Mejor abortemos misión, honorable senador

26 de abril del 2011

Ya sabía yo que un día que empezara con la lectura de una noticia anunciando la presentación de un proyecto de ley para penalizar nuevamente el aborto no podía terminar bien.

La cosa es así: el honorable senador José Darío Salazar, presidente del sacrosanto Partido Conservador, tuvo a bien preparar un proyecto de ley, que presentará el próximo 20 de julio, para modificar el artículito 11 de la Constitución cuyo texto actual, “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte”, pasaría a “El derecho a la vida es inviolable y recibirá igual protección desde la fecundación hasta la muerte natural”.

Es decir, las madres violadas, aquellas que corran peligro de muerte durante la gestación o el parto, o aquellas que conozcan con certeza médica de malformaciones en el feto que cargan en su vientre, no podrán decidir, acogiéndose a la vigente sentencia 355 de la Corte Suprema, suspender dicho embarazo, pero, de taquito, la reforma abre la puerta para que un sistema judicial ineficiente, sin recursos y corrupto, decida interrumpir deliberadamente la vida de alguien mediante la implementación de la pena de muerte.

Para resumir: no al aborto y sí a la pena de muerte. Brillante, aplausos para el innarrable senador José Darío. Creo que tenemos un excelente candidato a ganar el premio a la estupidez del año 2011. Y digo candidato porque en este país todos los días nos superamos, y apenas es abril, cualquier cosa puede pasar.

Y la estupidez es aún mayor de lo que yo, que normalmente prefiero subestimar la capacidad de los políticos para proponer pendejadas, pensé inicialmente. Salazar argumentó, en defensa de su desvarío, que “los magistrados del alto tribunal que tomaron la decisión de despenalizar el aborto “consagraron la pena de muerte para los niños que están en el vientre de la madre” y que eso era moralmente aberrante. Perdonará el ilustrado, pero quien esté de acuerdo con esta afirmación debería estarlo con que entonces toda pena de muerte es inaceptable.

¿Qué le estará pasando a los políticos que siempre han sido tan consecuentes con sus planteamientos? No fueron ellos los que alentaron La Violencia durante la segunda mitad del siglo pasado. No hay ninguno encarcelado por robarse los recursos públicos con los que se pueden construir hospitales y, así sí, salvar vidas. Tampoco sé de políticos que hayan apoyado el crecimiento exponencial de los grupos paramilitares a finales de los noventa. ¿Qué les habrá pasado, si eran tan buenos muchachos?

Algo raro sucede en este país cuando estos políticos exigen por un lado al Estado garantías para preservar la vida de los no nacidos y por el otro lado alientan estrategias para acabar con la de los vivos. Y ojo que no estoy comparando el valor de la vida de un feto con la de un supuesto asesino, ni mis neuronas ni mis convicciones morales me permitirían tan osada, pero sobretodo tan inútil tarea, lo que comparo es en manos de quiénes estamos confiando la decisión de interrumpir vidas: para el líder de los conservadores un juez en este país tiene más elementos de juicio que una madre violada o que un médico. Interesante planteamiento, pero me parece contradictorio, machista y de doble moral, tres rasgos que ya suficiente daño le han hecho a Colombia en el pasado.

Y es de doble moral principalmente porque por supuesto la Iglesia, esa misma de los pederastas, la misma que reza y empata, la que prohibe el uso del condón en África, donde el SIDA mata a millones de personas al año, ve con buenos ojos el proyecto. De doble moral porque sospecho que la posición de Salazar no sería la misma si, y son solo ejemplos, por supuesto no deseos, su hija violada por un malandrín se enfrentase a la decisión de traer al mundo un niño concebido de esa manera, o su nieta de 13 años, preñada como mandan los canones eclesiásticos por haber mantenido relaciones sin condón, corra riesgo de morir en el parto.

Vuelve y juega: el mundo al revés. Y yo que pensaba, que por lo menos en esto, y no solo a punta de terremotos, el mundo se había empezado a enderezar. Hoy el aborto es total o parcialmente legal para el 74% de la población mundial, incluidos países como China, Holanda, Finlandia y Gran Bretaña. Hace seis años dos economistas, por supuesto excomulgados, comprobaron que la mitad de la reducción en los índices de criminalidad de Estados Unidos durante los años noventa, se debieron a la legalización del aborto. Menos niños no deseados, menos criminales potenciales, dijeron. En el más dulce de mis sueños empecé a ver que el mundo entendía que la estrategia no es vigilar y castigar, parafraseando a Foucault, sino dar libertades pero exigir y asumir las responsabilidades que esta conlleva de manera consecuente.

El aborto es un tema de salud pública, no de púlpitos ni de culpas que se resuelven con Avemarías, golpes de pecho, rosarios y diezmos. Hay que desteologizar este y otros muchos asuntos sociales (como la eutanasia y la inseminación artificial a los que también les da palo el nuevo arti-culito) para que sea un debate basado en hechos, ojalá científicos, el que pruebe o no su necesidad pública, y las condiciones y lógicas restricciones que deben imponerse a su aplicación.

El aborto no creo que sea un tema de blancos y negros, como conozco pocos. Creo más en soluciones grises, resultado del debate público en el que participen todos, incluso la Iglesia. Y lo que haría la modificación propuesta por el senador Salazar, en caso de ser aceptada, como estoy seguro no será por el bien de este ya bastante jodido país, es regresarnos al oscurantismo inquisidor de unas épocas que muchos queremos olvidar.

El debate queda planteado, los animo a participar. Eso sí, no gasten mucha agua bendita en mí que ya no tengo destino.

Imagen tomada de: http://zeldalily.com/index.php/2011/01/is-identifying-as-neither-pro-life-nor-pro-choice-helpful/

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