Daniel Briceño: “Mi mayor compromiso es ser coherente”

Relata cómo su infancia, la influencia de su abuelo y el trabajo desde temprana edad forjaron su carácter y su vocación política. Hoy sostiene que su principal compromiso es actuar con coherencia, aunque pueda cuestionar a su propio sector.
Créditos:
KienyKe

Daniel Briceño: “Mi mayor compromiso es ser coherente”

 

 

Por Adriana Bernal - Kién es Kién

Durante más de dos años fue un niño sin nombre ante el Estado. No porque no existiera, sino porque su madre se aferró a la esperanza de que el hombre que la había dejado regresara para reconocerlo. Nunca volvió. Entonces apareció quien realmente marcaría su vida: su abuelo. No compartían el mismo apellido paterno, pero sí algo mucho más profundo. Compartían los valores que terminarían definiendo al hombre en el que años después se convertiría.

Esa historia explica mucho más de Daniel Briceño que cualquier elección, cualquier denuncia o cualquier debate político.

Hoy es uno de los congresistas más visibles del país. Sus investigaciones sobre contratación pública, su presencia en redes sociales y su estilo directo lo convirtieron en una de las voces más influyentes de la nueva generación política. Pero detrás de ese personaje hay una historia construida entre la fe, el trabajo y una rebeldía que nunca desapareció.

Nació en el barrio Belén, en la localidad de La Candelaria, en Bogotá. Creció en una familia profundamente cristiana, donde la iglesia hacía parte de la rutina diaria y el trabajo era una obligación que nadie discutía. Sus abuelos habían llegado desde Norte de Santander buscando una oportunidad y levantaron una comunidad alrededor de la espiritualidad y el comercio. Allí aprendió que servir a los demás y trabajar con disciplina eran dos caras de la misma moneda.

Cuando habla de su padre no hay resentimiento. Solo una frase que resume toda esa etapa de su vida: “Uno nunca extraña lo que no conoció”. En cambio, cuando habla de su abuelo, la voz cambia. Fue él quien ocupó el lugar de padre, quien lo educó, quien le enseñó el valor del esfuerzo y quien, años después, terminaría pagando sus estudios universitarios. No porque fuera un hombre rico, sino porque la vida le jugó una de esas ironías imposibles de inventar.

Daniel no fue el niño perfecto.

Él mismo se define como un rebelde. Lo expulsaron de varios colegios públicos. No era un mal estudiante; por el contrario, siempre obtuvo buenos resultados académicos. El problema era otro: nunca le gustó aceptar las cosas simplemente porque alguien decía que debían hacerse así. Esa personalidad inquieta, que en el colegio le generó tantos problemas, terminó siendo la misma que años después lo llevaría a cuestionar decisiones dentro de su propio partido y a construir una carrera basada en el control político.

Su vida dio un giro cuando ingresó a un colegio público en concesión. Allí descubrió otra forma de aprender y entendió que la educación podía abrir puertas que hasta entonces parecían cerradas. Soñaba con estudiar Ciencia Política, pero la realidad económica de su familia era distinta. Terminó estudiando Derecho gracias al consejo de una prima que le insistió en tener primero una profesión que le permitiera defenderse en la vida.

El dinero seguía siendo un obstáculo.

Entonces ocurrió un episodio que parece salido de una novela. A su abuelo lo declararon muerto por error después de que un habitante de calle apareciera con su cédula. Fueron varios años de un proceso judicial para demostrar que seguía vivo. Cuando finalmente ganó el caso, recibió el retroactivo de su pensión. Ese dinero terminó pagando la universidad de Daniel. Así llegó al Externado, convencido de que la educación era la mejor inversión que podía hacer su familia.

Desde mucho antes ya conocía el valor del trabajo. Ayudó en los negocios familiares, cargó cajas, vendió mercancía y entendió que el esfuerzo no tenía sustituto. Nunca sintió vergüenza por hacerlo. Al contrario. Cree que esos años fueron los que moldearon el carácter que hoy lo identifica.

Su primera aventura política fue un fracaso. Apenas obtuvo setenta votos cuando intentó convertirse en edil. Muchos habrían abandonado el camino. Él decidió seguir aprendiendo desde abajo. Trabajó en el Concejo de Bogotá preparando debates de control político y descubriendo el funcionamiento de las instituciones. Allí comenzó a construir el método que años después lo haría conocido en todo el país.

La pandemia marcó un antes y un después.

Mientras millones de personas buscaban cómo ocupar el encierro, Daniel decidió dedicar horas interminables a estudiar una plataforma de contratación pública que muy pocos utilizaban para investigar. Aprendió a leer contratos, detectar patrones y entender el funcionamiento del SECOP. Sin proponérselo, estaba construyendo la herramienta que terminaría convirtiéndolo en un referente nacional del control político.

Las redes sociales hicieron el resto.

Lo que comenzó con unos pocos seguidores terminó transformándose en una comunidad que encontró en sus publicaciones una forma distinta de vigilar el uso de los recursos públicos. Las denuncias crecieron, la visibilidad también y, con ella, llegaron las oportunidades electorales.

Pero el personaje público no cambió al hombre.

Durante la conversación insiste varias veces en una palabra: coherencia. Dice que el verdadero reto no es hacer control político a los adversarios, sino tener la capacidad de hacerlo también cuando quienes se equivocan son los propios. Sabe que esa posición incomoda. Sabe que le ha generado críticas y diferencias dentro de su mismo sector político. Sin embargo, no parece dispuesto a cambiarla.

Por eso, cuando se le pregunta cuál es hoy su mayor compromiso, responde sin dudar:

“Mi mayor compromiso es ser coherente”.

No habla de poder, ni de cargos, ni de elecciones futuras. Habla de una responsabilidad mucho más difícil de sostener.

También sorprende cuando confiesa cuál es su mayor temor. No es perder una elección ni desaparecer de la escena pública. Lo que realmente le preocupa es fallarle a la gente que depositó su confianza en él. Esa respuesta deja ver a un hombre muy distinto al que suele aparecer en las discusiones políticas de todos los días.

Disfruta la soledad, necesita espacios para pensar y reconoce que la espiritualidad sigue siendo el eje de su vida. La iglesia donde creció no solo le dejó una fe, también le dejó una manera de entender el compromiso con los demás.

Al terminar la conversación queda una sensación clara. Daniel Briceño podrá ser recordado por sus denuncias, por sus debates o por los votos que ha obtenido, pero la verdadera explicación de quién es no está en el Congreso ni en las redes sociales. Está en aquel niño que creció sin un padre, encontró un abuelo que le enseñó el valor de la palabra y decidió que, pasara lo que pasara, nunca iba a renunciar a aquello que considera su mayor patrimonio: la coherencia.

Más KienyKe
Relata cómo su infancia, la influencia de su abuelo y el trabajo desde temprana edad forjaron su carácter y su vocación política. Hoy sostiene que su principal compromiso es actuar con coherencia, aunque pueda cuestionar a su propio sector.
Ante esta decisión, peligra la organización del Mundial de 2030 en España y Portugal.
El Ejército reportó la muerte de alias 'Bomber', señalado como instructor de drones y explosivista de la estructura Carlos Patiño.
Karol G protagonizó un momento viral durante un concierto al preguntarle a una niña cuál era su canción favorita y ella respondió 'Dai Dai'.