He leído un libro esplendido sobre el heroico presidente Allende. Cumpliendo una admonición del sacrificado líder Chileno, “cuando me asesinen no guardes luto ni silencio, escribe un libro”, Gloria Gaitán nos presenta un testimonio sobre su vida informal y su pensamiento; sobre sus preocupaciones diarias, su orgullo y su fe.
Recorriendo las páginas de “El Compañero Presidente”, ahora que se cumple un aniversario más de la caída de la democracia y el advenimiento de la dictadura, entendemos la conciencia histórica que pesa sobre el pueblo chileno. Una única experiencia en el mundo en donde se buscó construir un destino autentico para que todos pudieran gozar de unos derechos tradicionalmente negados por las burguesías u oligarquías rectoras de ese y otros momentos.
El último recurso del presidente Allende en defensa de sus convicciones- avasallado el Palacio de la Moneda hubo de resistir metralleta en mano como un soldado raso hasta ver caer su sangre-, es comparable, guardadas las proporciones, con la firme certidumbre y firmeza que los marchantes estudiantiles del país austral, muchos años después de ese hecho, no buscan parar sus movilizaciones hasta que el gobierno decida dialogar y negociar las nuevas propuestas educativas.
“y va a caer, va a caer, la educación de Pinochet” es el grito de lucha de cientos de estudiantes liderados por la carismática e inteligente estudiante de geografía Camila Vallejo. Un grito que recuerda que la educación debe tener como causa y fin el hombre. El hombre que debe ser reconocido y tratado cómo tal no solo en el esquema teórico de la ley, sino en los planes y programas, en las relaciones de la vida corriente y en la prospectación de la patria.
Se presenta una nueva oportunidad de analizar las raíces de una situación y como casi siempre la solución optada es la más brutal. El despliegue de la fuerza policial para acallar las generaciones nuevas. Y Se pretende justificar el hecho enrostrando a la juventud falta de serenidad y de juicio, cuando son los mayores quienes con la inefabilidad de su criterio, distorsionan el entendimiento. O, peor aún, se conspira contra estas propuestas mediante los fuegos artificiales del éxito profesional de los estudiantes de universidades privadas, quienes tienen buenas vinculaciones. O el estado batalla desde las barricadas del presupuesto. Y no se cuestiona que se está comercializando con la ignorancia, otorgando títulos profesionales medidos en tiempos de matricula y asistencia y no en méritos de inteligencia, estudio investigación o creación científica.
Estos valerosos jóvenes chilenos no marchan al mismo ritmo por culpa de camisetas de un solo color que uniforman, tampoco han querido que su gesta sea apoyada por la prensa o partidos políticos que busquen “pescar en río revuelto”. Es una multitud que quiere cimentar su futuro y no rendirse en el empeño. Una enseñanza para toda América Latina. Aquella América que ha constatado con dolor, como dice Gloria Gaitán, que “ los grandes hombres que han muerto como mártires, han tenido primero que vivir como héroes”.
Una verdad que no sobra conocer acerca de Salvador Allende. Una verdad que no debe pèsar sobre la bella Camila Vallejo.
Alberto Salazar c
Salazarycastellanostecomunica@hotmail.com
El último recurso del presidente Allende en defensa de sus convicciones- avasallado el Palacio de la Moneda hubo de resistir metralleta en mano como un soldado raso hasta ver caer su sangre-, es comparable, guardadas las proporciones, con la firme certidumbre y firmeza que los marchantes estudiantiles del país austral, muchos años después de ese hecho, no buscan parar sus movilizaciones hasta que el gobierno decida dialogar y negociar las nuevas propuestas educativas.
“y va a caer, va a caer, la educación de Pinochet” es el grito de lucha de cientos de estudiantes liderados por la carismática e inteligente estudiante de geografía Camila Vallejo. Un grito que recuerda que la educación debe tener como causa y fin el hombre. El hombre que debe ser reconocido y tratado cómo tal no solo en el esquema teórico de la ley, sino en los planes y programas, en las relaciones de la vida corriente y en la prospectación de la patria.
Se presenta una nueva oportunidad de analizar las raíces de una situación y como casi siempre la solución optada es la más brutal. El despliegue de la fuerza policial para acallar las generaciones nuevas. Y Se pretende justificar el hecho enrostrando a la juventud falta de serenidad y de juicio, cuando son los mayores quienes con la inefabilidad de su criterio, distorsionan el entendimiento. O, peor aún, se conspira contra estas propuestas mediante los fuegos artificiales del éxito profesional de los estudiantes de universidades privadas, quienes tienen buenas vinculaciones. O el estado batalla desde las barricadas del presupuesto. Y no se cuestiona que se está comercializando con la ignorancia, otorgando títulos profesionales medidos en tiempos de matricula y asistencia y no en méritos de inteligencia, estudio investigación o creación científica.
Estos valerosos jóvenes chilenos no marchan al mismo ritmo por culpa de camisetas de un solo color que uniforman, tampoco han querido que su gesta sea apoyada por la prensa o partidos políticos que busquen “pescar en río revuelto”. Es una multitud que quiere cimentar su futuro y no rendirse en el empeño. Una enseñanza para toda América Latina. Aquella América que ha constatado con dolor, como dice Gloria Gaitán, que “ los grandes hombres que han muerto como mártires, han tenido primero que vivir como héroes”.
Una verdad que no sobra conocer acerca de Salvador Allende. Una verdad que no debe pèsar sobre la bella Camila Vallejo.
Alberto Salazar c
Salazarycastellanostecomunica@hotmail.com
