9 de Abril

19 de abril del 2011

¿Cuánto cuesta la memoria histórica? ¿Un iPod tal vez? ¿Unos cuantos miles de votos acaso? ¿O mejor una Big Mac con papas fritas?

El 9 de abril de 1948, en el centro de Bogotá, cayó asesinado el líder político Jorge Eliécer Gaitán. Hasta el momento no existe certeza de las razones de su asesinato, así como tampoco existen certezas acerca de a quién representaba. La izquierda se lo abroga como un caudillo de las ideas socialistas en Colombia, otros sectores lo reconocen como representante de la derecha corporativista, mientras que otros más lo definen como un líder populista. La único cierto es que estuvo del lado de los sectores populares que vieron en él una posibilidad real de tomar la voz cantante en Colombia.

Su muerte truncó esas expectativas y quebró en dos la historia política y social de Colombia a partir de ese momento. Sesenta y tres años después, poca gente tiene un interés genuino por preservar la memoria de ese hecho, como no sea una ocasión para hacer fiestas con música “Balcánica”. Cada año que pasa se pierde precisión; confunden Gaitán con Galán, y creen que el Bogotazo fue una celebración. El cruce de edificios en la Carrera Séptima con Avenida Jiménez, sitio en el cual asesinaron a Gaitán, hace que todo el asunto se torne caricaturezco: una iglesia colonial, el edificio de uno de los diarios más tradicionales del país, el banco central de la República y un McDonalds junto al cual están perdidas las placas conmemorativas del asesinato.

Lo único que nos pertenece es la memoria; lo único que nos hace lo que somos y que configura el mundo a nuestro alrededor es esa memoria de la que casi nada queda. Una fecha más que se pierde en un cúmulo de fechas, cada vez más nebulosas e insignificantes. Tal vez en unos años la nueva historia considere al 9 de abril de 1948 como la fecha en que empezó la guerra contra el narcoterrorismo, tal vez…

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