El Fisiatra, integrador por excelencia

21 de mayo del 2011

Permítanme contarles la mayor experiencia de mi vida. Corría por allá el año 1977 en esta ciudad de Bogotá, cuando las sonrisas entre transeúntes desconocidos eran la regla, cuando las distancias eran cortas, cuando la pólvora los 31 de diciembre llenaban de color el cielo sin importar todavía la polución y con padres cuidadosos al quemarla. Observaba yo semejante espectáculo desde la terraza del Instituto Roosevelt de ortopedia y rehabilitación mientras hacia mi turno como médico residente. Acababa de renunciar a ortopedia y entraba en el mundo desconocido de la Medicina Física y Rehabilitación o Fisiatría. Desconocida especialidad médica ya que en mi facultad no la habían siquiera mencionado y solo la llegué a vislumbrar en tan benemérita institución de salud, que hace frente a las consecuencias de la poliomielitis, de la parálisis cerebral y de múltiples afecciones conocidas o por demás extrañas del sistema musculo-esquelético y neurológico. Iniciaba yo sin saberlo un recorrido por el mundo de la discapacidad, el que le daría un vuelco total a mi concepción sobre la medicina y el ser humano.

En el ámbito de la medicina científica los médicos nos especializamos siguiendo la lógica de los sistemas del cuerpo humano. Conocemos claramente que enfermedades tratan los neurólogos, los ortopedistas, los reumatólogos y cardiólogos. No nos es ajeno y sabemos escoger a qué especialidad consultar cuando tenemos una dolencia estomacal, ocular o en piel.

Menos conocido es el campo de la Fisiatría, mi especialidad. Nace por allá en la Segunda Guerra Mundial, con la necesidad de contar con un médico que integre los conocimientos sobre las personas que por guerra o enfermedad van quedando con una situación de discapacidad. Se convierte el fisiatra en el médico clínico de dichas personas. Es quien evalúa su estado de salud, detecta las complicaciones de la enfermedad o accidente, desarrolla métodos para minimizar la perdida de la función corporal, prevé la evolución de la discapacidad e integra con múltiples profesiones el equipo de rehabilitación que promoverá la máxima capacidad funcional del individuo, con el fin de lograr un reintegro familiar y social adecuado. Asimismo, es quien estudia la fisiología muscular, sus enfermedades, su recuperación. Es la persona que diagnostica el origen de la debilidad muscular, de las parálisis, por tanto convierte al ejercicio en su principal medicamento a prescribir.  Finalmente en nuestra época se ha convertido en el medico primario para el estudio y manejo del dolor musculo-esquelético, que tanto nos aqueja. La “lumbalgia”, el dolor cervical, la epicondilitis, la tendinitis, se vuelven consultas cotidianas.

El fisiatra, al enfrentar enfermedades y lesiones incurables, secuelas permanentes, discapacidad, pierde la recompensa de la curación inmediata, del restablecimiento pleno de la salud en sus pacientes. Gana la apertura a dimensiones sociales, familiares, espirituales y psicológicas del enfermo. Sin éstas, su trabajo sería un imposible. Solo potenciando todos  los recursos del ser humano, es posible reorientar el rumbo en la vida, establecer nuevas metas, ganar de la pérdida, que es lo que hacen las personas con discapacidad. Nos enseñan ellos a superar y vencer la adversidad, como también a sobrepasar los pronósticos médicos en aquellos casos en que la función retorna en los casos impensables. También aprendemos a aceptar lo opuesto, la falta de decisión, voluntad y coraje en aquellas personas que se sumergen de por vida en la falta de una función y no logran ver el vaso medio lleno o sea sus capacidades residuales, solo ven aquellas que han perdido.

Fue entonces la fisiatría la que me indujo a explorar la relación entre fe, esperanza, compasión, con los mecanismos fisiológicos del cuerpo. Encontré que mente y emociones son el puente, la vía de conexión entre ellas y los órganos y funciones corporales. Supe que hay una fisiología y anatomía espiritual, base y sustento para la corporal. Conocí la multi-dimensionalidad de las personas. Exploré y continúo haciéndolo, el crecimiento del ser humano a través del dolor y la adversidad.

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