El politiquero paseador

El politiquero paseador

21 de octubre del 2015

Cabe para esta época de elecciones una adaptación de la fábula de Rafael Pombo “El renacuajo paseador” convertido en político, una situación que ocurre en muchas regiones del país:

El hijo de Rana, Rinrín politiquero,
salió esta mañana, muy tieso y muy majo.
Con pantalón largo, camisa Passcalli, zapato de marca y el celu de moda.
“¡Muchacho, ahí está el aval!” Le grita el Partido.
Él hace dedo arriba y orondo se va, para cualquier arrabal.
Halló en el camino a un ratón vecino.
Y le dijo: “¡Amigo! venga usted conmigo.
Busquemos unos votos donde doña Ratona. Le ofrecemos francachela y comilona y seguro sacamos Gobernación, Concejo y Alcaldía sin tanto trabajo”.
A poco llegaron, y avanza Ratón.
Estirase el cuello, coge el aldabón.
Da dos o tres golpes, preguntan: “¿Quién es?”
“–Yo, doña Ratona, beso a usted los pies”.
“¿Está usted en casa?” –”Sí, señor, sí estoy; y celebro mucho ver a ustedes hoy, estaba en mi oficio: vendiendo minuticos, mis hijos mototaxis dependemos del Sisbén y de Mujeres en Acción.
“Pero eso no importa; bienvenidos son”.
Se hicieron la venia, se dieron la mano, y dice Ratico, que es más veterano:
“Mi amigo aquí presente necesita unos voticos, traiga cerveza y a los vecinos, en montoncitos que pa’ todos tenemos uniforme y aguardiente”.
Y en tanto que el pillo consume la jarra y echa su discurso mandó a la señora traer la guitarra y a Ratico le pide que cense cuantos voticos hay entre los asistentes.
“–¡Ay! de mil amores lo hiciera, señor, pero es imposible darle el voto ahora, porque mi cédula no es de esta zona y tengo la despensa más vacía que la de mi tía, que es agricultora, y el gaznate más seco que estopa y a remiendos esta ropa”.
“–Lo siento infinito, responde Ratico,
Cuando mi compadre llegue a la alcaldía todas sus penurias habrá olvidado, pero mientras tanto démele su voto, y el de unos cuantos marranos.
Mas estando en esta brillante función.
De baile, cerveza, guitarra, discurso y canción,
Los ex paras y sus Gatos salvan el umbral, y vuélvase aquello el contrato final.
Don Renacuajito mirando tremendo apoyo dio un salto,
Tomó su celu y un tweet reenvió, pensando en los miles de contratos, sus promesas olvidó.
Y abriéndose con el tiempo con los votos ganados pasaba “las noches muy felices” mientras los que votaron esperaban y esperaban si algún día, él resucitaba.
Pero seguía saltando tan alto y aprisa, que sin darse cuenta se le rasgó la camisa, perdió el sombrero y lo abandonó el gato ladrón donde en una celda de la Fiscalía cantó y, lo condenaron por pillo, parapolítico y malversador; pero eso no le impidió repetir la función, de postular a su hijo, yerno, esposa ya que tenía como aliado al Para gato y a un ratón.
Y así concluyeron, uno, dos y tres:
Ratón y Para, y el politiquero después; los medios comieron y la historia se repite, siempre que haya campaña, pobres, política y muchos confites.
¡Y el pueblo solito quedó, no se sabe si por pendejo, ignorante o porque siempre le ha gustado el politiquero paseador, donde siempre queda estafado: por un concejal, alcalde, gobernador o, un humilde senador que después será presidente o un bonachón embajador!

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