Debate sobre liderazgo

19 de diciembre del 2010

Ante los retos de inseguridad que enfrenta México, más y más estamos  viendo que el liderazgo correcto de los gobernantes es un tema de seguridad. Muchos de ustedes dirán porque mi obsesión con este tema, ya que en este espacio he plasmado múltiples reflexiones sobre esta problemática. Es que es difícil aceptar que en México es muy poco lo que ha cambiado el estilo de liderazgo a pesar de las importantes transformaciones por las que transita el país.

Hoy en día han aumentado los incentivos y las presiones para que los gobernantes se comporten como líderes éticos, honestos y con un verdadero interés por servir. Pese a las siete décadas que tuvo de malos gobernantes, México sobrevivió como nación histórica. Sin embargo, uno de los retos que enfrenta la democracia en nuestro país y en toda América Latina es la correcta elección de gobernantes capaces, ya que es muy dudoso que nuestros países aguanten más generaciones de políticos y gobernantes con poca o nula capacidad de liderazgo.

No todo está perdido, tengo esperanzas de que las nuevas generaciones se preocupen y ocupen en convertirse en líderes políticos modernos.  Aunque quisiéramos pensar que los futuros líderes serán hombres y mujeres virtuosos y sobre todo éticos, la realidad es que por el sólo hecho de ser seres humanos contarán con múltiples virtudes pero también con cantidad de flaquezas, inseguridades y vicios. Adicionalmente, la naturaleza del poder, el cómo se obtiene y se pierde, en este caso el poder político, no se presta para que nuestros líderes futuros tengan o puedan mantener los más altos estándares de comportamiento.  Lo importante es poner el tema sobre la mesa y discutir cuáles deberían ser nuestras expectativas y nuestras exigencias hacia nuestros líderes.

La promoción y la capacitación de los directivos de empresas en los nuevos estilos de liderazgo han adquirido una importancia fundamental en las carreras y maestrías en administración alrededor del mundo. Los libros de texto y los artículos académicos escritos sobre el liderazgo empresarial promueven a directivos y ejecutivos para que sean hombres éticos y humanistas. El popular libro, El Líder Resonante crea más, de Daniel Goleman  apunta que las nuevas generaciones deben poseer la capacidad de crear “un clima de trabajo que genere confianza, inspire la creatividad y favorezca compromisos duraderos con un proyecto empresarial estimulante”. Al comparar esta definición con el liderazgo que se ejerce en México, uno concluye que seguimos en la era jurásica.

¿O será que las universidades y los consultores  no entienden los retos que enfrenta el sector empresarial mexicano? En general, el modelo de liderazgo que rige y se promueve es autoritario, cerrado y con una relación casi de enemistad con sus empleados. La noción de que la empresa se beneficia en sus utilidades si los empleados trabajan en un ambiente laboral “positivo” que permita, según Daniel Goleman*, “movilizar lo mejor del ser humano”, parecería ser un concepto foráneo y un tanto inocente.

¿Entonces los libros de texto y los cursos en las universidades imparten doctrinas inútiles a los futuros empresarios y ejecutivos y promueven aún más el desempleo entre los egresados? No. Lo que hacen las universidades es cumplir con su responsabilidad de capacitar en el presente a los empresarios que ejercerán el liderazgo en el futuro. Sin embargo, estos directivos  necesitan tener el talento para enfrentar el cambiante y difícil ambiente del comercio globalizado y por supuesto deben estar capacitados para enfrentar las nuevas exigencias de la legislación laboral y los requerimientos legales para transparentar cada vez más las operaciones comerciales y contables.  Es correcto asumir que los líderes empresariales del siglo XXI tendrán capacidades y conocimientos diferentes a los líderes del siglo XX.

Esto también debería ser el caso del liderazgo político.  El problema es que  el estilo de liderazgo que se ejerció en México desde la presidencia y desde los gobiernos estatales en los últimos cien años, contagió las formas de liderazgo en todos los ámbitos de la sociedad. Claramente vemos rasgos del liderazgo jurásico en el ejercicio del poder, tanto en las empresas como en las ONG, donde también se deja ver el autoritarismo y la falta de empatía, características que van completamente en contra de las tendencias del nuevo liderazgo que requieren las empresas y las organizaciones en un mundo globalizado. Desafortunadamente, a pesar de los cambios democráticos en el país, continúan dominando un estilo de liderazgo autoritario.

Estamos a menos de dos años de las elecciones presidenciales y creo que es un buen momento de iniciar un debate crucial para la supervivencia de la democracia mexicana: cómo debe ser el nuevo liderazgo político en México, ese que no solamente incluya una nueva cultura democrática sino que además asegure gobernantes efectivos que promuevan el progreso de sus habitantes. Los difíciles problemas domésticos que enfrentan la mayoría de los países latinoamericanos y las presiones por la globalización económica y tecnológica, exigen líderes políticos extraordinarios. Hoy es el momento.

@amsalazar

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