¿El periodo perdido?

Lun, 19/09/2011 - 00:02
Hace cuatro años Bogotá era otra cosa. Había en los ciudadanos optimismo por el futuro y orgullo por su ciudad. Y esa percepción tenía motivos de sobra.  Lo indicaban las encuestas que le daban
Hace cuatro años Bogotá era otra cosa. Había en los ciudadanos optimismo por el futuro y orgullo por su ciudad. Y esa percepción tenía motivos de sobra.  Lo indicaban las encuestas que le daban al alcalde saliente un 62% de aprobación ciudadana a su gestión. Y no era para menos. La ciudad,  manteniendo el rumbo de desarrollo de los últimos gobiernos,  había recibido el sello de inclusión social de Lucho. Ahora, el respiro que le ha dado Clara López en su calidad de alcaldesa designada a la administración de la ciudad no alcanza para disipar la sensación generalizada de que este fue un periodo de gobierno perdido. Nos dirán que en materia social no es cierto. Y tienen razón. La gratuidad en educación básica, los indicadores en salud y las coberturas en atención alimentaria así lo indican. Aún así, nos queda la impresión de que pudimos avanzar mucho más en las políticas sociales. Y esa sensación de desgobierno se la debemos a la gestión de asuntos especialmente sensibles para los bogotanos. El colapso de la ciudad en materia de movilidad es inocultable. El mantenimiento de la malla vial atrapada en polémicos contratos, algunos en procesos de caducidad. Las obras de valorización en entredicho. Y la promesa del Metro en veremos. El Transmilenio desbordado por el crecimiento de la demanda y el Sistema Integrado de Transporte Público aplazado por cuenta de los retrasos en la terminación de la Fase III. Y la carrera Séptima enredada en un contrato de 82 mil millones de pesos que debe disolverse por orden de la alcaldesa. Y como no ocurría hace años, la seguridad se convirtió en la principal preocupación de la ciudadanía. Así lo indican todas las encuestas. Y el comportamiento de los indicadores confirma que el miedo de la gente no es infundado. De poco nos sirvió triplicar la inversión en seguridad y convivencia en el cuatrienio. Y  de poco le ha servido a la administración ocultar y negar la presencia creciente de las bandas criminales en la alteración del cuadro de inseguridad de la capital. Ahora la ciudad tiene que elegir su nuevo alcalde. Y la campaña no despierta aún el fervor de otras contiendas. Seguramente el ánimo del electorado está afectado por la repugnancia que generan los escándalos del “cartel de la contratación”. Muchos formadores de opinión reclaman la presencia de propuestas programáticas en el debate electoral. Y seguramente la ciudadanía necesita conocer los contenidos de la agenda gubernativa de cada candidato. Sopesar su viabilidad. Que nos digan cómo recuperarán el rumbo de la ciudad. Y si hay recursos para materializar  las promesas. Más importante será examinar los atributos de los candidatos. Se me ocurre que la ciudad necesita certezas y confianzas en un buen gobierno. Y buen gobierno hoy es sinónimo de gerencia pública. Bogotá requiere de quien lo gobierne destrezas para movilizar la institucionalidad y la sociedad en una dirección deseada.  Y sin duda, en la baraja de aspirantes quien mejor reúne estos atributos es Peñalosa.
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