El origen de la infidelidad

El origen de la infidelidad

21 de octubre del 2015

En Echemos Vaina publicamos la más reciente investigación del doctor en comportamiento e impulsos masculinos, Alan Keko Jones, la cual fue censurada y quemada por discutidas e intolerantes feministas.

En la cabeza del futuro infiel, se dirime el clásico conflicto humano: ¿le hago o no le hago? Los estudios realizados con más de cien hombres casados o con alguna relación formal, arrojaron que la principal motivación para responder ese dilema obedecía a las expectativas de aprendizaje y mostraron que la infidelidad está rara vez relacionada con la debilidad y casi nunca con la tentación.

Si las mujeres reconocieran de este estudio que la evolución del macho homo erectus fue propiciada por la necesidad que se tiene de aprender del entorno, de explorar nuevos hábitats y de penetrar nuevos mundos, los conflictos con ellas desaparecerían.

Para el hombre, es muy complejo sortear las razones morales de la infidelidad. Se convierte en un reto intelectual encontrar excusas que justifiquen sus llegadas tarde, las ausencias o la reunión inesperada.

Es por eso y como todo en la vida, que la experiencia cuenta: cada nuevo encuentro o relación extra sumará “manchas al tigre”, como diría Sandokán. En la medida que el sujeto aventure más y se arriesgue con regularidad a nuevos encuentros, logrará la experticia necesaria para elaborar discursos y comportamientos que sean propicios para que su pareja no sufra y su amante se sienta segura.

El hombre infiel pasará por el inevitable infierno del juzgamiento: estará sometido a la duda, al miedo, a un estado de alerta constante y, por supuesto, a la inevitable culpa. Es por eso que se recomienda que la pareja genere un entorno de confiabilidad, tranquilidad y apoyo. Los ambientes ideales de aprendizaje son aquellos rodeados por amor y confianza, libres de todo maltrato y señalamientos.

Ahora bien, en el estudio realizado por Keko Jones se demostró que no es lo mismo “picar” y huir que quedarse en una doble vida. En el primer caso es una conducta que emerge con la convicción del “toco y me voy”, que no ayuda para nada en el ámbito de lograr recorrido y manejo de las situaciones.

Es posible que en estos casos predomine la inseguridad de no reincidir y que desanime a la amante para más de un encuentro. Es el típico caso llamado en sicología moderna arrugation and skip.

En cambio, el que se queda en la infidelidad construirá un rol más complejo, en el cual la fábula, los subterfugios y la argumentación serán recursos dramáticos para actuaciones memorables que propiciarán en el hombre fortaleza y decisión.

Más allá de los argumentos que se esgrimen, los factores que llevan a un macho a romper con la fidelidad son numerosos y no asientan solo en desajustes de la pareja.

Si bien, la ciencia ha tratado de dar alguna respuesta a esta conducta (véanse investigaciones de la Dra. Anna Bussado de Hessa), las conclusiones no son concluyentes porque no hablamos de una patología, sino de un comportamiento humano.

Ni los andrógenos (testosterona) ni la falta de sexo en la pareja llegan a ser factores únicos y determinantes de la infidelidad. En cambio, la búsqueda de experiencias nuevas ligadas a la necesidad de aprender aparece como un estímulo irrefrenable frente a las condiciones narcisistas de las mujeres que reclaman fidelidad.

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En la fotografía, el Dr. Alan Keko Jones dirigiendo una sesión de psicoterapia.

En la fotografía, el Dr. Alan Keko Jones dirigiendo una sesión de psicoterapia.

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