Con cara gana Fajardo y con sello no pierde

Con cara gana Fajardo y con sello no pierde

6 de febrero del 2018

El revolcón en las encuestas de la semana pasada que llegaron a tener en primer lugar al exalcalde Gustavo Petro cambia sustancialmente la baraja presidencial y sin duda termina por favorecer al exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. El miedo a Petro lo fortalece en algunos sectores de centro derecha y el miedo al expresidente Alvaro Uribe Vélez, o al que diga Uribe lo fortalece en los sectores de centro izquierda. En ese escenario, el miedo a la venezolanización de Colombia que representa para muchos Gustavo Petro haría que el péndulo automáticamente se dirija a una salida de cambio pero que no asuste.

Con su nadadito de perro, como le dirían los cachacos antiguos, o con la tranquilidad del perro viejo que late echado que le endilgan algunos de sus detractores, o peor aún con la descalificación implacable de los agitadores radicales que lo ven ven como la mismísima reencarnación de la expresión de Víctor Jara en su canción ¨Ni chicha ni limonada¨, Fajardo se perfila como el gran ganador. La política de Fajardo de no polarizar y de no entrar al debate con acusaciones y señalamientos a sus contrarios habría dado sus resultados. Su debilidad aparente se habrá convertido en su principal fortaleza.

La idea de no caer en la tentación de echarle leña al fuego para ganar simpatías lo tienen de finalista. Tanto que si las encuestas plasmaran las preferencias en votos hoy pasarían a segunda vuelta Fajardo y Petro y en este caso hasta la extrema derecha de Alejandro Ordóñez terminaría votando por Sergio Fajardo. Y si las encuestas de opinión no reflejan totalmente la realidad política y las maquinarias pusieran en segunda vuelta a Germán Vargas Lleras, o la derecha a Iván Duque o a Marta lucía Ramírez hasta la extrema izquierda de Timochenco, sumada a la de Petro, terminarán votando por Fajardo.

El repunte de Petro en las encuestas refleja que los ciudadanos están hasta el tope con la clase política y que hay un gran sector del electorado que ha llegado a tales límites con la corrupción política que están dispuestos a dar su voto por el candidato que le ponga pecho a los mismos con las mismas, así el camino sea incierto. Ese es el peligro del voto protesta o contestario que ha elegido emboladores, locutores deportivos y actrices o personajes que dan la sensación de que el electorado quiere asestar una bofetada a la clase política y que no le importa lo que resulte con tal de hacerle pistola.

Pero hoy está en juego algo más que el revanchismo de los indignados, o el pistolazo a los politiqueros. Los colombianos también quieren que la polarización deje de ser el caldo de cultivo de la exclusión, de la intolerancia y del sálvese quien pueda. Situaciones en que derivan estas posiciones tirantes donde el ciudadano queda en el peor de los mundos porque no está de acuerdo con ningún bando y siente que al final ambos tienen razón respecto del otro, o sea que los dos son peores. Los ciudadanos quieren cambiar su rumbo y no seguir condenados a la triste realidad de escoger el menos peor.

Por eso la subida de Petro puede generarle un bumerang, porque llama la atención de los sensatos que saben de sus buenas intenciones pero que no quieren arriesgarse a quedar en manos del aventurerismo, del populismo irresponsable o del revanchismo de clase. Aunque algunos están tan desesperados que asumen posiciones casi suicidas, al final los colombianos quieren la ponderación y el buen juicio. Si bien les gusta ver a Petro o a Claudia López en el Congreso desenmascarando corruptos le tienen pánico a sus actitudes dictatoriales y clasistas que pueden terminar por empeorar lo que ya está mal.

En ese sentido Fajardo se consolida como lo que los expertos llaman el efecto bisagra. Por miedo a la derecha puede terminar elegido por el centro y por la izquierda. Y por miedo a la izquierda puede terminar elegido por el centro y por la derecha. Y sus tácticas pedagógicas y su estilo informal terminarán por imponerse en un país que también está harto de polarización. Sobre todo porque los colombianos de a pie sienten que se firmó la paz con las FARC pero que esta sirvió para que se desatara una guerra fría entre dos bandos que para ellos no significan tanto diferencias ideológicas como de egos.

Curiosamente la decisión del gobierno de Juan Manuel Santos de hacer causa común con Hugo Chávez para distanciarse de Uribe alimentó las perspectivas de Petro, pero al mismo tiempo la cercanía de los colombianos con la problemática del vecino país hacen que hoy le tengan pánico a una salida tipo Venezuela. Y eso afecta a Petro. Y aunque la corrupción, la mermelada y la politización santista en entidades como el SENA son caldo de cultivo para salidas populistas y la indignación con la clase política provocan medidas desesperadas, aún hay muchos colombianos que sienten que no todo lleva a Petro.

Aunque las ganas de castigar a los politiqueros, sumadas a la indignación creciente contra las prácticas corruptas hacen que los colombianos quieran cambios radicales y que algunos lleguen a pensar en Petro, o que por otro lado el miedo a caer tan bajo como cayó Venezuela puedan fortalecer a Duque, a Marta Lucía o a Vargas Lleras, las fuerzas que buscan equilibrios y temen a soluciones extremas terminarán por buscar a Fajardo, quien propone una salida de lucha contra la corrupción sin convertirse en perdonavidas y que lucha contra la exclusión y la desigualdad sin caer en el populismo.

Esos colombianos que le piden a Dios que la guerra no les sea indiferente, que admiran el pensamiento de un hombre de izquierdas como Pepe Mujica, pero que no pueden sentir lo mismo con uno de derechas como Donald Trump, que agradecen que la máxima autoridad de la Iglesia Católica sea un papa como Francisco, que prefieren a ‘Timochenko’ en campaña presidencial y no como jefe de guerrillero o que prefieren a Petro punteando en encuestas y no llenando la plaza de Bolívar con discursos populistas, terminarán por buscar una salida de centro y decente y en esa foto proyectan a Sergio Fajardo.

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