UBER, BITCOIN y la miopía tecnológica colombiana

UBER, BITCOIN y la miopía tecnológica colombiana

24 de noviembre del 2014

En el primer trimestre de 2014 a través de la Circular 29 la Superintendencia Financiera de Colombia declaró a el BITCOIN, la moneda virtual por excelencia, como un medio ilegal para adelantar transacciones financieras en el país, no obstante el BITCOIN sigue operando abierta y libremente en todo el mundo y en el caso de Colombia lo hace sin ninguna regulación por parte de las autoridades. Ahora sucede lo mismo con UBER, el sistema de gestión privado para el transporte público más popular del mundo que ahora ha sido declarado como ilegal en Colombia por el Ministerio de Transporte de Colombia.

El mundo hacia adelante y Colombia hacia atrás en la globalización tecnológica, parece como si el gobierno le tuviese pavor a los avances modernos, la censura a innovaciones liberizadoras de este tipo lo único que consigue es que estos servicios o productos continúen funcionando desde la clandestinidad donde pueden llegar a ser muy dañinos, en el caso del BITCOIN es una moneda virtual muy volátil pero con una majestuosa virtud para el crimen organizado, las transacciones son completamente anónimas, usted puede enviar o recibir bitcoins en su monedero desde o hacia cualquier lugar del mundo en segundos en las cantidades que guste y fácilmente aparecen compradores que los hacen efectivos en dólares –tener bitcoins es como tener oro– sin que tenga que declarar la procedencia de los mismos, primero porque la transacción es anónima y segundo porque no están regulados por el gobierno colombiano, siendo así, esto es una vía sin igual para el lavado de activos en Colombia y cualquier otro país que no los regule.

Ahora con UBER sucede algo similar, opera libremente en todo el mundo, cualquier persona con un Smartphone puede tener la aplicación y solicitar el servicio, queda a criterio del usuario si cumple con la norma o no y como se trata de un buen servicio, con alta aceptación entre los usuarios, seguirá siendo utilizado, pero esta vez desde la clandestinidad, es decir que si ocurre un siniestro o un delito en el marco de la utilización del servicio de UBER, no habrá póliza o figura jurídica que pueda ser utilizada para la resolución del caso y los vehículos que presten el servicio no deberán cumplir con los estándares requeridos para el transporte público, se convertirá en un fenómeno muy similar al mototaxismo.

Siempre es bueno preguntarse por qué lo desconocido para el gobierno se convierte en prohibido para el país, casi como una determinación medieval, donde cualquier manifestación humana inexplicable para la iglesia era considerada demoniaca y condenada a la hoguera. Este tipo de determinaciones a lo único que llevan es a que los avances tecnológicos más sorprendentes terminen al servicio de la ilegalidad mientras el miope gobierno considera, ingenuamente, que con la prohibición acabaran con la convención. Hacen falta más mentes modernas en las oficinas de nuestros arcaicos gobernantes.

@planetyuyu1

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