Bájele al calor

16 de agosto del 2018

Por Hernán López.

Bájele al calor

En días pasados el secretario de salud de Santa Marta, Julio Salas, recomendó en medios de comunicación “evitar hacer el amor o tener sexo en horas en que la temperatura esté alta, en especial al mediodía”. Según el funcionario, “esta actividad genera exigencias físicas y aumenta la frecuencia cardíaca”.

Tras ser publicada la advertencia, miles de samarios se preguntaron: ¿eche, a este man qué le pasa? ¿Quién es pa’ ordenar tal absurdo? Pues el hombre sabe de qué está hablando. El doctor Salas es médico graduado de la Universidad del Magdalena. Fue coordinador médico de la ESE Alejandro Próspero Reverend, donde también fue médico de planta en las áreas de hospitalización y urgencias. Y trabajó como coordinador médico de los XVIII Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017.

Tiene razón al insinuar la reducción de “actividad física” cuando en “La Perla del Caribe”, por esta época, la temperatura asciende a los 40 grados Celsius, es decir, un calor “ni el macho”. Para Salas, las tareas que signifiquen estos esfuerzos “aumentan el metabolismo y aceleran nuestro cuerpo”.

Me di a la tarea de preguntar a conocidos y amigos sobre si dejarían el sexo a un lado, como lo advierte el especialista, y coincidieron en que la recomendación es válida, siempre y cuando no se meta con su felicidad. Creo que ha sido la encuesta más desvirtuada que he hecho en la vida. Mi primer focus group lo realicé con mis compañeros del colegio: una catajarria de cuarentones que tienen por hobbie mamar gallo en un chat al que denominamos “San Ber promoción 1990”.

Uno de ellos sugirió “sexo en la ducha, con agua fría”. Otro dijo que no, pero que si estaba preocupado por uno de nuestros amigos, ya que el tipo vive en Santa Marta y hace días no se comunicaba con nosotros. Otra de las reacciones fue: “pues hombre, con aire acondicionado”. Y la más corta, pero más explícita, fue un video ‘no apto’, enviado por otro de ellos.

Sin desfallecer, y con afán de recopilar más reacciones, dirigí mis intenciones hacia otro chat: el de los amigos del voleibol. Fueron menos tomadores de pelo. Uno de ellos dijo que “la idea de sudar es buena para la salud”. Otro afirmó tajantemente que “desde que tenga ganas no importa si hay frío o calor”. Otro, con moralidad al tope, respondió: ¡qué calenturientos! Uno más expuso: “solo lo dejo si quedo pegado en Jueves Santo; de resto, hágale”. Y el último que respondió, preguntó: ¿está en Santa Marta?

Viendo mis esfuerzos menguados, decidí preguntarles a mis amigos de infancia. El primero en reaccionar dijo: “se está equivocando de chat, Hernán”. El segundo asintió: “elimino todas las actividades restantes, si fuera necesario”. El tercero, con sinceridad absoluta, exclamó: “dejaría de contestar preguntas pendejas”. El cuarto dijo que era una excusa perfecta, cuando uno va de viaje de trabajo: “mi amor, no te preocupes que la temperatura está muy alta en Santa Marta”. Y uno de mis amigos escribió en mayúsculas: “PARA ESO HAY VENTILADORES”.

Continué con la tarea y ‘eché’ mano del mercado común. Envié la pregunta a mis compañeros de oficina. Las respuestas fueron variadas. Uno me dijo: “no trabajaría, me quitaría la ropa y me dedicaría a refrescarme”. El siguiente afirmó: “yo prefiero ‘estirar la pata’ en esas”. Otro insistió en que ‘haría caso omiso’ y enfatizó en que si tuviera que eliminar algo, eliminaría sus viajes en Transmilenio. El posterior: “apagaría el ventilador”.

Continuaron las respuestas. Dijo el próximo: “no lo eliminaría, pero sí cancelaría todas las actividades físicas que me impidieran tener sexo como los bolos, el fútbol, el trote, etcétera”. Las niñas fueron más cautelosas: “no dejaría de hacerlo y no tengo idea de qué eliminaría”. Otra de ellas atestiguó: “no lo dejaría de hacer y me pondría menos ropa, por aquello de la temperatura”. Y la última: “antes que dejarlo, abandonaría mi trabajo”.

Uno de los expertos consultado por los medios de comunicación, acerca del tema, certificó que “no es tan cierto que haya que evitar el sexo en climas cálidos, pero que la temperatura sí es un factor que podría influir en las relaciones sexuales”. Saquen sus propias conclusiones, según su experiencia y lugares de actividad.

Los versados en el tema aseveran que “el pico sexual del verano es un efecto real del calor, es decir, somos más proclives a la actividad sexual”. O sea que ¿en clima caliente nos dan más ganas?

Después de la sugerencia realizada por el doctor Salas, el médico aconsejó, además, “no exponerse al sol, usar ropa clara, mantenerse hidratado tomando agua constantemente, evitar las bebidas azucaradas, tomar duchas frías y no estar bajo el sol”. Me pregunto: ¿por qué no propuso esto antes de generar tal ola de pánico?

Yo tampoco dejaré de hacerlo. A pesar de que con calor el arrunche es menos posible, a los bogotanos nos encanta salir de paseo, a climas cálidos, y dejar volar la imaginación. El frío de las montañas rolas nos ha obligado a largas jornadas en jacuzzis, hasta perder el conocimiento por la deshidratación.

Que levante la mano el que no haya esperado la llegada de fin de año, con desesperación, después de haber sabido que las vacaciones de fin de año incluyen playa, brisa y mar. Y en otros casos, piscina y río.

“Me pido ser el primero”…

@HernanLopezAya

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