Los bebedores del café virtual

15 de julio del 2012

¡Qué paradójico es que hoy el mundo está poblado de seres mucho más amorosos que antaño, pero inmerecidametne mucho más solitarios!

Por cuenta de mi anterior columna en Kien&Ke, Confesiones de un futuro padre soltero, he tomado en los últimos días deliciosos cafés virtuales con extraordinarias personas a quienes jamás he visto y, objetivamente hablando, a quienes posiblemente nunca veré. Nos separan miles de kilómetros de aguas y bosques, costosos tiquetes aéreos y otras prioridades como para pretender, como quisiera, soñar que el abrazo será una realidad, en vivo y en directo en Colombia, México, Nicaragua, España o Israel.

Tras recibír cientos de mensajes que me arrancaron lágrimas y hasta unos tantos que me robaron el sueño, me sentí obligado a responder la mayoría de ellos. Había desde felicitaciones hasta insultos, desde anuncios del fin de los tiempos hasta dolorosas confesiones de hombres y mujeres que en varios rincones del mundo se resignaron -o por lo menos se acostumbraron- como yo, a dormir solos y a perparar en la mañana solamente un café cuando el corazón se muere por servir dos.

Tal como lo expuse en un espacio radial al que fui invitado para contar la historia(escuchar entrevista), ellos y yo sabemos que el asunto no se resolvería con calentar el doble de la cantidad de agua y disponer de una segunda taza. De hecho, es seguro que todos tenemos suficiente agua y la vajilla completa. Sin rodeos, y crudamente, ellos y yo tenemos claro que lo que falta es esa persona a la que quisiéramos preguntar cuántas cucharadas de azúcar quiere hoy (aunque sepamos de memoria la respuesta), mientras desearíamos que mañana y pasado mañana y toda la vida y en la próxima vida él o ella siguiera allí, con cara de “buenos días mi amor” sorbiendo la bebida que estamos dispuestos a traerle eternamente.

La gran mayoría de quienes me contactaron guardan inquietudes con respecto al tema de la paternidad y demandan de mí mayor información. Sin embargo, entre letra y letra percibí un urgente deseo de compartir algo más que una pregunta o una felicitación. Todos, sin excepción, hacen parte como yo del club anónimo e imaginario de quienes nos morimos por un abrazo. Por algún delicioso motivo mis palabras inspiraron confianza y a mi bandeja de correo llegaron profundas confesiones a las que traté de responder como persona, como hombre, más que como periodista o bloguero.

La lealtad me impide contar aquí anécdotas e historias que he escuchado en los últimos días con mis nuevos amigos, los bebedores del café virtual. Pero creo estar autorizado para reflexionar sobre el tema en público en ésta, la que será por ahora mi última participación en Kien & Ke.

Seré breve, pues únicamente dejaré planteada mi inquietud y no me atreveré a aventurar respuestas.  Antes, agradezco desde el corazón la compañía de esos nuevos amigos lejanos que me ofrecieron un café fuerte, negro, como tanto me gusta, y cuyo aroma me llegó a través de las maravillas de nuestras comunicaciones modernas.

Seré tan breve que ocuparé, a lo sumo, un par de renglones más.

¡Qué paradójico es que hoy el mundo está poblado de seres mucho más amorosos que antaño, pero inmerecidamente mucho más solitarios!

P.D. Me despido por ahora de este blog. Así lo decidí luego de un breve y también delicioso café virtual, desde el otro lado del mundo, con el editor de Kien Bloguea, mi contacto en Kien&Ke, quien me explicó muy amablemente las reglas de juego de la casa. Las respeto, pero tomo distancia. Tal como se lo expresé a él, de todas maneras prefiero, antes que poner un punto final, darle un chance al destino y cerrar, mejor, con puntos suspensivos…

azurychamah@gmail.com

 @azurychamah

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