Ecos del caso Arias Cabrales

2 de mayo del 2011

¿Dónde están los responsables del M-19 en el asalto al Palacio de Justicia?

El 6 de noviembre de 1985, unos 50 guerrilleros del M-19 irrumpieron en la sede del Palacio de Justicia, en pleno centro de Bogotá. Lo primero que hicieron fue asesinar a sangre fría y a mansalva a dos humildes celadores, Eulogio Blanco y Gerardo Díaz, quienes, indefensos, cuidaban la edificación. Asesinaron también a Jorge Tadeo Mayo, administrador del edificio.  Fueron asesinatos, no actos de combate como han querido hacer creer sus responsables.

Después se hicieron al control de todos los pisos del Palacio de Justicia, tomaron rehenes que usaron como escudos humanos  -en abierta violación a las reglas más elementales del derecho internacional humanitario-  contra los cuales también dispararon; usaron armas no convencionales como las tales bombas Claymore y acumulativas, y, con total desfachatez, anunciaron que la toma tenía como fin adelantarle un juicio político al entonces presidente de la República, Belisario Betancur, disfrazando con ello los verdaderos propósitos delincuenciales del asalto, cuales eran hacerle un “mandado” a la mafia, como lo revelaron en su momento Carlos Castaño y el inefable Popeye (quien quiera negar que fue un mandado de la mafia, le ruego entrar en polémica, no conmigo, sino con el informe final de la Comisión de la Verdad integrada por la Corte Suprema de Justicia y publicado por la Universidad del Rosario en 2010. Ver pág. 320)

En 1989, durante el gobierno de Virgilio Barco, inexplicablemente le fueron perdonados al M-19 todos sus crímenes de lesa humanidad, que son imprescriptibles e inindultables, y a sus integrantes se les permitió volver a la civilidad y a participar de dos palabras a las que siempre se opusieron: democracia y urnas. Entre tanto, las investigaciones contra los militares y policías que participaron en la retoma se resolvieron con el argumento de que estaban cumpliendo órdenes de sus superiores.

En noviembre de 2005 todo cambió, pues, según piensa más de uno, la Fiscalía “prendió empujada”, y se dio a la tarea de echar a andar un expediente relacionado con la desaparición de la guerrillera Irma Franco Pineda y de 11 personas más que estaban en la cafetería del Palacio de Justicia en esos fatídicos 6 y 7 de noviembre de 1985.

Y, claro, los otrora integrantes del M-19 felices. ¡Cómo no iban a estar felices si de esa forma conseguían derrotar en los estrados judiciales a los militares que no pudieron vencer con las armas! Al primero que se llevaron por delante fue al coronel Plazas Vega, quien fue condenado -así como suena- por haber pronunciado la famosa   e infortunada frase de “defendiendo la democracia, maestro”, cuando explicó a los periodistas qué estaba haciendo como militar para recuperar el Palacio de Justicia y sacar de allí a los asaltantes. Quienes conocen a Plazas dicen que es un hombre incapaz de hacerle daño a alguien. Es decir, en mi concepto -y esto lo digo con el mayor respeto-, Plazas terminó en la cárcel condenado por ponerse de lucido ante un micrófono.

Después, en ese mismo huracán judicial han caído los generales Iván Ramírez y, esta semana, Jesús Armando Arias. La Fiscalía pidió recientemente que Ramírez fuera condenado por la desaparición de Irma Franco, una de las guerrilleras asaltantes del Palacio de Justicia. Arias, en cambio, terminó condenado en primera instancia a 35 años de cárcel por la desaparición de 11 personas, un hecho gravísimo que todavía no está claro para nadie, ni suficientemente explicado por la justicia. De hecho, no tiene presentación lo que recientemente se descubrió respecto de uno de los principales impulsadores de la investigación contra los militares. En efecto, la periodista Claudia Morales, de RCN Radio, descubrió que René Guarín, hermano de la desaparecida Cristina Guarín, fue un importante cuadro dentro del M-19 y que fue procesado por secuestro, un delito que, recordemos, es de lesa humanidad y, por ende, inindultable e imprescriptible.

Esa es, pues, la suerte de los militares que encarnaron aquel operativo. Todos los días reciben martillazos a diestra y siniestra. Mientras tanto, los autores materiales e intelectuales de la toma, militantes y simpatizantes del M-19 duermen tranquilos porque en una carta de 1995, llena de melindres y trucos retóricos, pidieron perdón a las víctimas, al tiempo que dieron la historia “por concluida”. Ya lo dijo el mismo Navarro en otra  oportunidad: que por mucho que pidan perdón, nunca será suficiente. Y en efecto no será suficiente, e inevitablemente las condenas a los militares, en especial la de Arias, difícilmente podrán ser interpretadas como decisiones neutrales, puesto que ponen la linterna del lado de las Fuerzas Armadas, dejando en la sombra la responsabilidad de la mafia y de los angelitos del M-19. Hay quienes piensan que la toma no ha terminado… No se si sea así, pero no parece equilibrado lo que está sucediendo.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO