¿Quién lo fuera a creer?

Mié, 18/02/2026 - 12:01
El país no resiste otro experimento ideológico ni otro salto al vacío. Esta vez, la responsabilidad es mayor: o se corrige el rumbo, o se consuma el naufragio.
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Eso de las candidaturas da qué pensar. En el pasado hemos tenido buenos candidatos y malos presidentes, como fue el caso de Iván Duque; malos candidatos que habrían podido ser buenos presidentes, como Óscar Iván Zuluaga; pésimos candidatos y pésimos presidentes, como Juan Manuel Santos; mediocres candidatos y vergonzosos presidentes, como Ernesto Samper y Gustavo Petro.

Álvaro Uribe fue un buen candidato y un buen presidente en su primer mandato. Hoy, por un lado, tenemos candidatos correctos que no tienen la más mínima opción de llegar a ser correctos presidentes: los de la mal llamada Gran Consulta. Otros ni fu ni fa, que van ahí de manera parasitaria.

Y de los que puntean en las encuestas ya dediqué mi anterior columna al anticandidato por excelencia, Iván Cepeda. Corresponde ahora hablar de quien considero un buen candidato para la coyuntura actual, y a quien le pronostico una buena presidencia, capaz de sacarnos del atolladero.

Mi apuesta es por Abelardo de la Espriella.

¿Quién lo fuera a creer? Ni yo mismo.

Ha venido mostrando el talante de buen candidato, alguien a quien se le escucha con atención porque su discurso corresponde a la realidad del país y a la urgente necesidad de tomar medidas drásticas para sacarnos del lodazal en el que nos ha metido un mequetrefe que nunca debió pisar la Casa de Nariño y sí, más bien, La Picota.

Abelardo —o De la Espriella, como cada quien guste— lo ha dicho sin medias tintas: aplicando la ley, el señor Petro terminará donde le corresponde, por corrupto y aliado del crimen transnacional. Y no se queda ahí el asunto. En una entrevista inesperada a un medio que se ha mostrado tendenciosamente amigo del gobierno, Abelardo —opto por llamarlo así— explica con claridad qué va a ejecutar desde el primer día de mandato, y no hay razones para no creerle.

Cada quien puede abrir YouTube y buscar la entrevista que el candidato concedió a Caracol.

Mi candidato está bien acompañado. Enrique Gómez, su jefe de campaña y primer asesor, es una garantía de seriedad y compromiso político, tan necesarios en la convulsa América Latina. En asuntos internacionales cuenta con Omar Bula, atento vigilante de las acciones del Foro de São Paulo desde sus años en la ONU y lúcido como pocos cuando se trata de destapar al crimen transnacional organizado. Como ellos, hay muchos más comprometidos con llevar al país por la senda del progreso.

A quienes le han reprochado al candidato no tener experiencia en el manejo de lo público, ha sabido responder con claridad, mostrando contraejemplos nefastos de expertos en mamar del Estado, que no son garantía de nada distinto a la corrupción y el mal manejo de las finanzas públicas. Lo mismo ocurre cuando le restregan su pasado como defensor de criminales: su respuesta ha sido clara y sin ambages.

Lo que ha convertido esta contienda electoral en algo serio —luego del circo de más de un centenar de aspirantes, con shows en varias pistas de la carpa y las tales consultas, que no son más que una alcahuetería— ha sido la irrupción inesperada de un candidato que despegó y se ha mantenido en la punta de la carrera, hasta ahora llanta con llanta con el anticandidato Cepeda.

Que Dios nos libre de cualquier jugada rastrera ejecutada junto a personajes de tan baja catadura como un tal Roy, porque para personajes siniestros y peligrosos, Colombia sigue siendo su mejor guarida.

El riesgo es muy grande como para permitir jugadas sucias, pactos bajo la mesa o maniobras de último momento. El país no resiste otro experimento ideológico ni otro salto al vacío. Esta vez, la responsabilidad es mayor: o se corrige el rumbo, o se consuma el naufragio.

Creado Por
Carlos Salas Silva
Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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