: seguiré corriendo por ti, disfrutando de la vida, construyendo país y uniendo a las personas como me enseñaste.
Estarás presente en cada decisión, en cada proyecto y en el recuerdo de cuidar y elegir quienes me rodean.
Te amaré y te honraré siempre.
Por Gaby Riaño
Para Andrea
Esta semana me pasó algo muy especial. Mi Tronco de Brasil, después de más de diez años, floreció por primera vez. Ni siquiera sabía que podía florecer. Poco a poco comenzó a abrir sus pétalos y hoy un perfume llenó toda la casa.
No pude evitar pensar en la tía Andrea.
Siempre he creído que la vida encuentra formas sutiles de recordarnos a quienes amamos. Para mí, estas flores únicas se convirtieron en su símbolo y me llevaron directamente a ella.
Porque Andrea era así: hermosa por dentro y por fuera. Siempre elegante, siempre linda, siempre presente. Tenía una generosidad inmensa y una capacidad muy especial para cuidar a quienes amaba. Una de sus formas de querer era estar pendiente de absolutamente cada detalle. La mesa de Navidad siempre tenía los arreglos más hermosos. Hacía las envolturas de regalo más espectaculares; casi que competían con el regalo mismo. Cada mínimo detalle estaba pensado por ella.
Encontraba alegría en consentir, en abrir las puertas de su casa y en hacer sentir bienvenidos a todos. Siempre había un puesto más en la mesa, comida para compartir y un regalo para cada persona... incluidas las mascotas.
Mientras veía abrir esas flores y perfumar la casa, sentí que me recordaban esa forma tan hermosa que ella tenía de estar en el mundo: con generosidad, con belleza, con delicadeza, con calidez y dejando una huella muy grande en el corazón de quienes tuvimos la fortuna de tenerla en nuestras vidas.
Gracias Andre, por todo el amor que sembraste en nosotros. Se ha expandido tanto, que ya floreció en mi Tronco de Brasil.
Por Camila Mendoza Bermudez
Agosto 2, 2026
Su legado como líder
Andrea fue una empresaria con una gran sensibilidad social, que la llevó a diseñar iniciativas innovadoras en pro de la civilidad. Fue una líder proactiva y comprometida que trabajó incansablemente por la democracia y por generar una ciudadanía activa en Bogotá. Cuánta falta nos va a hacer a quienes tuvimos el privilegio de trabajar a su lado. Que su lucha nos siga inspirando y que sus enseñanzas sean legado para quienes la quisimos y admiramos tanto.
Por: Carolina Deik
Quiero agradecerte por lo maravilloso que fue conocerte, por cada uno de tus consejos y cada una de tus palabras las cuales recordaré y honraré como se que hubieras querido, pero más importante quiero agradecerte por adoptarme y recibirme en tu familia y darme ese amor incondicional de mamá sin serlo. Eres una persona que marcó una huella en mi corazón y en mi vida que nadie podrá borrar,te voy a extrañar muchísimo y siempre te llevaré en mi corazón.
Por Mokun
Andrea, lo diste todo
Desde que llegaste a este mundo llenaste mi vida de una alegría que todavía puedo sentir. Recuerdo como si fuera hoy cuando nos dieron la noticia de tu nacimiento y con mi hermano saltamos en la cama de mis papás, celebrando que venías tú, la hermanita que tanto esperábamos.
Crecimos muy pegados. Te vi correr, reír, inventar, sorprender. Te vi bailar el Pata Pata a tus cinco años en aquel restaurante de Nueva York, con esa mezcla tuya de gracia y desparpajo que siempre tuviste. Te acompañé en tus primeros días de primaria, de bachillerato, de universidad. Te vi hacer amigos, conservarlos, cuidarlos. Te vi convertirte en una mujer llena de virtudes, compasiva, fuerte, única.
La vida nos unió más cuando perdimos a cada uno de nuestros padres. También cuando me casé, cuando tú te casaste, cuando me fui del país. Pero nunca nos separamos. Las llamadas, los mensajes, las conversaciones larguísimas…y siempre amenas. Yo aprendí tanto de ti: tu empuje, tus logros, tu manera de crecer sin parar. Incluso en tus momentos difíciles, te vi sostenerte con una entereza que me dejaba sin palabras. Nunca te rendías. Siempre encontrabas la forma de volver a levantarte.
Mi esposa Clara fue tu fan dese el principio. Cuando nacieron mis hijos, Juan Carlos y Ana Maria, te convertiste en la tía más dedicada, más presente, más amorosa. Era como si los llevaras contigo todo el tiempo. Ellos te adoraron desde el primer día, y ese amor solo creció. Para ellos, estar contigo era alegría pura. Y lo mismo pasó con los esposos de mis hijos Carolina y Daniel y con mis cuatro nietos: todos encontraron en ti una mezcla perfecta de cariño, humor y apoyo. “Tía Andrea” se volvió un nombre lleno de afecto en mi casa.
Tu partida deja un vacío enorme. Pero también deja una huella profunda: tu generosidad, tu compasión, tu visión, tu manera de entender, de proponer, de resolver, de hacer realidad lo que imaginabas. Viviste con intensidad, con propósito, con amor. Hasta el último momento.
Te quiero mucho, Andrea. Y te llevo conmigo.
Por Oscar Alvarado
Para Andre
Fue un ejemplo constante de amor incondicional y perseverancia. Me enseñó a levantarme cuando no quería, a seguir adelante junto con el dolor, a perdonar y a siempre buscar alternativas cuando todo parece perdido. Su generosidad no tenía límites: siempre encontraba la forma de hacer sentir especial a todos los que la rodeaban, con detalles y gestos llenos de cariño. Construyó un hogar cálido y acogedor, un refugio donde, como amiga de sus hijas, siempre me sentí en paz y con la confianza absoluta de soltar lo que llevaba dentro. Me siento profundamente honrada y privilegiada de haber compartido y caminado esta vida con ella. Hoy recuerdo con gratitud el amor y la luz que me regaló en cada sonrisa y en cada abrazo.
Por Juliana Mejia
Siempre me fascinó cómo Andre encaraba la vida, sin importar el ámbito o el escenario. Su reacción era invariable: darlo todo, pero siempre buscando ayudar a los demás y trabajar en equipo. Para ella los límites no existían, porque las soluciones eran infinitas frente a cualquier problema. Donde la mayoría se bloquea ante un obstáculo, para Andre el obstáculo era el camino. Lo comprobé miles de veces, pero hace unos seis meses de manera fehaciente, en un desayuno en Masa de la 81, cuando ya conocíamos el diagnóstico y lo dura que sería la pelea por su vida.
Le pregunté, casi con indiscreción, cómo se sentía, y me respondió sin dudar: feliz. Me contó que había tenido una conversación con el invasor, le había puesto nombre y le había hablado directo a los ojos, era una mujer, y le había dicho: o cambias, o te vas. Mirar el miedo de frente, así, es una cualidad de quien jamás se rinde. Andre lo veía como una oportunidad más: llevaba años entrenando para una carrera como esa, cuidándose, cultivando su vitalidad, agradeciendo cada segundo de vida y viviendo en el presente.
Nunca me juzgó por ser joven ni por atreverme a enseñarle negocios a una empresaria varias veces exitosa. Llegaba puntual a nuestras reuniones desde cualquier lugar del mundo en el que estuviera, dispuesta a aprender. Escuchaba con atención genuina, no para refutar, sino para incorporar; nunca le interesó repetir lo que ya sabía, prefería admirar la voz de los demás y extraer la sabiduría que sabía que existía en cualquier persona.
Esa misma calidez la desplegaba en HubSpot, donde saludaba a todos por igual, sin importar el cargo: conocía el nombre y apellido de cada persona, desde recepción hasta el equipo de limpieza, por quienes siempre preguntaba con interés real antes de empezar cualquier reunión.
Entendía que la educación era la principal fuente de progreso de cualquier país, y ahí se involucró como pocos, entregando su recurso más preciado, su tiempo, hasta la última gota, hasta el último día en la cancha.
Poco después de conocer la noticia del nacimiento de mi segunda hija, Andre me envió un mensaje de voz que guardaré siempre. En él, con esa alegría que la caracterizaba, le daba la bienvenida a Matilde y la bendecía, deseándole que el universo le trajera "todo lo bonito, lo lindo, la gracia, la felicidad, la belleza, la profundidad, la inteligencia [...] el valor por el servicio,
el valor por los demás", y que llegara a este mundo a servir, como su papá, como su mamá y como su hermana. Pidió que fuera graciosa, curiosa, cariñosa y alegre, y que soñara hasta volver realidad sus sueños. Así era Andre: incluso en medio de su propia batalla, tenía espacio en el corazón para bendecir la vida que recién comenzaba.
Andre me deja el corazón triste pero feliz, vacío pero lleno, roto pero arreglado y frágil pero fuerte. Solo los que tienen personas cómo Andre en sus vidas entenderán estas contradicciones finales que me dejan confundido pero orientado ante la noticia de su partida.
Por: Jose Pablo Jaramillo
Nunca imaginé que tendría que escribir estas palabras. Me cuesta aceptar tu ausencia y encontrar un lenguaje capaz de expresar el vacío que deja tu partida. Te despido, mi querida Andrea, con el corazón quebrantado, pero también con la inmensa gratitud de haber coincidido contigo en la vida.
Nuestra amistad estuvo hecha de ilusiones compartidas, proyectos, convicciones y conversaciones sinceras; también de momentos difíciles, dolores y desafíos. Desde los distintos lugares que he ocupado, quise respaldarte sin reservas y acompañar tus sueños porque creía profundamente en ti, en tu talento, en tu determinación y en la nobleza de tus propósitos. Ese apoyo nunca respondió simplemente a un deber institucional: nació siempre del afecto, de la confianza y de la admiración que sentía por la mujer extraordinaria que eres.
Tu inteligencia se expresaba en la capacidad de descubrir posibilidades donde otros apenas veían obstáculos. Tu liderazgo no necesitaba imponerse, porque estaba sostenido por la autenticidad, la sensibilidad y una energía capaz de movilizar a quienes te rodeaban. Fuiste audaz para emprender, generosa para compartir y firme para defender aquello en lo que creías. Allí donde estuviste, dejaste algo mejor de lo que encontraste.
Diálogos de Futuro ocupa un lugar muy especial en nuestra historia. Nació de la certeza compartida de que Colombia necesitaba encontrarse, escucharse y pensar colectivamente la educación que merece. Lo que comenzó como una conversación en tiempos especialmente complejos terminó reuniendo a personas e instituciones muy diversas alrededor de una esperanza común. En ese sueño están tu carácter, tu entusiasmo y tu empeño por hacer posibles encuentros que parecían improbables. Cada nuevo diálogo llevará, inevitablemente, algo de ti.
Tu paso permanece en las personas a quienes impulsaste, en los equipos que fortaleciste, en las causas que defendiste y en quienes encontramos en ti una amiga leal, una consejera franca y una compañera de sueños.
Me duele lo que ya no podremos conversar, los proyectos que quedaron esperando y los abrazos que no alcanzamos a darnos. Sin embargo, por encima de esa tristeza, conservaré el privilegio de haberte conocido, de haber caminado a tu lado y de haber compartido contigo una amistad que guardaré para siempre en un lugar muy profundo de mi corazón.
A Juliana, a nuestra querida Juanita, a toda tu familia y a quienes hoy lloran tu ausencia, les hago llegar mi abrazo más cercano, solidario y entrañable. Deseo que, en medio de este dolor inmenso, puedan sentirse acompañados por el cariño de tantas personas que te quisieron y por la certeza de que tu existencia fue fecunda, significativa y profundamente valiosa.
Hasta siempre, mi querida amiga. Gracias por haberme permitido acompañarte, por confiar en mí, por tu afecto y por tantas enseñanzas compartidas. Seguirás presente en mi memoria, en mis oraciones y en cada esfuerzo que hagamos por honrar los sueños que nos unieron.
Descansa en paz, querida Andrea.
Todavía puedo volver a nuestro primer encuentro. Ninguno de los dos imaginaba que esa conversación sería el comienzo de una amistad tan entrañable y de un camino compartido que nos regalaría tantos sueños, tantos aprendizajes y tantas personas queridas. Con el tiempo entendí que esa era una de tus mayores virtudes: llegabas a la vida de los demás con una naturalidad desarmante y, casi sin que uno lo advirtiera, terminabas ocupando un lugar muy especial en el corazón. Así fue contigo.
Cuando empezamos a darle forma a Diálogos de Futuro descubrí una faceta tuya que siempre admiraré profundamente. Tenías una sensibilidad poco común para reunir personas que pensaban distinto alrededor de un propósito compartido. Disfrutabas creando vínculos, conectando capacidades, animando conversaciones que parecían imposibles y sembrando confianza allí donde otros encontraban distancia. Nunca olvidaré las llamadas, las ideas que aparecían a cualquier hora, la ilusión con la que preparábamos cada encuentro y la alegría que te producía ver que, gracias al esfuerzo de muchos, un nuevo diálogo podía abrir caminos para el país.
Tu partida deja un silencio inmenso, pero también una responsabilidad hermosa: cuidar aquello que ayudaste a sembrar. Cada vez que volvamos a reunirnos para conversar sobre el futuro de la educación y de Colombia, estoy seguro de que habrá algo de ti acompañándonos. Me gusta pensar que seguirás presente en esas conversaciones que tanto disfrutabas, en los abrazos entre amigos que ayudaste a reunir y en la decisión de seguir creyendo, incluso en medio de la tristeza, que vale la pena encontrarnos para construir juntos un país mejor.
Por Luis David Prieto
Amigos que la recuerdan
I. Gratitud por su legado y apoyo incondicional
Hay personas que dejan una huella imborrable por su calidez y su entrega, y Andrea fue, sin duda, una de ellas. Desde nuestros días en el Foro de Presidentes hasta la creación de Diálogos de Futuro junto a Luis David Prieto y Víctor Malagón, Andrea demostró ser una aliada excepcional y una compañera entrañable. Su apoyo incondicional y su entusiasmo por cada iniciativa orientada a servir a la sociedad fueron siempre un motor de inspiración para todos quienes tuvimos la fortuna de trabajar a su lado.
II. Retrato de una mujer ejemplar
En ella coincidieron la valentía, la alegría contagiosa y una vocación innata para tender puentes entre las personas. Andrea no solo soñaba con generar un impacto positivo, sino que convertía cada compromiso en una realidad a través de su rigor, su palabra empeñada y un seguimiento incansable. Su capacidad para unir voluntades y cumplir siempre lo prometido hizo de su gestión un testimonio de integridad, generosidad y liderazgo genuino.
III. Despedida y memoria viva
Hoy sus amigos nos reunimos no solo para lamentar su partida, sino para rendir un sentido homenaje a la mujer alegre, brillante y solidaria que siempre estará presente en nuestros corazones. Su partida nos deja un gran vacío, pero su ejemplo de servicio, amistad sincera y dedicación a las causas nobles permanecerá siempre vivo en nuestra memoria. Gracias, querida Andrea, por cada puente tendido y por la luz con la que iluminaste nuestros caminos.
Andrea Alvarado valiente, generosa e inolvidable
La partida para siempre de un ser querido así la hayamos intuido nos toma por sorpresa, nos llena de tristeza y la primera reacción es decir que es injusta y que no era su momento para dejarnos, también tratamos de aceptar diciendo que son tiempos de Dios y Él es quien decide cuando nos vamos, estas reflexiones las hicimos con mi queridísima Andrea cuando me invadió el dolor más profundo que compartí con ella tras el fallecimiento de mi esposo Roberto. Están presentes en mi memoria su solidaridad y el esfuerzo que hizo para consolarme y hoy quisiera ser capaz de tomar algo de su fortaleza para aceptar su fallecimiento y acompañar a Juanita y Juliana e infundirles valor en estos momentos de profunda tristeza.
Entre sus innumerables cualidades la solidaridad y la bondad fueron unas de las más destacadas, no solo porque ofrecía apoyo a quien atravesaba por momentos difíciles, sus palabras siempre fueron atinadas cuando aconsejaba no anidar rabia o rencor en el corazón por las malas jugadas de la vida. No se trataba de consejos llenos de lugares comunes sino de una sabiduría y generosidad propias de un ser lleno de luz. Hoy la siento sentada a mi lado tratando de consolarme porque ya no volveremos a estar juntas, a reírnos al descubrir que pertenecíamos a la misma familia por parte de nuestros padres y buscar temas de nuestros ancestros comunes y verlos reflejados en las dos.
Andrea ese gran ser humano que tuve el privilegio de conocer es una de esas personas a las que hubiera querido tener como hermana de sangre, poseía virtudes de las cuales carezco, en especial la prudencia y el ser capaz de no reaccionar ante comentarios o críticas. Voy a extrañar su capacidad para ponerse en los zapatos del otro y tenderle la mano incluso por encima de sus propias necesidades, se olvidaba de si misma y prefería perdonar hasta las ofensas más duras de personas que amaba, de sus amigos, jefes o colegas, el rencor fue un sentimiento que no albergaba en su corazón.
También me va a hacer mucha falta su sentido de la organización, del orden e incluso de su impecable y elegante figura, de la forma de relacionarse con los demás y del respeto que demostraba ante ricos y pobres. La vi dar amor y ser correspondida por seres que a pesar de no hablar parecían contestarle, como su amado perro Cognac. La recordaré como la mujer más valerosa ante la adversidad y por cómo aceptó hasta el final lo que le había deparado la vida, lo bueno, lo malo, lo doloroso y su inconmensurable amor por sus hijas quienes fueron el centro y su razón de vivir. Hoy Andrea tiene todo el derecho de descansar en paz.
Por Daissy Cañón
Tuve la fortuna de conocer a Andrea y de compartir con ella el propósito de Diálogos de Futuro. Admiré su inteligencia, su generosidad y esa manera cálida y amable de relacionamiento. Andrea sabía escuchar, convocar y construir confianza. Su liderazgo era firme, pero también cercano y profundamente humano.
Fui testigo de su compromiso con Diálogos de Futuro. Creía sinceramente en el valor de reunir personas e instituciones distintas para conversar sobre la educación y el futuro de Colombia. Entregó a esta iniciativa su entusiasmo, su capacidad de trabajo y su convicción de que el diálogo y la colaboración podían convertirse en una fuerza real de transformación.
Soy testigo directo de su relacionamiento con el equipo de DIS, que se puede expresar en tres palabras: exigencia, respeto y generosidad. Andrea sabía reconocer el valor de cada persona, impulsar sus capacidades y hacernos sentir parte de un propósito mayor. Su partida produce en nuestro equipo, y en mi personalmente, una profunda tristeza, pero me queda la gratitud de haber compartido con ella, la satisfacción del deber cumplido, y la certeza de que su huella permanecerá en quienes la conocimos y en todo lo que ayudó a construir.
Andrea tenía un don que pocas personas tienen, el de tender puentes donde otros solo veían distancias. Lideraba conectando, no imponiendo; convocando, no exigiendo y creía genuinamente que un país mejor se construye cuando personas e instituciones distintas deciden encontrarse alrededor de un propósito común, y así vivió cada proyecto que emprendió.
Yo tuve la fortuna de experimentar ese liderazgo de cerca, me abrió las puertas de su familia, me apoyó sin condiciones en cada locura y cada proyecto, y nunca me dejó desfallecer. Me decía, una y otra vez, que yo tenía un valor enorme, con la misma generosidad con la que abría caminos para tantos otros. Su legado no está solo en lo que construyó, sino en cada persona que hoy es mejor gracias a haber cruzado uno de esos puentes que ella supo tender. Gracias, Andrea, por enseñarnos que liderar es, sobre todo, creer en la gente.
Por Jota
Mi Andre linda, mi segunda mamá, mi guía espiritual y el ejemplo más hermoso de una mujer profundamente humana y trabajadora por sus proyectos y sueños.
Me da paz volver a los días del apartamento de la infancia, despertarme con un besito de Gastón y sentir el sol entrar por la ventana mientras nos reíamos después de una pijamada. Contigo aprendí a montar a caballo, a jugar squash, a patinar sobre hielo, a nadar y, sin saberlo, también el valor de la meditación y de la paz interior. Tu generosidad me hizo sentir siempre como una tercera hija y jamás olvidaré cómo me hacías sentir cuando me decías Lalita con tu sonrisa tranquila. Tu amistad con mi mamá me enseñó el valor de la lealtad incondicional.
Me dejas el regalo más grande que el universo pudo darme: la amistad de Juani y Juli. Estaré siempre para ellas y seguiré adelante con la entrega, la fortaleza y el amor por los animales que aprendí de ti. Te prometo honrarte con las memorias que sembraste en mí , porque el amor verdadero nunca desaparece; solo cambia de hogar, y el tuyo encontró el suyo en todos los que tuvimos la suerte de quererte.
Con todo el cariño,
Tu Lalita
Mi estimada Andrea
Tuve la suerte de compartir contigo muchísimos momentos. Momentos especiales, momentos íntimos, momentos tristes y felices. En cada ocasión, siempre tuviste la nobleza de hablarme desde el corazón, de darme tu visión del mundo, de alentarme con una sonrisa.
Siempre admiré tu elegancia y tu don de gentes. Y muchas de tus cualidades como anfitriona las quise copiar cuando tenía el placer de recibirte. Tu manera de convencer y de manejar cualquier situación siempre la admiré. Fue mucho lo que aprendí de ti.
Pero lo que siento que más me marcó de ti fue tu manera de amar a los tuyos. Lo hacías a manos llenas y con ganas. Tu generosidad era infinita y lograbas poner en un pedestal a la gente que querías. Estabas hecha de detalles que alegraban al que fuera.
Gracias por todo eso. Gracias por existir Andrea. Tu huella quedará indeleble en mí para siempre.
Por Caos
Andre, mi hermana de la vida
Las palabras son muy pequeñas para expresar lo que mi alma siente pues has sido uno de los regalos más grandes que Dios puso en mi camino. Fuiste mi refugio, compañía, consuelo, fuerza. Nuestros lazos nacieron del amor verdadero.
Gracias por cada sonrisa compartida, por cada lágrima que sacaste, por cada consejo, oración, por cada gesto de amor. Jamás te apagarás para mí, tu huella es imborrable, hermana de la vida.
Contigo no conozco despedidas. Vivirás en lo más sagrado de mi alma. Gracias por existir, por amarme, por haber sido y seguir siendo la hermana elegida por el corazón.
Por Claudia Aguia
Mi querida amiga doy gracias a Dios por conocerte y darme la oportunidad de compartir contigo la vida.
Gracias por ser tan amorosa amable generosa por siempre estar atenta a servir. Te quiero mucho
Por Esmeralda Torres
Definitivamente la amistad es uno de los mejores regalos del Señor Jesús y hoy te agradezco mi André adorada por ser uno de mis regalos mas preciosos. Gracias por todo y por tanto, por cada momento vivido, por cada conversación, cada risa, consejo, por cada lágrima compartida. Gracias por quererme tanto y por dejarte querer. Ya te extraño, que falta ya me haces, porque tu huella es imborrable y permanente. Hasta siempre amiga bella, se que jamas te alejaras de mi corazón.
Por Gloria Cardona
Mi muy querida Andrea
Te escribo para manifestarte mi gran cariño y aprecio que te tengo.
Sé que estás en otro estado y en otro plano en el cual ya no te pesa tu cuerpo físico que tanto te estaba agobiando y que te liberaste de él. Sin embargo tu alma está intacta y seguirá su camino al lado de tus guías espirituales hacia el Señor.
Eres un ser maravilloso, cálido, sensible, comprensivo, y amable.
Agradezco a la vida haberte conocido y haber compartido contigo muchos momentos inolvidables.
Siempre estarás en mi corazón.
No es una despedida sino un hasta luego.
Busca la luz para llegar a casa nuevamente.
Te mando un abrazo con toda mi alma.
Por Totis/ Luis Jorge Quintero
Querida Andrea
Vuelvo a aquellos años de colegio y a nuestras tardes en el Country, compartiendo un sándwich de queso y un helado entre risas, conversaciones y sueños. Qué afortunadas fuimos de vivir una amistad tan bonita y de guardar recuerdos que hoy atesoro con todo mi corazón.
Por Marta Hinestrosa
Mi Andre bella
Gracias por regalarme tu amistad, tu sonrisa, tu mirada y esa forma tan especial de hablar, gracias por tu paz y por tu alegría.
Cada momento quedó grabado en mi corazón. Gracias por haber sido esa amiga del alma!
Con todo mi cariño,
Tu amigo por siempre, Dani.
Andreita
No hay palabras para expresar la tristeza que siento.
Tu pronta partida ha dejado en mi corazón un vacío inmenso.
Descansa en paz.
Por Tuto/Augusto Mejía
Andrea, compañera de clase en el Anglo
Nos volvimos a descubrir como amigos en la pandemia. Inteligente, seria y comprometida, especialmente con los temas de la educación superior.
También descubrí que era melómana y cantamos juntos muchas canciones de nuestra época: Beatles, Cat Stevens, Paul Simon.
Adorada y amorosa, te recordaré siempre.
Por Felipe Jaramillo
Lamento profundamente tu partida y me quedan grandes recuerdos de nuestra amistad que inició desde la universidad.
Siempre fuiste una mujer maravillosa, emprendedora, aguerrida y sobretodo una gran amiga.
Descansa en paz querida
Por Miguel Acevedo
Mi Dios me dio el privilegio y la fortuna de haber compartido este viaje llamado vida por los últimos 58 añitos con un ser lleno de Luz y Amor como lo era Andreíta Linda y Bella.
No solamente tuve el honor de crecer a su lado sino aprender el arte de gerenciar y gestionar mis sentimientos y emociones.
Gracias Andreíta por permitirme conocer tu espíritu lleno de Bondad y Luz.
Feliz Vuelo y nos volveremos a encontrar.
Por Jerry / Juan Gerardo Flórez
"Mi Andre bella"... así le decía. Y sé que tengo que hacerme a la idea de que ya no la volveré a ver, a escuchar ni a abrazar.
Pero, al mismo tiempo, mi corazón se llena de gratitud por haber tenido la fortuna de que Dios me regalara la oportunidad de coincidir con una mujer tan maravillosa.
Andre fue una mujer inteligente, amorosa, humana, generosa e invaluable. La verdad es que se merece todas las palabras hermosas que puedan existir, porque fue una persona maravillosa.
Andre, gracias por tanto. Gracias por cuidarnos, por creer y decirle sí a la creación de Grows, por ponernos siempre en primer lugar, por ser nuestra consejera, nuestra guía y, como con tanto cariño te decíamos, la mamá de los pollitos.
Me llevaré para siempre cada conversación, cada enseñanza, cada abrazo y cada momento que tuve la dicha de compartir contigo. Siempre te voy a querer, a admirar y a recordar con un inmenso amor.
Gracias por dejar una huella tan bonita en mi vida.
Descansa en paz, Andre.
Por Ana Maria Figueroa
Hay almas privilegiadas que no conocerán el olvido, porque Dios las sembró en la tierra para florecer en el corazón de quienes las aman.
Así fue nuestra entrañable amiga Andrea, hermana de la vida, cuyo viaje hacia la eternidad no ha apagado la luz de su existencia, sino que se ha transformado en una presencia silenciosa que sigue iluminando nuestros días. Su vida fue un canto a la bondad, la generosidad y la amistad sincera. Muchos fueron sus caminos, pero aún más hondas fueron las huellas de amor, esperanza y nobleza que dejó a su paso.
Su recuerdo será un compañero inseparable durante todo nuestro peregrinar por este mundo, un faro que orientará nuestros pasos y un referente permanente de las más altas virtudes humanas. Hoy elevamos una oración confiada para que el Señor la haya recibido en el abrazo infinito de su misericordia y le conceda el descanso eterno.
Que los ángeles y María Santísima la acompañen en la gloria y que para ella resplandezca, por los siglos de los siglos, su luz perpetua.
Ella vivirá en el relicario y en la memoria de nuestro corazón, porque el amor y la amistad verdadera jamás conocen el ocaso.
Por Julio Riaño, Pilar, Francisca y Felipe
Querida Andreíta
Descubrimos el amor primero que la amistad, y con el tiempo nos volvimos grandes amigos. Recordaré siempre tus cuadernos llevados de una manera impecable. Una letra perfecta, márgenes, subrayados, dibujos y colores inmejorables.
Gracias por haber sido la primera que abrió un espacio en su casa para atender a los compañeros de visita a Colombia. Te recordaré siempre pues además fuiste mi amiga de barrio.
Por Hernando Dávila
Andrea y el valor de la educación
Andrea Alvarado fue una persona excepcional cuyo liderazgo, siempre guiado por un enfoque profundamente humano y cercano, dejó una huella imborrable en la región. Su visión y vocación la convirtieron en una pieza clave para impulsar y transformar la educación tanto en Colombia como en América Latina, demostrando que el verdadero progreso social nace del conocimiento, la empatía y la cercanía con las personas.
En Grows, el respeto, la admiración y el cariño que sentimos por ella permanecerán siempre con nosotros. Honraremos su legado manteniéndonos unidos, trabajando como un solo equipo y preservando la cultura que ella construyó e inspiró cada día con su ejemplo.
