La guerra inútil contra el narcotráfico

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La guerra inútil contra el narcotráfico

4 de enero del 2018

El año nuevo comienza con una de esas noticias que si nos la hubieran dicho hace unos años sería difícil creer. Las imágenes de la prensa internacional que la ilustran producen impacto y te llevan necesariamente a reflexionar sobre la inutilidad de ese absurdo que han dado en llamar la guerra contra el narcotráfico.

California, el estado más rico, más grande y más poblado de Estados Unidos, legalizó oficialmente la marihuana para consumo recreativo. No se trata ya del subterfugio usado por muchos hasta ahora de consumo para fines medicinales. No, se trata simple y llanamente de gente que busca la yerba para agarrarse una traba, un subidón, sollarse o como ustedes lo quieran llamar. Igual que el que compra una botella de ron o aguardiente para cogerse una buena borrachera.

Dirán ustedes que no todo el que toma aguardiente o ron se emborracha ni todo el que fuma marihuana se traba. Lo que quieran, es cuestión de gustos y medidas. La cosa es que tanto el alcohol como la yerba ya son legales en California. Eso sí, después de una campaña oficial ilustrando sus peligros, la prohibición de consumirla en lugares públicos y la prevención de consumirla cuando se conduce un vehículo, entre otras advertencias.

¿Y todos los muertos por el control del mercado? ¿Y todos los cacareados éxitos de la policía en estos años? ¿Y toda la gente que ha purgado años de cárcel por cuenta del tráfico y consumo de marihuana? ¿Y los ríos de tinta de reportajes, entrevistas y editoriales contra la yerba? Nada. Tonterías, cosa del pasado.

Hace exactamente 39 años, en los primeros días de enero de 1979, la revista norteamericana Time dedicó su carátula al más grave problema que existía en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Colombian Connection se titulaba aquella pieza que hizo estremecer al país. El gobierno se sintió en ridículo.

A los funcionarios de Julio César Turbay la cifra de 10.000 hectáreas cultivadas de marihuana en la Guajira de que se hablaba en ese momento, le parecían desorbitadas. Así que el Procurador General, Roberto García Ordóñez, hizo unos vuelos de reconocimiento a aquel olvidado territorio durante tres días con el fin de desvirtuar aquella afirmación. La realidad es que había 100.000 hectáreas de yerba cultivadas y el gobierno central no se había enterado.

Colombia se convirtió en el principal proveedor de marihuana a Estados Unidos después de que el gobierno de México, principal suministrador del mercado norteamericano comenzara a desarticular las bandas de traficantes y a rociar plantíos de la yerba con un poderoso herbicida en 1976. Lo demás es historia. Todos sabemos las consecuencias de la “bonanza marimbera” en la costa atlántica colombiana y la posterior transformación de aquellos trayectos en rutas de la cocaína, un negocio infinitamente más rentable.

Cuando se viaja hoy en día a Hong Kong, el pujante y espectacular centro comercial y financiero chino en Extremo Oriente, se puede ver a la entrada de uno de sus imponentes rascacielos, el escudo de una de las más tradicionales compañías de aquella ex colonia británica, Jardines.

Un conjunto de pequeños triángulos en azul y rojo agrupados por dos sofisticadas abrazaderas no permiten identificar el origen de aquel elegante logo: un bulbo de amapola, materia prima del opio y la heroína que estuvo en el nacimiento de la ciudad.

William Jardine, un médico inglés, y James Matheson, un aristócrata paisano suyo, fundaron en 1832 una empresa con el apoyo de la corona inglesa para comerciar fundamentalmente con opio llevado a China desde la India. ¿Quién recuerda hoy aquel comercio, las guerras, los tratados desiguales que obligaron a China a abrir sus puertos y a ceder parte de su territorio? ¿Quién recuerda la tragedia de una población enganchada al consumo de opio?

Los chinos, por cierto, devolvieron el “favor” a Occidente transportando la amapola a México en los barcos que, atravesando el Pacífico, llegaban a Acapulco en el siglo XIX. Ese es el origen de los carteles de la droga mexicana hoy en día.

Ocurrirá un día con la cocaína lo mismo que hoy sucede con la marihuana en California. Y toda la sangre, dolor y tragedia que ha traído la famosa guerra contra el narcotráfico será asunto olvidado, cosa del pasado. A nadie importará.

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