La noche que cambié el porno por un libro.

14 de febrero del 2014

«La gloria seduce la imaginación, mas no procura la menor voluptuosidad a los sentidos».
Marques de Sade.

Hoy quiero hablar de las dos disciplinas más capciosas escondidamente maniqueas, abiertamente nobles y morbosamente seguidas: la literatura y el arte de navegar por el internet ¡pero no! Quiero ser más específico pues hablar de estas dos categorías de una manera tan abierta me perdería como se perdió la memoria histórica de este país. Vamos entonces por el porno en internet y la escritura contemporánea.

Llego cansado de mis labores diarias, el viacrucis de no tener auto es el sistema de transporte masivo en este país, donde los reproductores en alto volumen con cumbias, rancheras y vallenatos interrumpen la meditación diaria; los apretujones y el calor corporal -no es sexual- llenan de tedio las noches del promedio “igual estamos diseñados genéticamente para aguantar desde altas exposiciones al cansancio y estrés como jornadas de hasta dos horas en un bus y 8 años de un gobierno inoperante y violador” –así es que me doy moral mientras me preparo un baño, como algo ligero y trato de adelantar labores para el siguiente día.

Después de perder tiempo valioso en lo que sería el agradar a los demás cumpliendo estándares calificativos que a nadie le importan, así como desarrollando o escribiendo sobre lo que nadie lee o apasiona a muy pocos es el momento de quitar el estrés y como la gran mayoría de adultos y jóvenes a escondidas hurgan en la web la pornografía gratuita. Es la mejor alternativa para satisfacer el morbo, fornicar con la ira e irse a dormir ligero. Desde luego, como amo estar entre la media poblacional parte de la conectividad que tiró a la basura la gasto entre redes sociales, foros de gente igual de promedio a mí pero con la esperanza de tener algo distinto y noticias curiosas como para animar una tertulia universitaria al día siguiente. Y ese es el primer punto del desgastado tejido social en el cual lo vintage, celulares de precios elevados y camisas a cuadros nos han llevado: todos queremos ser distintos, amamos ser contestatarios, explorar el mundo intelectualoide sin dedicar horas a la lectura. La banda ancha nos volvió impacientes tanto para aprender como para olvidar y el resultado de esto es un circo de las artes donde todos quieren ser escritores, otros fotógrafos, otros artistas plásticos y lo quieren ya pues la necesidad lo obliga a etiquetarlo con un hashtag y al mejor estilo de los aforismos Nietzscheanos plasmar esa nube de filosofía en 140 caracteres.

Antes de entrar al dominio del porno y lo verdaderamente divertido encuentro una notica que sobrepone el burdo animal al lector acosador y es que las famosas mujeres del porno, amantes de todos y conocidas pulgada a pulgada (hasta lo que da el monitor de la laptop) decidieron empezar a escribir libros, pues tienen algo para contar después de todo lo que tuvieron para hacer, comer, contorsionarse y untarse en sus picaros rostros. La primera de estas era la favorita por muchos pero poco agraciada para mí –Sasha Grey- la niña consentida del porno impulsada por el marketing y decenas de libros sobre sociedades secretas y sexo narrado como por un cronista de fútbol –todo a la espalda- lanzaba al mundo su primer libro sobre los relatos de una joven inmiscuida en una sociedad de ricos parafilicos con ansias de una imagen y con fantasías comunes lista para ser inducida en orgias donde los relojes costosos y muebles de cuero rayan la piel dejando un grabado con sudor y olor a dinero en una piel tan pura como la vagina de la madre de todos.

La verdad leí el libro por la misma razón que todos lo hicieron, por pura morbosidad de imaginarla en cada uno de los relatos, cuando me di cuenta el reloj ya marcaba las tres de la madrugada y el libro iba por la mitad de ser consumido. En términos literarios era otro fiasco literario con una narración bastante descuidada pero un sentido sexual tan ávido que ni el mismo Marx habría podido plasmar al escribir el manifiesto del partido comunista. Soy de los que les gusta leer con música, para Nietzsche tengo a Black Sabbath para los sociólogos lo hago con Alice Cooper y las novelas en su mayoría las hago con rock en español pero este libro no tenía una banda sonora tal cual, miro a mi laptop y veo un video porno que había dejado cargando decido no desperdiciar el trabajo que fue buscarlo entre lo más visto, lo nuevo y lo recomendado así que reproduje el video de una bella pelirroja de pechos naturales y piel blanca como las barbas del mismísimo dios mientras con sus gemidos actuados y choque de cuerpos adornaba la construcción de mi imaginario que recorría líneas negras en un fondo blanco. Nada más erótico que ese dualismo cromático de los libros

Entrada la madrugada terminó la novela, siento la culpa que sienten los adolescentes cuando los tabús se ensañan contra el quererse a sí mismos. Tengo al lado mío un libro de Deleuze el cual no he pasado de la página veinte y una tesis por rematar de leer, esa noche fue de la lectura pornográfica (muy distinta a la erótica) pues al igual que el porno en internet no se necesitan más de 20 min para un polvo en la lectura pornográfica no se necesitan más de 150 páginas zanjar una historia. ¿Qué aprendí? Aparentemente nada, era como leer una parodia porno de Dan Brown, después busqué mi cobija y trate de mirar más allá de lo evidente… ¡A lo thundercat!

Los invito a leer la próxima semana la continuación.

@andres_lugos

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