El hecho de no haber sido invitado a la boda, no me despoja del regocijo inmenso que sentí por el matrimonio de la hija del presidente de la República, María Antonia Santos, con el joven y prominente empresario y golfista Sebastián Pinzón.
Las lágrimas me brotaron espontáneas y el corazón de viejo estuvo a punto de detenerse ante la sobria pero inspirada ceremonia, enmarcada por el amor y la dulzura.
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He llamado a Palacio pero no he podido comunicarme con el Jefe del Estado o su señora Esposa para expresar mi humilde encomio, pero utilizo este medio para desear parabienes infinitos a la hermosa pareja y sus admirados padres.
Quisiera brindar la oportunidad a millones de colombianos –que tampoco asistieron pero siguieron de corazón la ceremonia- para que expresen aquí su saludo al señor Presidente, sabiendo –como padre que soy- de la conmoción espiritual que se siente cuando se entrega a la hija en sagrado matrimonio.
-¿Vieron el hermoso vestido de la primera dama?
-¿Notaron la elegancia y distinción del Jefe del Estado?
-¿Detallaron la alfombra colombiana que debieron pisar los personajes invitados? -¿Notaron la austeridad y mesura de todos los elementos utilizados?
-¿Percibieron el marcado acento nacional y de orgullo patrio que enfatizaron a lo largo de la ceremonia?
Si usted no es egoísta, debe admitir que esta fiesta no fue solo de la familia presidencial sino de todo el país. Por eso abro este buzón para reunir cientos de mensajes que gustoso trasladaré a la Casa de Nariño.
Bienvenidos, es momento de hervor y fervor por un país cada vez más grande y una familia presidencial a la que debemos inmenso respeto, admiración y cariño.
¡Vivan los novios¡
¡Viva el Presidente¡
