“Colombia, es quizás el único país del mundo, donde las armas blancas, se portan y llevan como cacahuates”.
Con un tímido y desdentado decreto, la Capital de la República, intenta regular y prohibir la comercialización y tenencia de armas blancas por parte de sus ciudadanos; la mayoría de delitos y agresiones físicas se llevan a cabo con dichos elementos, siendo el arma más común a utilizar; por su letalidad, poder amenazador y de amedrentamiento, fácil adquisición, y porte de la misma, quizás, por el falso concepto de ser inherente a la cultura, estereotipo o actividad de muchas personas de bien en nuestro País.
En ninguna ciudad decente del mundo, de Europa, países bajos, un habitante de la misma, puede llevar con absoluta impunidad, desparpajo y tranquilidad un cuchillo u objeto análogo, y a veces de gran tamaño oculto entre sus ropas, como aquí; es hora de penar esta conducta en toda Colombia, con medidas privativas de la libertad, como se hace con las armas de fuego, ¡basta de tanta permisividad y alcahuetería!
La exposición pública, abierta y descarada para su venta y adquisición es un factor agudo de impunidad, es casi una invitación expresa a adquirir estos artículos, (cuchillos, navajas, puñales, puñaletas, punzones, manoplas, cachiporras, machetes, garfios, patecabras, mazos o hachas) y quienes en su mayoría lo hacen, son delincuentes, no personas de bien, y cuya finalidad es causar daño a otros, de una u otra forma.
¿Por qué tolerarlo y aceptarlo como normal?, claro, que habrá que tener en cuenta, excepciones en razón del oficio, profesión u actividad de ciertas personas, que las requieran y usen, pero es hora de que el ciudadano se sienta de verdad protegido y seguro, no es la solución al grave problema de la inseguridad, pero si ayudará a controlarlo de cierta manera.
