El domingo pasado los electores patearon el tablero político en Colombia y lo único que para los derrotados no puede pasar, es que no pase nada. Que no tomen medidas.
Esa es una posibilidad. La negación.
Hoy hay un nuevo mapa electoral porque, en términos coloquiales, la gente quiere resultados, se está saliendo del corral, del clientelismo y está hastiada de la corrupción; y en este sentido el voto de opinión se impuso a la disciplina de los partidos y a sus esquemas cerrados y jerárquicos del siglo XX. Es más, se eligieron muchos candidatos sin partido, e inclusive sin comando político como sucedió en Cúcuta y Cartagena. Sin embargo, otras regiones siguen entrampadas en patrones clientelares y en clanes familiares pero son cada vez menos.
En Colombia el domingo se asomó, y con contundencia, un relevo generacional. El mundo joven. Ese que no conoció ni al jefe político que ordenaba las aspiraciones a punta de bolígrafo ni las estructuras rígidas de los partidos ni al legendario teniente político. Era la época en la que los pastores conducían sus rebaños a las urnas. Era cuando el mundo era uniforme y no existía, oveja descarriada.
El mundo ya no es así. Cambió. Es a lo Bauman: Líquido y por liquido cambiante en sus formas y en su recorrido. Nada permanece. Los electores no son como antes, que nacían y morían liberales o conservadores; ahora no hay cargos ni militancia para toda la vida ni matrimonios tampoco.A ello también ha contribuido las tecnologías disruptivas al alcance del celular y el zapping que se hace en las redes porque la opinión pública se volvió más volátil, compleja e impredecible, más difícil de leer, y ahora se informa de múltiples fuentes y, por lo mismo, ya no traga entero ni obedece a ojos cerrados a partidos ni jefes políticos porque se da forma líquida, a lo Bauman, cuando navega en internet. Pero la crisis de los partidos no sólo es aquí, en España también. La desafección ciudadana hacia los partidos y los políticos marcó un nuevo récord en septiembre. Se ubicó en el 45,3% de los encuestados en el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Y el mismo fenómeno se ha venido desparramando en Latinoamérica con picos desestabilizadores en Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y Chile. Hay nuevas olas, en Colombia resurgió la verde, el voto independiente, el urbano y no amarrado, el que se libera por su nueva condición económica de no dependencia de lo público. Pero ello no es nuevo. Esos votos se contaron –aunque no tantos- hace 4 años en las alcaldías de Bucaramanga, Cali y Medellín. Hace más de un año escribí que la política y las decisiones se fueron a las calles y a las redes y aclaraba que eso no era un proceso nuevo, que ello sucedió en mayo del 68 en Paris y en los años 90´s en Colombia con la séptima papeleta y concluía que el nuevo repositorio de la política son las redes y en ellas se convocan a los inconformes y excluidos a la calle como punto de encuentro y alertaba que ello conllevaría nuevos retos, capacidades y habilidades para los Gobiernos si no quieren fracasar en el intento. Y casi fracasa Lenin en Ecuador y Piñera en Chile. En el Líbano las protestas hicieron renunciar al primer ministro y los chalecos amarillo pusieron en jaque a Macron en Francia. Los derrotados deberían escuchar con oídos grandes el grito de los votantes del domingo antes que se lancen, si el camino no se recompone, masivamente a las calles.
