Amanecer

8 de enero del 2011

Despertar a la conciencia de un nuevo día, escuchar la melodía del universo, vislumbrar la luz que baña el planeta, es el amanecer del alma.  Es el momento en que la voz de la intuición se escucha con la misma claridad con la que el alba va regando su esplendor sobre todos los seres vivos. Es el tiempo para descubrir la voz, la voz del médico interior que nos guía en los pasos hacia la sanación interior y el curar físico.

La meditación, la oración, el contacto con la naturaleza, tres métodos de entrar en una sola y  única resonancia y armonía consigo mismo, son especialmente útiles según todas las creencias, durante el amanecer. Son al mismo tiempo métodos para recibir y acoger nuestro médico personal, el médico interior.

Prestar nuestra total atención a los pensamientos, sentimientos y sensaciones que surgen de forma espontanea y natural en esa transición entre el sueño y el despertar pleno, es el método para abrir la conexión con la voz del médico interior.

Desarrollar la capacidad de presencia, o sea de estar en el aquí y en el ahora, se potencia en este corto y bello período del sol naciente. Esta capacidad es requisito indispensable para escuchar al médico interior.

Luego del descanso nocturno, el cuerpo está ávido de alimento, del alimento espiritual que llega en este momento, puro, no contaminado, no filtrado por los paradigmas y temores de la mente. Tenemos entonces al amor proporcionando la guía que requerimos para tomar decisiones acertadas en el proceso de sanar el cuerpo y curar de la enfermedad.

¿Y cómo llega? ¿Cómo nos habla el médico interior? Nos habla y llega mediante la visualización del profesional con quien hicimos empatía y a donde debemos volver a consultar; llega recordando el consejo de un amigo, consejo que de pronto rechazamos en su momento y que ahora se nos  hace acertado; llega con una imagen que nos hace vernos recibiendo el tratamiento propuesto en días anteriores; nos habla a través de  la música que nos da paz y nos evoca el sitio donde debemos curar; llega con la llamada inesperada que nos asegura la posibilidad económica que requeríamos.

La duda se despeja. La certeza hace su entrada. El discernimiento se establece. Tenemos el convencimiento íntimo que nada ni nadie cambiará, sobre  los pasos a seguir en pos de la curación. Sabemos, lo que equivale a decir que somos sabios, al haber escuchado la intuición hablar en sus una y mil maneras. Ha amanecido, amanecido en nuestro corazón, la luz fluye rauda en toda dirección. Somos luz para nosotros y para los demás.

Tengamos la voluntad de vivir ampliamente este instante, el amanecer, antes de dejarnos arrastrar por los afanes del cotidiano vivir. Creceremos como seres humanos, más allá de lo imaginado.

www.medicointerior.com

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