En el recorrido de la historia de la música vallenata, iniciando por los cantos de vaquería, en los que a lomo de mula se verseaba y se tocaba acordeón, pasando por las famosas colitas que no eran otra cosa que el remate de las fiestas de las familias pudientes, en las que los obreros y las amas de llaves contagiados por las fiestas de sus patrones hacían otra parranda con su música y algunos jefes terminaban integrándose a ellas y valorando la música popular, las piquerias y parrandas hasta llegar a la música que incursionó a los acetatos para hacerse comercial, grabada en principio por Abel Antonio Villa, Buitrago, Bovea, Luis Enrique, Alejo y tantos otros, se llegó posteriormente a la era del romanticismo vallenato por las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado en la que muchos de nosotros vivimos nuestra infancia y años mozos, y hoy con profunda nostalgia veo languidecer.
Aquellas hermosas poesías románticas de las que se dice fue padre Tobías Enrique Pumarejo y luego siguieron Leandro Díaz, Gustavo Gutiérrez, Fredy Molina, Octavio Daza, Rosendo Romero, Fernando Meneses, Tomas Darío Gutiérrez, Hernando Marín, “Chiche” Maestre, entre tantos otros, hoy nos queda muy poco; los compositores de hoy parece que perdieron esa vena romántica, o me pregunto ¿será que el romanticismo también evolucionó?
El merengue, un aire al que le adjudicamos la jocosidad y picardía, fue en muchas oportunidades vehículo para cantar poemas, o díganme que es esto:
Cuando me miras subo a los cielos
Porque tus ojos son dos estrellas
Que me iluminan cuan dos luceros
El caminito de primavera
O este otro.
De tanto verte todos los días
me he enamorado intensamente
ya me hace falta ir a tu casa
todos los días para quererte.
Ahora si hablamos de paseos románticos, sería necesaria mucha tinta, pero recordemos solo dos:
Quiero morirme como mueren los inviernos
bajo el silencio de una noche veraniega
Quiero morirme como se muere mi pueblo
serenamente sin quejarme de esta pena
Quiero el sepulcro de una noche sin lucero
luego resucitar para una luna parrandera
Ahí te dejo mi voz y mi canción
pa´que nunca te olvides de la cruz
que le queda a mi pecho al despertar
no te vayas tan lejos por favor
pa´que lleves contigo mi alma gris
y la limpie tu risa angelical
Pero nuestros compositores nuevos ya no hacen versos así, veamos algunos de hoy:
Ábrete que ya encontré la que a mi me gusta,
ábrete porque contigo no quiero nada
lo que no sirve se bota pa toda la vida
Dios te bendiga no insista no hay más palabras
O este otro del grupo Kvrass.
Yo se bien que te gusto
Que por mi es que te mueres
Yo no te pido mucho
Yo no soy exigente
Que sean ustedes los que lleguen a sus propias conclusiones, solo quería hacer este parangón, a sabiendas de que aún quedan muchísimos compositores y miles de canciones inéditas románticas como las que a mi me gustan, pero parece que los interpretes de ahora tampoco las quieren grabar y los compositores se adaptan fácilmente a lo que supuestamente quiere el público, las disqueras y los intérpretes.
jorgenainruiz@gmail.com
¿Dónde quedó el romanticismo?
Jue, 14/07/2011 - 23:56
En el recorrido de la historia de la música vallenata, iniciando por los cantos de vaquería, en los que a lomo de mula se verseaba y se tocaba acordeón, pasando por las famosas colitas que no eran
