Para muchos trabajadores independientes, creadores de contenido, programadores y profesionales que prestan servicios a clientes en otros países, recibir el pago es apenas el comienzo. Después viene otra decisión: cuánto convertir a pesos, cuánto dejar en dólares y cuánto cuesta mover ese dinero.
En Colombia, plataformas como Littio, Global66 ofrecen alternativas para recibir pagos internacionales y manejar saldos en otras monedas. Recientemente llegó al país Meru que promete acceso al rendimiento DeFi. A través de la app, los usuarios pueden obtener un rendimiento variable de hasta 7% E.A. sobre USDC, generado mediante el protocolo DeFi Blend. El auge de estas herramientas ha abierto una conversación más amplia sobre el uso de dólares digitales, sus costos y los riesgos que conviene revisar antes de utilizarlos.
¿Qué es un dólar digital?
Una de las opciones más utilizadas en este tipo de aplicaciones es USDC, un activo digital diseñado para mantener una equivalencia cercana con el dólar estadounidense.
En términos prácticos, funciona como una representación digital del dólar que puede mantenerse dentro de una aplicación, transferirse o convertirse posteriormente a pesos. Sin embargo, su valor puede variar y no debe confundirse con un depósito tradicional en dólares dentro de un banco.
¿Conviene cambiar todo a pesos?
No necesariamente. Para alguien que recibe ingresos en dólares, una alternativa puede ser convertir únicamente la parte necesaria para cubrir gastos como arriendo, servicios o mercado, y mantener el resto en dólares para compras futuras, viajes o pagos internacionales.
La decisión depende, entre otros factores, de la tasa de cambio, las comisiones y el momento en que se necesite utilizar el dinero.
Antes de hacer cualquier conversión, conviene revisar dos cifras: cuántos pesos se recibirán realmente por cada dólar y cuánto cobra la plataforma por retirar, transferir o cambiar los fondos.
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Tarjetas, promociones y devoluciones
Algunas aplicaciones también permiten utilizar estos saldos mediante tarjetas vinculadas a redes internacionales.
En el caso de Meru, por ejemplo, existe una tarjeta Visa y una promoción temporal que contempla devoluciones del 10 % en determinadas compras, con condiciones y límites específicos.
Este tipo de beneficios puede resultar atractivo, pero no debería ser el único criterio para elegir una plataforma. Las promociones suelen tener fechas de vigencia, topes máximos y requisitos que deben revisarse previamente.
¿Y si el dinero se quiere invertir?
Otra posibilidad que empieza a aparecer en estas plataformas es la inversión de parte del saldo.
Algunas ofrecen rendimientos potenciales o acceso a productos vinculados con activos financieros. En estos casos es importante diferenciar entre tener dinero guardado y ponerlo a invertir.
Un rendimiento anunciado no significa que la ganancia esté garantizada. Dependiendo del producto, el valor puede cambiar y también existe riesgo de pérdida.
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Los riesgos que no deberían pasarse por alto
El crecimiento de los dólares digitales también obliga a entender sus diferencias frente al sistema financiero tradicional.
Estos saldos pueden estar expuestos a variaciones de precio, costos de conversión y riesgos asociados a la plataforma o al activo utilizado. Además, no todos cuentan con las mismas protecciones que un depósito bancario convencional.
Por ejemplo, los dólares digitales no están cubiertos por el seguro de depósitos de Fogafín, que protege determinados productos ofrecidos por entidades financieras vigiladas en Colombia.
Por eso, antes de mover dinero hacia una de estas aplicaciones, resulta clave revisar tarifas, condiciones de retiro, respaldo de los activos y mecanismos de protección al usuario.
Una herramienta útil, pero que exige hacer cuentas
Para quienes reciben ingresos desde el exterior, estas plataformas pueden simplificar procesos que antes implicaba más intermediarios y trámites.
Pero la conveniencia depende de cada caso. Más allá de la facilidad para recibir el dinero, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuánto cuesta realmente usarlo, convertirlo y moverlo?
La respuesta puede marcar la diferencia entre una herramienta práctica y una operación que termina costando más de lo esperado.
